LA RAYUELA

Óscar del Hoyo

Periodista. Director de Servicios de Prensa Comunes (SPC) y Revista Osaca


Berrea

27/09/2020

Cuando la luz del sol se va apagando, con la llegada del otoño y las primeras lluvias, los ciervos viven su época de celo. Los machos inician el rito anual para captar la atención de las hembras, al tiempo que avisan y retan a sus posibles rivales. Bramidos y lamentos roncos y desaforados que rompen el silencio y pueden ser escuchados a kilómetros de distancia. 
Los sonidos de la berrea invitan al acercamiento de unos a otros, enfrentándose y haciendo gala de su poderío. Esos duelos cruentos les llevan hasta la extenuación; un animal de 200 kilogramos puede llegar a perder cerca de 50. El ruido que se desencadena cada vez que dos ciervos se retan y se golpean resulta estremecedor. Los machos tienen las huellas en sus cornamentas de lo que en el pasado fue una lucha feroz, que, pese a que nunca es a muerte, puede llegar a provocar la pérdida de alguno de sus cuernos e incluso heridas que dejan cicatrices de consideración. 
Los ciervos adultos, generalmente más fuertes  y con una mayor cornamenta, parten con ventaja. La experiencia es un grado, pero la agilidad y la inteligencia a la hora del combate pueden acabar decantando la balanza de estas luchas ancestrales. Hay batallas muy desiguales y otras parejas en las que no siempre sale derrotado el que, a priori, parecía ser el más débil.
Mientras la berrea se puede apreciar estos días  en plena naturaleza, en el tablero político se da otro tipo de espectáculo que, en ocasiones, no es muy diferente al de los ciervos. Las tribunas de Congreso y Senado se han convertido en un campo de batalla, donde demasiados de nuestros parlamentarios bajan al barro y tratan de demostrar, con descalificaciones y discursos agresivos, quién es el más fuerte.
Estas actitudes resultan tan bochornosas que a una parte de la sociedad, hastiada del frentismo, de las nefastas gestiones, de las cloacas y la corrupción, de una justicia politizada, y de promesas incumplidas, le cuesta cada vez más confiar en sus representantes.
La lucha contra la pandemia, que golpea de nuevo al corazón del país, está sacando lo peor de unos y otros y, mientras en lugares como Italia, uno de los más castigados por la COVID-19 tanto a nivel de muertes como de rebrotes, han sabido dar la vuelta a la situación, España parece empeñada en proseguir con su más que dañina berrea.
Las críticas iniciales contra el primer ministro Giuseppe Conte, por la lentitud a la hora de aprobar las medidas económicas, y las que arreciaron desde Lombardía, la región más castigada por el coronavirus, donde se denunció la privatización masiva del sistema público de salud y la tardanza al decretar el confinamiento en Bérgamo, han dado paso a ese pacto no escrito de unidad nacional que, sin llegar a ser total, ha ido disipando la crispación, logrando una tregua entre Gobierno y oposición. El sentimiento de país que tienen no distingue de izquierdas ni de derechas y ha sido el motor que lo ha movido todo.  
Italia no se ha quedado ahí y ha dado un paso más. Tras celebrar un referéndum, ha recortado un tercio la cifra de sus representantes políticos, lo que supondrá un ahorro de unos 100 millones de euros y un claro aviso para navegantes.
Aquí, pese al frustrado acercamiento entre Sánchez y Ayuso, algunos se dedican a dinamitar los puentes. Si Vox ha amenazado con una moción de censura, a la que se puso fecha -mes de septiembre- pero a la que todavía no han puesto firma y sello, y que está condenada al fracaso, Podemos no ceja en su afán de emponzoñar todo aquello que no es de su agrado, ya sean los escraches en Galapagar, no hace mucho denominados jarabe democrático, una fusión bancaria de la que se espera que fortalezca el sistema financiero, o de dulcificar la actitud de aquellos que quieren dividir España, erigiéndoles en «socios preferentes» en su cruzada por alcanzar la república. 
España, como Italia, tendría que analizar protocolos y también la herencia y el papel de muchos parlamentarios, cuya labor se embarra con nimiedades, como es la propuesta de retirar los lunes la carne de menús de colegios y restaurantes para concienciar sobre el maltrato animal o ver machismo en algunas señales de Tráfico, y centrarse en lo primordial.
La unidad hoy es más necesaria que nunca. Darwin defiende en El origen de las especies que no son los más fuertes los que sobreviven, ni los más inteligentes, sino los más flexibles y adaptables a los cambios. Hay que dar certidumbre a una ciudadanía que vive atemorizada por economía y salud, y que es atendida de sus dolencias por teléfono, con la premisa de garantizar la seguridad y evitar el colapso de un sistema sanitario, donde falta personal y cuya Atención Primaria está desbordada e intenta tranquilizar al enfermo para poder atender al siguiente.