"Ojalá todos los futbolistas pudieran jugar en Primera"

I.Camarero Jiménez
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José 'Chino' Zapatero lleva el 'deporte rey' en la sangre, fue jugador (incluyendo en la Primera División), entrenador yahora padre de futbolista. Alejado de los campos de manera profesional reconoce en esta entrevista que no le importaría volver

"Ojalá todos los futbolistas pudieran jugar en Primera" - Foto: Isabel García

José ‘Chino’ Zapatera es y será siempre un hombre de fútbol, le viene de familia y lo respira a cada momento, además, para recordárselo  tiene en su casa al sucesor, su hijo ‘Chino’ Zapatera  por el que siente verdadera admiración.Le ha visto sufrir, llorar, pero también levantarse. Y es que las lesiones no se han apiadado del joven jugador de la ‘Cebre’ porque de 27 años que tiene «lleva prácticamente cuatro o cinco lesionado» y aún así, «él sigue, aunque ahora compaginándolo con trabajo hasta que reaparezca». Algo que estima será pronto (de hecho la semana pasada ya tuvo algunos minutos sobre el terreno de juego). Reconoce nuestro protagonista  que si en su larga etapa de futbolista, que abarca desde los 17 hasta los 32 años a él las lesiones le hubieran tratado igual «lo hubiera dejado hace tiempo» pero su chico «le ha echado mucha casta, porque tiene dos operaciones de ‘cruzados’ (ligamentos), y está decidido a seguir». Aún así el joven ha estudiado un grado medio de gestión y administración de empresas pensando por supuesto en el futuro.
Pero la devoción por el fútbol va más allá de padre e hijo, está grabada en los genes porque, entre risas, relata el protagonista de estas conversaciones en el Lienzo Norte que: «Yo nací en casa (el día 19 de marzo, a la sazón día del padre) y tuvieron que avisar a mi padre del nacimiento porque él estaba jugando al fútbol». Tiene su explicación, a su madre no le dio tiempo a avisar porque se adelantó el parto, además hace 53 años tampoco era raro parir en casa. Y es que ese padre de Chino Zapatera fue portero en el Ávila Atleti y claro, estaba trabajando. 
Y como su progenitor, los hermanos de éste también se dedicaron al mundo del balón ya que fueron árbitros, incluso, Agapito, uno de ellos, pitó en Primera División.
De muy niño no recuerda el Chino otra cosa prácticamente que jugar al fútbol, lo hacía en una explanada que llamaban «El Pozo» en el barrio de San José Obrero. Iba con su pantalón corto y botas de fútbol:«Yo no llevaba zapatos o zapatillas llevaba botas de fútbol». 
Además balones no le faltaban porque era el regalo que recibía  cada año el día de Reyes. Hubo una ocasión en que su padre llevó al zapatero uno de ellos para regalárselo al año siguiente recién pintado de blanco. La ilusión fue la misma «creo que no me di ni cuenta».
Lo dicho, una vida dedicada al fútbol que sintetiza en una frase: «Era vicio» porque «jugábamos  marcando las porterías con jerseys o piedras y hasta que se hacía de noche y no veíamos el balón o hasta que nos llamaban para cenar». Así hasta los 17 años cuando la gran oportunidad llamó a su puerta en forma de contrato con el Atlético de Madrid. En unas líneas abordamos este tema.
A día de hoy reconoce, sin que le duelan prendas, que lleva en paro desde el mes de febrero y que está en «búsqueda activa de empleo» porque en su vida «no he hecho otra cosa más que trabajar». Tras cinco años en la última empresa en que prestó servicio, «una reducción de plantilla» le dejó fuera. Fue «una gran faena» porque «a mis 53 años pensé que ya era para toda la vida, hasta que me jubilara», además estaba en Ávila que es donde siempre ha querido estar.
 «Dejé de entrenar por el trabajo, pero al final el trabajo me dejó a mí» resume. «Me han cambiado los planes, ha pasado y hay que asumirlo». Sobre volver a entrenar... la posibilidad sigue ahí porque «soy entrenador». Aunque reconoce que cada vez es más difícil porque una vez que sales del circuito volver es complicado, «hay mucha competencia». La lástima es que mientras estaba trabajando le salieron dos ofertas, una para volver a la Arandina y otra para la Segoviana, pero no pudo ser, no fue viable y eso que en ‘La Sego’ «me esperaron un tiempo, algo que no suelen hacer con nadie». ¿Que si le gustaría volver? Sin duda. Y es que tiene claro que entrenar es lo que le gustaría hacer. «Estoy abierto a cualquier oferta».
Sorprendentemente y precisamente, la vida de entrenador y no el tiempo que ejerció como futbolista, es la que le ha proporcionado su mayor y mejor recuerdo, aunque con matices. Fue el ascenso con la Arandina en su primer año como entrenador. Una subida de categoría  que pudo dedicar a su hermana, fallecida tiempo atrás y con tan sólo 46 años víctima de un cáncer (hoy tendría 59). Esa enfermedad «que de algún modo nos toca a todos».Fue una mezcla de sentimientos porque «ella ya no estaba allí», pero «por fin pude dedicarle un ascenso». No era el del Real Ávila del que habían hablado en tantas ocasiones y el que le prometió pero sí un ascenso: «Recuerdo que el árbitro pitó el final en Alcobendas y en ese momento llegó la euforia pero también me derrumbé».  Es éste el único momento de la entrevista en el que afloran sobre manera los recuerdos y los sentimientos pues era su hermana una «gran amiga» con la que compartió muchas horas Chino Zapatera. Su confidente y un gran apoyo. Igual que en su día le gustó jugar al fútbol, adora entrenar porque también es lo suyo y le da igual la categoría. Por sus manos han pasado niños en categoría benjamín, alevín, juvenil, regional... Estuvo en la Cebre «donde fue un honor y un placer entrenar» y, cómo no, también ascenderla, al igual que «en el primer ascenso de Las Navas». Del mismo modo que en el fútbol «no tuve malos inicios entrenando. La verdad es que no se me ha dado mal y no me puedo quejar», estima.

 

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¿Qué es lo primero que le viene a la cabeza sobre Ávila?
Mi ciudad, donde quiero estar y eso que he estado en muchas, pero como Ávila no hay otra. Cosas como poder llegar al lugar de esta entrevista desde mi casa en cinco minutos no tiene precio.
¿ Qué es lo que más le gusta de Ávila?
La tranquilidad
¿ Y lo que menos?
Las pocas posibilidades que tenemos.
Un lugar para perderse.
En Gredos, pero también en Oporto, que es como Ávila y en Santander, Suances concretamente. En los tres sitios estoy todos los años, soy feliz en todos ellos.
Un recuerdo de la infancia...
Mi comunión. Hay gente que diría que su boda, que también. Pero mi comunión porque fue un momento en el que vi a mis padres y a mi familia muy felices. Un poco por todo: por los padres, los amigos, los regalos.Además son recuerdos mentales porque fotos tengo tres o cuatro y entonces no había vídeo. Y ya con 17 años el momento en que recibí la carta del Madrid y del Atlético de Madrid porque ambos querían contar conmigo y la verdad que no lo esperaba.
Un personaje abulense que le haya marcado.
Mi madre (después de mucho pensar), sí, es mi madre, de San Juan del Olmo. Al final somos iguales en todo.
El mayor cambio qué necesita Ávila es...
Progresar culturalmente, en materia de empresa, en deportes. Igual que se actualizan los móviles Ávila debería hacer lo propio porque son muchos años sin ir hacia delante. Llevamos mucho tiempo parados, sin que venga una empresa siquiera. Cuando estuve en Aranda, que es más pequeño, te das cuenta de que allí las cosas son diferentes. Tienen sólo un 6% de paro. Hay tres grandes empresas que generan 4.000 puestos de trabajo directos: Glaso, Michelín y Pascual. Tenemos que progresar porque encima estamos bien situados y es triste pero se nos están yendo fuera muchos jóvenes porque no hay oportunidades. Nos dejamos ir a los buenos, aunque seguro que alguno malo también.
Y Ávila tiene que mantener...
El Patrimonio, que es de la humanidad y claramente no puede perderse, hay que cuidarlo, al igual que al turista. Lo que tenemos es Ávila es una locura. Y por supuesto la forma de ser de los abulenses, tan cercana, ese saludo amable. Somos 50.000 habitantes y tenemos 30.000 amigos.
¿Cómo ve la ciudad en el futuro?
Mejor, lo tengo que ver mejor porque además soy optimista por naturaleza.
¿ Qué puede aportar usted a la ciudad?
Lo que me pidan porque voy a seguir aquí, quiero seguir aquí y estoy para ayudar dentro de lo que sé hacer.