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Gerardo L. Martín González

El cimorro

Gerardo L. Martín González


Contestando a mi sosias

11/01/2022

El pasado día 28 de diciembre, que en el calendario católico se conoce como Día de los Santos Inocentes, y en muchos sitios es una jornada de gastar bromas, mas por ser inocentes que por santos, como son los niños, libres de toda culpa y sin malicia, mi sosia o mi otro yo, decía un montón de cosas que necesitan alguna explicación por mi parte, pues se pueden llegar a confundir las bromas con los deseos, en esta Ávila tan necesitada de buenas noticias; y estando en páginas de opinión, donde muchas veces se opina sin conocer el trasfondo de los asuntos, aunque se pueden deducir cosas solamente por los hechos que no resultan normales, y que nadie nos explica. Solo voy a tomar una para opinar en serio sobre ella.
En el año 1983 moría doña María Luisa Narváez, duquesa de Valencia, y donaba su casa con todo su valioso contenido, para que allí se instalase un museo. Su residencia en el palacio de los Águila, edificio del s. XVI, para estancias temporales de la duquesa, con sus amigos, parejas y caballos, aunque bien cuidado, en los últimos tiempos y entre otros servidores, por dos empleados uniformados y un tanto LGBT, muy minuciosos y elegantes, uno de ellos excelente peluquero, además, que conocían, siempre discretos, la vida de esa mansión, allí donde la duquesa dormía con una pistola bajo la almohada. En un principio (1992) fue adscrito al Museo Provincial de Ávila, pero en conversaciones entre representantes del Ministerio de Cultura y de la Junta de Castilla y León, se cambió la adscripción, para pasar como primera sede del Museo del Prado fuera de Madrid, una subsede y que acogería el Centro de Gestión de Depósitos. Y esto ¿qué es? Pues no lo sé, pero muy importante, dentro del organigrama del museo, con mas de setenta y cinco áreas, jefaturas, especializaciones, personal, economía, restauración, publicaciones, etc., una organización muy compleja al mando de un director cambiante, y dependiendo de una Real Fundación. 
 Lo ocurrido en Ávila, y sigue ocurriendo, parece que queda al margen de los Planes de futuro de la Fundación del Museo del Prado que, con los cambios de dirección, también suelen cambiar el planteamiento, aunque los políticos estén por medio con sus palabras, que al final valen muy poco. Las obras del palacio de los Águilas han tenido muy mala suerte; tras un proyecto inicial, de Pedro Feduchi, y por los restos arqueológicos encontrados en las obligadas prospecciones, donde apareció un antiguo camino romano, se hizo un proyecto modificado para poder dar cabida y visibilidad a estos restos. Después vinieron otros proyectos complementarios, reformados de los complementarios, falta de acuerdo entre las empresas constructoras y la dirección técnica, aumentos de presupuestos, que desde arriba se negaban a aceptar, renuncia de empresas a continuar y largos pleitos por medio, proyectos modificados para albergar el museo provincial, dejando un espacio llamado «Sala Prado», para alguna «exposicioncilla generosa» del Museo del Prado. En definitiva, todo confuso, nada claro, y sin visos de que haya un plan creíble y valioso.
El Museo del Prado dicen que posee unas 35.000 obras artísticas, no solo pinturas sino otros objetos. Actualmente y pese a las sucesivas ampliaciones del mismo, la última de Moneo sobre espacios de los Jerónimos, solo llega a exponer de forma permanente unas 1.700 obras, y previstas otras 300 mas, cuando se rehabilite el Salón del Reino, seleccionadas según criterios de la Dirección del mismo, mas algunas exposiciones temporales de sus propios fondos o prestados para la ocasión. ¿Qué pasa con el resto? Se denomina el «Prado Disperso», unas 3.500 obras repartidas por varias instituciones del Estado, en embajadas, y en casi todas las provincias españolas tienen alguna cosa, como en el mismo Madrid, en el museo Reina Sofia, o el Museo de Málaga; pero que se pueden encontrar en otros sitios, pues durante mucho tiempo, hasta finales del siglo XX, no se ejerció o muy levemente, el control y catalogación de sus depósitos.  Hoy día están perfectamente instalados en los sótanos del Museo, en modernos peines, para cuadros con marco o solo bastidores o tablas, pues los marcos, a veces enormes y magníficos, están en el Almacén de Marcos, en la calle Pérez Ayuso, 20.
La falta de espacio solo me permite recordar el Manifiesto del año 2013, promovido por un grupo de intelectuales de la ciudad, que debería ser de actualidad y que comienza así: «Los abajo firmantes, conscientes de la necesidad de que Ávila, Ciudad Patrimonio de la Humanidad, se convierta en un importante referente cultural en España, y que para conseguir este objetivo son necesarias infraestructuras como el reiteradamente prometido Centro de Gestión de Depósitos del Museo Nacional del Prado, y considerando que Ávila, por su historia y su patrimonio necesita que la cultura sea el principal recurso económico y de desarrollo social de la ciudad, ..., ...»
La última palabra la tiene la Dirección del Museo, no los políticos, y ésta no considera a Ávila digna ni capacitada para albergar ese Centro de Gestión de Depósitos, ni piensa sacarlo de Madrid, en el siempre avaro sentido museístico ¿Por qué?