"Esta sociedad no se puede sostener sobre el aborto"

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"Esta sociedad no se puede sostener sobre el aborto" - Foto: JUAN LAZARO

Entrevista a Jaime Mayor Oreja, presidente de la Fundación Valores y Sociedad

F ue ministro del Interior en los años más duros de ETA, europarlamentario y hombre de convicciones fuertes que, según afirma, no están precisamente de moda. A su juicio, Europa atraviesa una crisis moral que tiene especial virulencia en España y ante la que no se puede permanecer impasibles. Por eso, acaba de lanzar en París la plataforma One of Us (Uno de Nosotros) en defensa de la vida y de la dignidad humana. En ella se dan cita centenares de intelectuales comprometidos con la idea de constituir y extender una corriente de opinión europea asentada en los valores cristianos que, según denuncia, hemos ido olvidando paulatinamente durante las últimas décadas.


¿Dónde ha estado Jaime Mayor Oreja todos estos años desde que se retiró de la primera línea política?
He estado donde estoy ahora, que es en lo que yo llamo el ámbito prepolítico cultural o metapolítico. Presido una pequeña fundación, Valores y sociedad, y una Federación Europea en defensa de la vida. Fundamentalmente, en este tiempo hemos tratado de impulsar estas ideas que se van a materializar la semana que viene en París, con la creación de One of Us (Uno de Nosotros), una plataforma cultural de intelectuales y pensadores comunitarios por una Europa fiel a la dignidad humana.


¿Podría explicarnos con más detalle por qué nace y qué busca?
Nosotros partimos de un diagnóstico distinto de la crisis al que se hace por regla general desde las instituciones públicas. La crisis no es política, ni es económica, ni es institucional, ni es financiera. Es una crisis más profunda, porque es una crisis de la verdad, de la conciencia, de la civilización. Es una crisis moral, de actitudes personales ante la vida; es una crisis que está en la persona, en el corazón de nuestra sociedad. Es la única explicación que puede justificar que hoy la crisis exista en toda Europa y esa es la razón por la que nace esta plataforma. 


¿Y quiénes están detrás de esta nueva plataforma?
Quienes no han dicho nunca nada de forma colectiva en Europa: los intelectuales y los pensadores. Hasta ahora solo están los partidos, pero los grupos están para ganar elecciones y por esa razón no han dado la batalla de los principios y valores. Por eso es evidente que no bastarán las formaciones, sino que hará falta empezar desde cero una batalla cultural, que es lo que intentamos hacer. Defenderemos la natalidad, defenderemos la vida, desde una plataforma que vaya a la raíz de la crisis que estamos viviendo.


Desde su punto de vista, «Europa parece haberse quedado sin moral y eso amenaza su supervivencia como civilización». ¿No es una visión muy catastrofista?
La UE, esencialmente, empezó en el año 48 con mucho espíritu, con alma, pero sin cuerpo porque no existían las instituciones. Setenta años después nos hemos encontrado con una Europa en la que tenemos cuerpo, muchas instituciones, pero nos hemos quedado sin alma. Ha ido ganando terreno una especie de moda dominante que ha tenido la obsesión enfermiza de enterrar los valores que han sido esenciales en la civilización cristiana. No es una reflexión religiosa, ni mucho menos, sino un deseo de defender la razón, la dignidad de la persona. Vamos a ver en tres años dónde va a derivar el debate político en Europa. Las elecciones comunitarias del mes de mayo nos van a reflejar una Unión ingobernable. Yo soy un optimista que está pesimista. Eso no es ser catastrofista, es reflejar la verdad. Y la verdad está en crisis, nadie se atreve a decir las cosas por su nombre.
 

¿Cuál es esa verdad, cuáles son esos valores que, desde su punto de vista, se han perdido?
Se ha producido una distorsión de la naturaleza de la persona. La crisis es tan profunda que cada día es más difícil defender lo obvio, lo que enarbolamos dentro de muchas familias pero que no somos capaces de hacerlo en el ámbito público. Lo obvio es que un hombre es un hombre y una mujer es una mujer. Lo obvio es que el matrimonio es una institución que, esencialmente, sirve para que un hombre y una mujer traten de procrear. Esta sociedad no se puede sostener sobre el aborto, la eutanasia, la ideología de género, la destrucción de la familia, el relativizarlo todo. Hoy todo esto es dificilísimo de defender porque al hacer ciertas afirmaciones eres un homófobo, un retrógrado, eres un hombre del siglo pasado. Ya lo decía recientemente la ministra de Sanidad, que estar contra el aborto es retroceder al siglo XV. 
 

Pero luchar contra esta nueva corriente es como enfrentar a un soplido con un huracán. ¿Cree que ‘One os Us’ puede vencer?
Yo llevo muchos años sabiendo que todo esto es muy difícil. En 1977, cuando empecé en la política, dije en el País Vasco que había que aislar política y socialmente a ETA y al mundo de Batasuna. En 1998 ilegalizamos a Batasuna. Tardamos 20 años en poder llevarlo a la práctica. Ahora va a pasar lo mismo. Lo que vamos a defender, fructificará. Nosotros no vamos a poder vencer el desorden, porque probablemente va a culminar en algo traumático, pero lo que hace falta es crear un germen, un embrión, que sirva para cuando tenga que servir. Por eso hay que empezar desde cero.
 

Si le digo que quizá muchos de los principios que defiende ‘One of Us’ los podemos encontrar en el mensaje de un partido como VOX, ¿qué contesta?
No entro en el ámbito político, pero lo que siempre digo es que nunca hay que abrazar los extremos, hay que saber abrazar la raíz. Yo no creo nunca en la superficialidad y tampoco en la búsqueda de los extremos. Es como la verdad, hay que buscarla en la raíz. La mentira, la encuentras en la superficie.
 

Se lo pregunto de otra manera. ¿Ve algún partido político en España que de alguna forma pueda acoger los pensamientos que usted defiende en ‘One of Us’?
Hay personas del PP que lo hacen y hay personas de VOX que también lo hacen, pero no estoy en ese debate ahora mismo. Me escapo del debate político. Precisamente lo que quiero decir e insistir es que este es un debate de otra naturaleza. El debate general del mundo de hoy, sin entrar en España, no creo que sea ya un debate de izquierdas o de derechas, de liberales o socialistas
 

¿Le preocupa que califiquen al movimiento que lidera como una corriente ultraconservadora?
A mi edad, me da igual. Mi obligación es tratar de explicar la verdad de lo que yo he aprendido en 40 años de la vida pública. Prefiero que hablen bien que mal, pero sé que necesariamente algunos tendrán que atacarme ¡Ojalá lo hagan!, porque eso será señal de que existimos. El problema no soy yo, el problema es que este debate no existe, que no está en los medios de comunicación, preocupados solo de lo ruidoso, sin pararse a pensar en la causa. 
 

¿Esta crisis de valores, moral, de Europa es igual en todos los países? ¿Cómo es el caso de España?
En todos los territorios se crea un frente derivado del punto débil que tiene ese país. Nuestro desorden en España es un desorden nacional, porque nuestro punto más débil es la nación. Pero es que en Francia ha surgido el Frente Nacional, porque el punto débil es el modelo de sociedad que tienen y entonces nace un frente reactivo. Y en Gran Bretaña surge el Brexit, porque su punto más débil son sus dudas y vacilaciones respecto del conjunto de Europa. En el fondo es la misma crisis, una crisis moral; que no nos aguantamos a nosotros mismos; que nos hemos olvidado de cómo vivían nuestros abuelos, nuestras raíces, porque solo hemos hecho del dinero nuestro principal y único valor. 
 

En España parece que se está en puertas de una campaña electoral en la que la izquierda quiere hacer bandera de la ideología de género ¿Qué le parece esto?
Creo que forma parte de lo que estamos hablando. En el país ha habido un giro a la izquierda, no en el ámbito económico sino en el cultural. Esto se ha escenificado desde que Zapatero y ETA firmaron un acuerdo marco según el cual uno deja de matar y el otro se compromete a una transformación nacional en el ámbito social, moral y territorial. Y aquí hay un proceso activado que va más rápido que en otros lugares y con una virulencia mayor. Es una moda dominante que nos está llevando al extremo en el que estamos. Hemos creado una sociedad fundamentada en nuevos y falsos derechos en la que solo buscamos nuestra propia comodidad.
 

¿Cuáles son esos falsos derechos?
Pues el derecho de la madre a decidir sobre la vida de un hijo suyo que está en su vientre; el derecho a decidir la muerte cuando nos convenga; el derecho a elegir el género contradiciendo eso de que Dios creó al hombre y a la mujer; el derecho a alquilar un vientre... Es más fácil matar a un anciano que molesta o a una persona con síndrome de Down que tenerlo en tu casa y en tu familia. Es más fácil abortar que asumir la obligación de tener un hijo. Es la comodidad y la indolencia. Solo pensamos en cómo vivir mejor. 
 

Usted siempre ha dicho que el auge del separatismo que vivimos ahora es consecuencia del acuerdo marco que firmó el Gobierno de Zapatero con la banda terrorista ETA ¿Nos lo puede explicar?
Es una expresión de la crisis de la verdad. Solo hay un movimiento nacionalista en España, no hay tres. No hay un problema catalán, otro vasco y otro gallego. Hay un problema de España, del complejo de inferioridad de los españoles y del abuso del movimiento nacionalista que a veces tiene la vanguardia en la violencia y el terror y otras cuenta, como si se tratase de una carrera de relevos, su sustitución por el nacionalismo catalán y sus instituciones. Es lo mismo. Lo del relator o mediador en Cataluña es, básicamente, la reivindicación de ETA de toda la vida. 
 

Teniendo en cuenta que usted se define como un optimista en estado de pesimismo, ¿cómo se imagina el país dentro de una década?
No me atrevo a ir al pronóstico de lo que va a pasar sino que me limito a hacer el diagnóstico, que es apuntar a la raíz. Mi diagnóstico es que la crisis no ha terminado, que va a continuar y que hoy tiene una expresión política y social donde los espacios se están troceando tanto en la derecha como en la izquierda. Soy incapaz de pronosticar el final, pero creo que aún tiene un recorrido.
 

Antes hablaba de una salida traumática de esta situación...
Bueno, creo que en la vida el desorden no termina en el desorden. El desorden extremo es la antesala de una cierta violencia. Lo estamos viendo en París, donde ya hay altercados urbanos. En Barcelona también hay violencia urbana ya. No estoy diciendo que vaya a haber una guerra, sino que el desorden termina en expresiones violentas y que probablemente será una violencia urbana más que de otro tipo.
 

¿Qué le diría usted a muchos jóvenes y familias que tienen unos ideales que pueden coincidir con los de ‘One of Us’ pero que, por esa presión social de la que habla, quizás no se atrevan a exteriorizarlos?
Primero, por experiencia personal, que no tengan miedo. Siempre digo que hay dos miedos que debemos superar, como ocurría en el País Vasco. Uno es el miedo físico a una organización que te mata, pero el miedo más difícil de salvar es el miedo a una moda dominante que te hace sentir raro, como de otros tiempos. Hay que atreverse siempre a decir lo que uno piensa, lo que te han enseñado tus padres, lo que se ha aprendido en casa.