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José Ramón García Hernández

Una vez más

José Ramón García Hernández


El dilema del prisionero

19/06/2022

Este famoso enunciado que habrán escuchado en varias ocasiones tiene una fundamentación matemática y estadística extraordinaria. Y hasta cosa rara, se le otorgó un premio Nobel de economía y se hizo una película a uno de sus desarrolladores, John Nash en su versión de la "teoría de juegos".
Se basa en el incentivo que tiene uno de los jugadores en traicionar al otro, o traicionarlo primero. Sin embargo, si se juega de forma lógica, y se coopera, ambos ganan aunque no tanto. Básicamente el ejemplo son dos prisioneros en la cárcel. Si uno se va antes que el otro, se escapa, pero suena la alarma con lo que el otro se queda en prisión reforzada. Si se quedan los dos a la vez, cumplen la condena, y si se escapan a la vez pueden quedar liberados, aunque les pueden volver a atrapar.  Sobre este equilibrio básico se funcionó en muchos equilibrios de la Guerra Fría anterior. Y para muchos este desarrollo es el que evitó la conflagración nuclear.
El análisis se ha complicado mucho hablando del dilema del prisionero iterado y muchos más. Lo que sí que es cierto es que estamos viviendo una época de ruptura de status quo y de los acuerdos que damos por sentados. Y la gran pregunta es cuando alguien deja de cooperar ¿lo hace exclusivamente llevado por una ganancia mayor? O es que los que quieren vivir con los ojos cerrados pensando que así siempre defienden una opción justa, no pueden ni quieren ver que incluso la pérdida total para algunos es la ganancia deseada. Voy al ejemplo de los que buscan la "destrucción total del contrario" y que al final tanto si destruyen al contrario o se destrozan ambos por completo, les sirve igual porque lo que les impide realizar sus estrategias es la existencia del contrario. Para llegar a esta "dinámica del caos total" tienen que pasar muchas cosas, pero no es menor una desnaturalización del que podía ser tu cooperante, es decir, que le niegues la esencia de lo que es. Desaparece el respeto y ese es un signo premonitorio de que el otro está apunto de abandonar el equilibrio. A veces se realiza de forma muy inteligente, no hace falta que vengas, o simplemente tira los peluches de tu habitación si quieres que nos podamos ampliar la casa.
Sin embargo, hay otra ventaja que se busca cuando se lee que la situación ya no es la que se había pactado. Aquí aparece un incentivo enorme para ser el primero en abandonar de forma descarada el acuerdo o el status quo. Es por ello, por lo que a estas alturas del artículo ya habrán olvidado que la lógica no siempre opera en la vida. Estamos viviendo en una época muy sentimental, donde el criterio que define sin querer muchas de nuestras relaciones son o el poder, su ausencia o su abuso, o la ausencia de reglas porque favorecen demasiado a unos sobre otros, o el exceso de sentimiento hacia unos u otros y la centralidad del sentimiento negativo como criterio decisor. Todo exacerbado por el corto plazo, todos decidimos para los próximos días, nos es imposible decidir para los próximos años, y el término generaciones nadie sabe calcularlo ya. 
De ahí que la ventaja resida en ser el primero en abandonar el barco. Ya no son las ratas que saben que el barco se hunde. Son los marineros que saben que saltan al mar abierto sin que el barco se hunda porque los que se quedan morirán de hambre o porque desde su lancha lo abordarán por la noche para quedarse con el control total y tirar por la borda a todos los honrados marineros que creyeron que con lealtad y con respeto a las normas, siempre llegaría a buen puerto. Hay otros simplemente que llegaron a un acuerdo para salvar su debilidad momentánea o estructural, pero que cuando ha pasado el momento está en su naturaleza quebrar el pacto porque la convivencia con el otro se le ha hecho inaguantable. Lo han hecho siempre en el pasado, y aunque la realidad sea muy tozuda, ya nos va poniendo frente a una madurez para que acabemos aceptando que hay aliados que son mejor que no te ayuden. Y sin hablar del que aun perdiendo te empuja para que te vayas antes de tiempo. Lecciones de modernos prisioneros.