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Vicente García

El buitre de colores

Vicente García


Caminando sobre los berrocales las vi volar de nuevo

10/11/2022

A veces pasan desapercibidas, sobre todo cuando el sonido del aire o el ajetreo urbano no permiten que disfrutemos de esa música que proviene del cielo.

Pero si el día está tranquilo, o nos alejamos del bullicio diario de la ciudad podríamos tener la suerte de escuchar a lo lejos su sonora marcha anunciada a varios kilómetros de distancia, ya que están en pleno viaje migratorio.

Las grullas llegan a nuestra provincia, como a gran parte de España, desde mediados de octubre hasta mediados de noviembre provenientes de los países del norte de Europa en busca de lugares más cálidos, aunque con esto del cambio climático nunca se sabe cuál será su futuro; por ahora permanecen entre nosotros hasta finales del invierno período en el que realizan el viaje de vuelta a sus lugares de origen para reproducirse y continuar su ciclo vital.

En nuestra provincia pueden ser contempladas en El Rosarito y en la laguna del Oso donde además de poseer una población que elije este lugar como zona de invernada, en ocasiones se les unen enormes bandadas que utilizan este emblemático sitio como espacio de descanso para continuar su viaje hacia otras tierras como Extremadura o el sur peninsular.

Hace sólo unos días, mientras caminaba en una marcha sobre berrocales en plena sierra de Ávila disfruté de nuevo de ellas, primero escuchándolas a lo lejos, porque en la mayoría de las ocasiones anuncian su llegada a kilómetros de distancia; después contemplando su formación magistral en forma de uve con la que la bandada que puede contar con centenares de ejemplares consigue una eficiencia cercana al 80 por ciento en relación a si volaran de forma individual. Es todo un espectáculo contemplar esa alineación y cómo si una de las aves la abandona, regresa rápidamente a la misma para aprovechar el flujo del aire del grupo. Hay que tener en cuenta que para aguantar los miles de kilómetros que recorren hasta llegar a nuestro país tienen que tener una estrategia muy eficiente y el líder que va a la cabeza soportando el mayor frotamiento del aire es relevado de forma periódica situándose más atrás…

Por suerte cada vez se las respeta más, e incluso se comienzan a realizar actividades en torno al regreso de las grullas para darles la bienvenida, como ocurrirá este fin de semana en el Oso.

Esta especie tiene mucha más fortuna que los pobres zorzales sobre los que he leído a finales de octubre una espeluznante noticia; "no pudieron entrar de noche como lo hacen en otras ocasiones debido al fuerte viento reinante del suroeste y debido a ello cientos de cazadores acabaron prácticamente con el stock de cartuchos en el País Vasco".

Pobrecillos, después de un extenuante recorrido migratorio, llegan a nuestra tierra para que les peguen un tiro como recompensa de su enorme hazaña.

En fin, como el lector podrá apreciar, poco me gusta la caza como afición, porque deporte desde luego para mí no es; vamos a no ser que matar seres vivos sea considerado un deporte, algo moralmente discutible.

Y para colmo veo que en algunas comunidades como en Andalucía se pretende introducir la caza como asignatura escolar. Imagino que será una inocentada temprana, pero vamos, visto lo visto tampoco me extrañaría que en lugar de enseñar a los niños a respetar la naturaleza y los seres que habitan en ella, se les adiestre a acabar con ellos de una forma cruel. Y miedito da…

Meditando sobre esta noticia y paseando sobre los berrocales serranos, por fin llegaron las grullas volando sobre mi cabeza a gran altura formando una imagen inolvidable; aunque mientras escuchaba sus cánticos a lo lejos, varios disparos de caza a cierta distancia rompieron la magia del momento y me devolvieron a la realidad. :-(