Rebelión andaluza

Javier M.Faya (SPC)
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El vicepresidente de la Junta y líder del partido en la región, Juan Marín, mantiene una guerra soterrada con el 'aparato' después de ver que la jerezana no contaba con él en la cúpula

El sanluqueño, de 57 años, lleva en política desde 1983, cuando concurrió en las municipales con AP - Foto: Jose Manuel Vidal

«Ya viene el Villegas. ¡Qué se creen estos de Madrid! ¡Que hacen lo que les da la gana!, estamos hartos». Esta queja la formuló en mayo de 2015 Juan Marín, actual vicepresidente de la Junta de Andalucía y líder de Cs en la región, a una periodista. Se refería a la llegada en AVE del por entonces secretario general de la formación, José Manuel Villegas, que venía a negociar con Susana Díaz, ganadora de las elecciones autonómicas y aspirante a revalidar mandato al frente del PSOE-A. Tres años y medio después, los mismos actores de Ciudadanos, el mismo tren, la misma estación (Santa Justa), pero un Juanma Moreno que, increíblemente, pese a perder votos, iba a ser jefe del Ejecutivo sureño con los votos de su partido, el PP, Ciudadanos y Vox. Por supuesto, la queja y el grito en el cielo se repite.   
Había que tragar con lo que dijera Rivera y su mano derecha... Hasta la noche del Titanic, la del 10 de noviembre de 2019, cuando el partido se derrumba en las generales, pasando de 57 diputados a 10. Todas las miradas se centran en la gran (y única) esperanza naranja,Inés Arrimadas. Tenía y tiene un currículum político inmaculado, con una victoria histórica en Cataluña. Dicen algunas fuentes que eso mismo argumentó para no someterse a una sesión de investidura condenada al fracaso. De poco sirvieron las presiones de su jefe en Madrid. Así se las gastaba la jerezana, menuíta según el vocabulario andaluz, pero mujer de armas tomar.    
Yprecisamente es eso lo que ha descubierto Marín, apodado por sus enemigos como El manzanillo (es de Sanlúcar), que pensó que su paisana le daría un puesto importante en el núcleo duro del nuevo Ciudadanos.
Lo intentó por las buenas... y por las malas. Así, para demostrar a la candidata a presidir el grupo liberal (el 8 de marzo fue elegida) quién era él, hizo una pequeña purga en el Ejecutivo autonómico. Entre otros, se cargó a la que era viceconsejera de Educación, Marta Escrivá, afín a su gran enemigo en Madrid, Fran Hervías, exsecretario de Organización, que había dimitido semanas antes. En esos días él mismo habló de una remodelación en la Junta en la que fulminaría, según los expertos, a la consejera de Igualdad, Rocío Ruiz.
Parece que firmaron una tregua porque ya no hubo ruido de sables en Sevilla, pero en verano Marín volvió a amenazar con cambios en su equipo. Los ha hecho pero a nivel de cargos intermedios, mientras Inés Arrimadas también mueve sus fichas.  


Corriente crítica

Quizás esperaba el gaditano su momento, y ha llegado con las negociaciones de los Presupuestos, que vienen a culminar los movimientos que ha llevado a cabo el partido en los últimos meses. Polémica fue la ayuda para prorrogar el estado de alarma el 19 de mayo, tanto que Marcos de Quinto, un fichaje de campanillas de Rivera, abandonó el barco. 
De la misma manera que crearon mucho malestar (y dimisiones y bajas) las alianzas de Cs con el PP en la Comunidad de Madrid, Castilla y León y Murcia con el giro a la derecha del barcelonés, ahora escuece en algunos el viraje al centro de la jerezana. Desde luego no a Paco Igea, vicepresidente de la Junta de Castilla y León, y partidario precisamente de eso. Ahí se encuentra el porqué Marín aglutina a muchos descontentos que esperaban, como él, más peso en el partido. El «¿Qué hay de lo mío?» se extiende a un diputado venido a menos, Guillermo Díaz, que llegó a ser responsable de Comunicación y al que ciertas declaraciones en un torpe off the record con cierto periodista le condenaron. 
Los actuales conjuradores, que llegan a calificar a su jefa como La Dulcinea de Sánchez, quizás no entienden que el partido nació con el espíritu de bisagra como se vio en Andalucía en 2015 y 2018 con dos partidos antagónicos. Y ahí radica la esencia de Ciudadanos, adalid de un discurso moderado que algunos interpretan como debilidad. Ahora vienen curvas, las de Cataluña, con un resultado que se antoja nefasto. Puede que ahí tenga otra oportunidad Marín.