Desde mi torre mudéjar

Ricardo Guerra Sancho


Fiesta solemne con tristeza contenida

08/07/2020

Días de Ferias y Fiestas que no son, y a cada momento estamos recordando los festejos que habría en ese momento… De nuevo unas fechas significativas de nuestro calendario que han sido alteradas en lo más profundo rompiendo la tradición de años anteriores, y es así, lo lógico y necesario por la situación, tantas veces nombrada, de la pandemia del corona. Una cosa es sentir la añoranza de lo que debería de ser según las costumbres y tradiciones desde siempre, y otra lo que debe de ser según las normas de la situación actual. Así lo entiende la mayor parte de la gente, pero, siempre hay un pero, hay un sector que aún siendo minoritario, que con sus actitudes ponen en riesgo el trabajo y los esfuerzos de tantos, una verdadera irresponsabilidad.
La amenaza está ahí latente y rebrotando en algunos lugares, en cuanto se levanta la guardia, salta el bicho de nuevo…
Nos decíamos, con cierto humor, vengo del pregón, y he llegado tarde… estoy esperando ver pasar los gigantes y cabezudos, perece que tardan… que bomba de inicio tan sonora… venga, a acostar que mañana hay que madrugar para el encierro… que buena verbena con esta noche tan deliciosa… y así otras lindezas. La verdad es que, aunque entendemos de la necesidad, también es lógico añorar nuestras cosas.
En muy pocas ocasiones se han dejado de celebrar estos tradicionales festejos.
Desde que el año 1454 el que pudo ser Alfonso XII de Castilla, cuando algunos nobles le proclamaron rey de Castilla en contra de su hermanastro Enrique IV, el rey legítimo, unos años de revueltas, cuando Alfonso sentó su corte en Arévalo, como centro de operaciones, porque era su casa, una villa “bien fortificada y en medio del reino…” y concedió “a su villa de Arévalo, dos ferias francas de alcabalas”. Como aquel efímero reinado no cuajó, poco después de ser proclamada reina su hermana Isabel I de Castilla, ratificó esa concesión en 1483. Desde entonces, con sus vaivenes fluctuantes según la historia de la propia ciudad, se vienen celebrando aquellas ferias que pronto fueron rodeadas de festejos para atraer a las gentes que llegaban desde la comarca y aún de lugares más lejanos. Y uno de los festejos principales eran los toros, lo que más gustaba a las gentes y más atractivo tenía, como en otras villas y ciudades de esta parte de Catilla. Verdaderamente se puede rastrear en los archivos la intensidad de la vida de la ciudad viendo cómo eran las celebraciones.
En muy pocas ocasiones que hemos podido documentar en los archivos, se dejaron de celebrar los festejos, algún año aislado por la amenaza de la peste y por las guerras. Hace unos días, para otro trabajo, he estado investigando como fueron las ferias durante la guerra civil y efectivamente, el año 1936 se celebraron antes de iniciarse. Los años 1937 y 1938 no hubo celebración ninguna y el año 1939 ya encontramos algunos festejos, si bien esos difíciles años de posguerra fueron aumentando poco a poco. Y este año de la pandemia del coronavirus que estamos viviendo con pena y tristeza contenida.
Cuando escribo estas líneas, con la fresca de la mañana del día de San Victorino, nuestro Patrón, estoy a punto de asistir a la misa mayor, que es lo que se celebra. Hasta el protocolo festivo está alterado por las incertidumbres de momento, pero eso si lo festejaremos, aunque la procesión y los actos lúdicos se dejarán para el año que viene. Yo, como es habitual, este día luciré mi medalla de Cronista como manda la costumbre y como hago tal que este día todos los años. La ceremonia religiosa con casi el aforo permitido del 75%, el Alcalde, el diputado provincial de esta zona y varios concejales, junto a los cofrades de San Victorino, otras representaciones de cofradías y entidades de la parroquia y presidiendo la celebración, la urna con las reliquias del Santo Mártir, oficiada por el párroco Sebastián Gil y concelebrantes. Se veía todo nostalgia, mucha nostalgia. Unos días muy tristes, de recuerdos y pidiendo al Patrón que se lleve pronto el bicho.