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La marcha desde el primer al último minuto

M.M.G.
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Diario de Ávila acompaña a los andarines durante la ruta, cinco kilómetros más corta que en las ediciones anteriores, pero tan emocionante y llena de buenos momentos como siempre

La marcha desde el primer al último minuto - Foto: David Castro

Ocho y media de la mañana en el Mercado Chico. La plaza ya es a esas horas un continuo ir y venir de gente. Las bicicletas de los ciclistas se mezclan con las sillas de bebé y los perros. Familias enteras, parejas, grupos de amigos... Todos aguardan la larga cola que ya se ha formado para inscribirse en la 35 Gran Marcha por la Discapacidad de Pronisa. Ocurre siempre: son muchos los que aguardan hasta el último minuto para sumarse a esta propuesta solidaria.Aún así, el viernes por la tarde ya eran 700 las personas que habían dicho 'sí' a Pronisa de manera virtual.

El sol luce ya con fuerza y todo indica que va a ser una mañana calurosa. Pero nada importa. Hay ganas de ponerse a caminar.Así que en cuanto se corta la cinta colocada, como manda la tradición, al comienzo de la calle Vallespín, el grupo emprende la marcha.

Los más lanzados, los corredores.Ellos esperan completar los 15 kilómetros de distancia en una hora y media. Los demás tardarán (tardaremos) algo más. Tres horas de media hasta llegar al Soto, donde a esas horas también se prepara ya la gran fiesta final.

Pero para poder disfrutarla hay que 'ganársela'. E ir completando todas y cada una de las etapas marcadas en el  mapa que ilustra la credencial del andarín. 

La primera de ellas llevará al grupo hasta el camino del vivero. La primera bajada de la calle Vallespín va acompañada de las zancadas más vigorosas de los andarines que, metros después, encararán (encararemos) un tramo con alguna pequeña ascensión y en el que, a pesar de no ser aún las diez de la mañana, el calor empieza a ser protagonista. No hay sombras en esta zona así que se agradece el avituallamiento colocado en el kilómetro 5,5, en el que se cargan las pilas con fruta y agua.

El objetivo se fija llegados a ese punto en El Fresno. Allí no sólo esperan al grupo bocadillos, refrescos y perrunillas.También el punto que marca el camino hacia el Soto. Son ya nueve los kilómetros que acumulan las cada vez más cargadas piernas de ciclistas y andarines.

Acortarla, un acierto. Tras un nuevo sellado en el kilómetro 9,5 y un tramo intenso, con el único tramo por carretera de la marcha, el grupo se encamina ya hacia la parte más frondosa del recorrido. Las sombras llegan como agua de mayo y las conversaciones de los grupos se animan.

Los hay que hablan del trabajo; otros, de viajes futuros; de experiencias vividas; y muchos charlan sobre lo acertado que ha sido rebajar la marcha cinco kilómetros, eliminando un tramo que, decían muchos andarines, solía hacerse muy duro.

Con el Soto ya en el horizonte, el cansancio se transforma en ilusión. Ya queda muy poquito para poder unirse a la gran fiesta que la familia de Pronisa ha organizado para aquellos que les han apoyado durante toda la mañana.

Más refrescos, música, la tapa solidaria y un sorteo de regalos ponen el broche de oro a una jornada que, a la vista del éxito de ésta (con independencia de la cantidad de dinero recaudada, cuya cifra exacta aún no se ha dado a conocer) seguro se repetirá el año que viene.