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Álvaro Mateos

El Valtravieso

Álvaro Mateos


La invención de san Segundo, ¿un patrón andaluz?

02/05/2022

Leía hace unos días a mi compañero de columna par en torno al siempre polémico san Segundo, cuya «invención» en el siglo XVI llevó a elevarlo al patronazgo que hoy se celebra en una tradición que lo mejor que tiene es el reencuentro, año tras año, con una preciosa ermita románica al pie del Adaja, que guarda un sensacional sepulcro, tallado por Juan de Juni. 
Cierto es, y aquí estoy completamente de acuerdo, que el primer obispo de Ávila del que tenemos constancia como tal es Prisciliano una figura que, con muchos detractores, se hizo con la sede abulense en el siglo IV a partir del concilio de Zaragoza y tal vez nos lleva hasta Compostela, con muchos enigmas aún por descifrar.   
Pero el comentario que hoy quería aportar desde estas páginas es el de la coincidencia en nombres de Ábula con la localidad almeriense de Abla, en la que se dice que Segundo, uno de los siete varones apostólicos enviados por san Pedro y San Pablo se quedó allí. 
De hecho, a Abla se la menciona en el siglo I como una de las primeras ciudades hispanas cristianizadas. Ambos lugares comparten patrón y ambos consideramos a san Segundo como nuestro primer obispo. Mientras Ávila lo celebra hoy, 2 de mayo, en Abla se conmemora el día 11 del mismo mes. Otro lugar no muy lejano que también lo celebra es El Chite (Granada), muy cerca de Ablate, ahora conocido como Tablate. 
El Chite celebra sus fiestas de san Segundo el último fin de semana de mayo, aunque en este lugar estaría más aceptada la versión de que esta devoción podría haber sido llevada por algún abulense que repoblase la localidad tras el reino nazarí, incluso portando alguna reliquia del santo.
La tradición decía que los varones apostólicos desembarcaron en Almería; de ahí que en esas provincias andaluzas se hayan apropiado de «nuestro» Segundo. 
La tradición y la leyenda en estos primeros años de historia de la diócesis como tal es muy confusa, con mucha invención. Una de estas tradiciones afirma que la talla de la Virgen de la Soterraña fue esculpida nada menos que por Nicodemo y fue pintada por san Lucas, siendo entregada por san Pedro a san Segundo, quien la depositó en la sede episcopal de Ávila. 
Leyendas, historias, y anécdotas que van conformando unas señas de identidad de nuestra tierra que no por ello nos lleve a no celebrar, sino a dar sentido a las fiestas que conmemoramos.