scorecardresearch

Resumen de toda una vida dedicada a la pintura

D.C
-

Luciano Díaz-Castilla celebra en el Lienzo Norte una exposición que ha concebido como «un resumen de mi trayectoria como pintor», con una selección de unas 700 obras que «cada una tiene su historia propia»

Resumen de toda una vida dedicada a la pintura

Unos dibujos que hizo en el cuaderno escolar cuando tenía nueve años, en los que se intuía ya una excelente mano para el arte plástico y que su profesor calificó con el entonces ansiado 'B', abren el camino de una monumental exposición (por grande en lo que tiene de generosa en piezas y también de calidad a raudales) en la que el pintor abulense Luciano Díaz-Castilla cuenta al público, a modo de resumen no definitivo porque su tarea creativa sigue muy viva, una larga y exitosa trayectoria a lo largo de la cual ha transitado por muy diferentes estilos, periodos, motivos de inspiración e impulsos, pero siempre teniendo como objetivo principal el de no defraudarse a sí mismo, que es la mejor manera de no defraudar a quien pone los ojos en tu obra.

Esa exposición, que se inauguró este viernes en el Lienzo Norte con la presencia de varios representantes del mundo de la cultura y de la política abulense –entre ellos el alcalde en funciones, José Ramón Budiño– y que podrá visitarse allí hasta el día 19 de diciembre, es para su protagonista «el resumen de toda una vida dedicada a la pintura, y eso es mucho decir», un dilatado itinerario profesional y al mismo tiempo vital del que para esta antología ha seleccionado alrededor de 700 obras que han sido repartidas, para su mejor comprensión, en 120 colecciones que las dan una unidad por partes, y no es contradicción decir eso.

Están en esa larga exposición, que a modo de círculo imperfecto (por las esquinas de la sala que la acoge) rodea la Sala Sinfónica del Lienzo Norte por su amplio y luminoso espacio situado a la entrada principal, grabados, pinturas, dibujos, plumillas, carboncillos y otras técnicas, representando a colecciones como 'Los hombres solos', 'Ávilas', los 'Mercados'…, acercamientos unas veces a la realidad y otras al espíritu (casi siempre a ambas cosas al mismo tiempo) que hizo en color y en blanco y negro.

Aparte de su personalidad como artista plástico, en esa exposición se aprecia la constante y peculiar evolución de un artista que ha querido colgar para esta cita tan importante el magnífico dibujo a carboncillo del Moisés de Miguel Ángel que ejecutó para ingresar en la Academia de Bellas Artes, que tan diferente es, y al mismo tiempo tan parejo, con sus hombres de pueblo, sus animales, sus paisajes, sus acercamientos al misticismo o sus recreaciones sin descanso de esa ciudad de Ávila que para él, como para cualquiera que sepa mirarla, es inagotable.

Caben en esta exposición, porque han cabido en la larga vida artística de Luciano Díaz-Castilla, lo figurativo, el expresionismo, el simbolismo, la abstracción, la abundancia de detalles y la simpleza formal pero de contenido que ofrecen unas pocas líneas maestras.

entre 11.000 dibujos. En cada una de esas obras expuestas, seleccionadas de «entre más de 11.000 y no por considerar que sean mejores o peores que las otras, sino porque creo que son lo suficientemente significativas», esta «un trozo de mi vida, cada una tiene su historia que es en parte mi historia», autobiografía a veces simbólica y a veces evidente en la que, se detiene unos instantes, «se cuenta la sinfonía para una victoria que hice cuando superé el infarto».

El recorrido por esa vida dedicada a la pintura, que Luciano no ha querido que fuese cronológico para el espectador, tiene algo de fin en esta larga sala con la reproducción que ha hecho de cada una de las cinco letras que forman la palabra Ávila, «un regalo para esta ciudad» lleno de luminosidad y cariño que en cada uno de esos cinco trabajos se rubrica en su parte inferior con otras tantas recreaciones de la milenaria ciudad, contenida su grandeza en la inabarcable significación de lo esencial.

No falta en esa compilación una selección de la exposición que celebró inmediatamente anterior a esta, la muestra en la catedral de Salamanca de sus 'ángeles' sin rostro de la que ha traído hasta el Lienzo Norte uno de los retablos, un conjunto de seres celestiales a cada uno de los cuales acompaña un texto que ayuda a entender su significación.

Tal y como explicaba el propio artista en el acto inaugural, «pintar es un don del cielo, y sobre todo expresar la vida mediante la línea y el color es un don especial, porque es la comunicación íntima del interior de mi ser para los demás, y que los demás hayan seguido a través de los años y de la vida eso que yo expresaba es más don todavía».

La exposición puede visitarse hasta el 19 de diciembre, de lunes a jueves de 10,00 a 14,00 y de 17,00 a 20,00 horas, y los viernes de 10,00 a 14,00.