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Más vale prevenir

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El Grupo Operativo PREVPA trabaja en la elaboración de planes de bioseguridad para prevenir la Peste Porcina Africana de manera específica para cada ganadería

Más vale prevenir

Hace ya más de un año que la Peste Porcina Africana (PPA) se convirtió en un problema en Europa. Alemania dejó de está habilitada para exportar a países como China, lo cual supuso un duro golpe para sus ganaderos, por la aparición de casos de esta enfermedad dentro de sus fronteras. En enero se registraban los primeros casos de PPA en el norte de Italia y hace apenas unos días aparecía un jabalí infectado en un parque de la propia Roma.

Queda claro que por muchas precauciones que se tomen en la ganadería, los transmisores silvestres de la enfermedad tienen gran importancia. En este caso se trata del jabalí, una especie que ha medrado exponencialmente en los últimos lustros y que cuenta con una gran capacidad de desplazamiento. Es decir, España no está libre de que puedan aparecer casos y si ocurriera sería una auténtico desastre, dada la importancia que tiene el porcino en la ganadería nacional.

Por esta razón, el Grupo Operativo de prevención frente a la Peste Porcina Africana (GO PREVPA) está trabajando para la transferencia de herramientas innovadoras en bioseguridad con la finalidad de reducir los riesgos asociados a la fauna silvestre, en este caso el jabalí. A través de uno de sus socios, el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC), se están poniendo en marcha planes de bioseguridad para las ganaderías porcinas en extensivo con la intención de delimitar la transmisión de la PPA.

Es a partir del año 2013 cuando el IREC, junto a otras entidades de investigación en salud animal, comienzan a investigar cómo poder reducir el riesgo de interacción entre el ganado y los ungulados silvestres para prevenir la aparición de enfermedades compartidas. Para ello, evaluaron si este riesgo estaba presente en 100 explotaciones extensivas (45 porcinas y 55 bovinas) mediante un protocolo desarrollado en tres fases.

La primera fase consiste en la recopilación de información general, así como de los potenciales puntos o acciones de riesgo. En una segunda fase se elabora un plan de acción específico para cada explotación, que se entrega al ganadero, en el que se enumeran y clasifican los riesgos y se proponen medidas de mitigación (prioritarias y alternativas) para reducir la exposición en cada punto de riesgo. Meses después, en una tercera fase, las explotaciones se auditan de nuevo para evaluar su grado de implementación.

Estos planes personalizados de acciones específicas de bioseguridad en ganaderías extensivas porcinas deben de contemplar todos los tipos de riesgo, jerarquizándolos y priorizando actuaciones. Para ello, se describen, geolocalizan y fotografían los puntos de agua, alimentación, cerramientos, etc., con la intención de identificar todas las áreas de riesgo y recopilar la mayor información posible. Además, se trata de que sea un plan de acción práctico, es decir, que las medidas propuestas puedan ser abordables por el ganadero, recalcando siempre que el riesgo cero no existe, pero que el objetivo fundamental es atenuarlo al máximo.

Resultados y coste.

Los resultados de las explotaciones ya analizadas demuestran que la mayoría de los puntos de interacción de riesgo alto o muy alto están asociados a abrevaderos, especialmente manantiales y charcas con un diámetro inferior a 20 metros. Por el contrario, los puntos de alimentación y aquellos asociados a instalaciones para la gestión del ganado se han categorizado como de riesgo bajo o muy bajo.

Teniendo esto en cuenta, el siguiente paso es jerarquizar las actuaciones en función a los riesgos detectados, priorizando buscar tanto la segregación del uso del agua entre especies reservorio como que cada abrevadero sea más seguro. Las medidas propuestas van desde la instalación de vallados permanentes o de acceso selectivo hasta la sustitución de estos puntos por bebederos artificiales adaptados.

La estimación económica de aplicar las medidas prioritarias supone un coste medio para el ganadero de 14.730 euros en cada explotación, 25,7 por hectárea y 800 por cada punto de riesgo. No obstante, desde el IREC también recomiendan la aplicación de otro tipo de medidas que no suponen ningún coste para el ganadero y son altamente efectivas, como la rotación de parcelas respetando los periodos de vacío sanitario; repartir el alimento a primera hora y en cantidad justa, de manera que al atardecer, momento en el que los jabalíes comienzan su actividad, no quede comida disponible para ellos; o colocar comederos lejos de pasos y zonas querenciosas para la fauna silvestre.

El Grupo Operativo PREVPA, en base a toda la información recopilada por el IREC, aplicará las medidas que considere necesarias para analizar el riesgo del jabalí frente a la bioseguridad externa en explotaciones de porcino intensivo y extensivo como parte de su plan de acción. En unos días, los miembros del Grupo Operativo comenzarán a visitar explotaciones intensivas para preparar al sector ganadero en la prevención de la PPA y demás riesgos asociados a la presencia del jabalí, recordando que la bioseguridad es la medida de prevención por excelencia y debe considerarse como una inversión de mejora a todos los niveles.

Varias organizaciones agrarias, Unión de Uniones con especial insistencia, llevan tiempo solicitando al Ministerio de Agricultura la implementación de medidas preventivas contra la PPA. La llegada a España a través de los Pirineos es una posibilidad no tan lejana y el sector porcino recibiría un fuerte revés si eso ocurriera, ya que los países importadores no diferencian entre comunidades, provincias o comarcas. La realidad es tan incomprensible como que, si aparece un caso en Francia a un kilómetro de la frontera, los ganaderos españoles podrían seguir exportando sus productos sin problema; pero si el siguiente caso se registra dentro de España, aunque solo sea por unos centenares de metros, todo el país quedaría afectado.

 

La caza, herramienta esencial.

La caza nunca había estado tan en el punto de mira de la sociedad como actualmente. Esta actividad, necesaria, legal y absolutamente reglada, es un baluarte contra muchas enfermedades que afectan al ganado, como la brucelosis, la tuberculosis o la propia Peste Porcina Africana, ya que controla las poblaciones de las especies silvestres, básicamente ungulados, que pueden contagiarlas.

A mediados de este mes, el GO PREVPA celebraba un taller online bajo el título 'Aspectos positivos de la caza y papel del cazador y ganadero'. En este encuentro virtual se pusieron en valor las bondades de la caza y su repercusión positiva para los ecosistemas con el objetivo de debatir sobre la percepción que se tiene de esta actividad desde distintos puntos de vista y evaluar su situación actual. Además, se trataron otros temas relacionados como el posicionamiento de la carne de caza en el mercado gastronómico, consejos para prevenir la Peste Porcina Africana (PPA) o control poblacional del jabalí.

ARCHIVADO EN: Ganadería, Enfermedades