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Álvaro Mateos

El Valtravieso

Álvaro Mateos


Los grandes objetivos se logran luchando, me dan igual las leyes educativas

13/06/2022

En unas fechas en las que los alumnos de Bachillerato acaban de enfrentarse a las pruebas de la EBAU, cuando la Educación vuelve a convertirse en noticia porque algunos intentan manosearla, hoy me centro en la figura del profesor y otros agentes educativos. Empezaré por uno que considero un poco de todo, Rafa Nadal quien, después de ganar Roland Garros con una profunda lesión crónica, decía a los alumnos de su academia que los grandes objetivos se consiguen luchando y que fracasar no es malo, siempre que se sepa cómo levantarse y volver a pelea.

Pues bien, lejos de ser derrotista, creo que las actuales generaciones tienen en este ejemplo de vida una auténtica lección, y si aprenden esas dos máximas, todo lo que se propongan lo podrán lograr. Francamente, si algunos creen que introduciendo componentes de género y diversidad en las Matemáticas; pretendiendo que los temarios de los libros de texto aborden la Historia con una determinada visión; o tirando por tierra los principios de esfuerzo y superación, van listos… Confío en los maestros y, al margen de estas memeces, ya saben precisamente cómo tienen que tratar a los alumnos.

De todos es sabido el dicho de que "cada maestrillo tiene su librillo" y hemos sido testigos de cómo, al llegar a una u otra lección, el verdadero profesor vocacional, explica la romanización de España, las ecuaciones, el modo subjuntivo o el aparato respiratorio (Respiratory System) como lo que lo que de verdad son y serán y, si en el libro de texto aparecen memeces, se ignoran.

Van listos aquellos lumbreras que destierren los deberes, que se centren el aprendizaje colaborativo sin estudio, sin lectura individual y comprensiva, desterrando la memorización y otros aspectos que puedan evocar modelos pasados. Me parecen muy bien las innovaciones y las nuevas modas, pero lo básico y principal, que no se toque.

Jugar con la Educación trae malas consecuencias para todo: engañamos a los alumnos y luego, un nivel de exigencia adecuado nos sorprende cuando llegan a la EBAU y se fracasa, cuando no alcanzan la nota de corte para estudiar el grado con el que sueñan y, lo peor, destierran de su escala de valores y méritos aspectos tan sencillos como la cultura del esfuerzo.

Según decía hace poco una hija de papá progre -la hija, el padre ahora; que antes estaba a la derecha de Fraga, no hacen falta más pistas- "la cultura del esfuerzo y la meritocracia genera una fatiga estructural y una epidemia de ansiedad". Pues bien, termino como empecé, confío mucho en el sistema educativo como para creer que se va a ir al traste la formación de nuestros hijos, la integridad de nuestros maestros o el apoyo que siempre debemos prestar los padres, por el mal ejemplo de estos pijiprogres.

Decía Chesterton que "la mediocridad posiblemente consiste en estar delante de la grandeza y no darse cuenta", y con esto me quedo. Todo el sistema educativo, por mucha mala ley que caiga sobre él, es mucho más potente y resiste. Tiene ante él la grandeza de unos niños que son como el cemento fresco, en el que todo lo que cae sobre él deja una profunda huella y los maestros saben cómo dejarla, al margen de Santillana, Bruño, Edelvives o Anaya.