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La ventaja competitiva de las empresas

SPC
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Las compañías españolas invirtieron más de 4.000 millones de euros en 2020 en las tecnologías más avanzadas del mercado con el doble objetivo de incrementar sus beneficios y también para mejorar el bienestar de la sociedad

La ventaja competitiva de las empresas

El mundo de la empresa en las economías liberales se ha caracterizado siempre por el gran reto de conseguir los máximos beneficios y, su mayor empeño ha sido en la mayoría de las ocasiones apostar por un gran afán de superación que les garantizara las máximas cuotas de rentabilidad que estuvieran a su alcance, tratando de ser los mejores a partir de contar con las máquinas más modernas, los trabajadores más cualificados, los proveedores eficientes y clientes solventes.

En este sentido, los empresarios no han dudado en invertir en innovación, en la más moderna tecnología y en una alta especialización de sus empleados para conseguir diferenciarse en todo lo posible de sus competencias para ser líderes en los mercados que operan.

Sin embargo, actualmente, las prioridades empresariales están cambiando y cada vez es más común comprobar que los grandes gestores tienen un concepto mucho más amplio con el objetivo de beneficiar, en mayor medida, a todas las partes que participan en sus estructuras, promoviendo no solo los beneficios para sus cuadros de mando, sino también fomentando otro tipo de iniciativas añadidas que aporten una mayor riqueza en factores que se alejan del principio de las ganancias mercantiles y que están relacionados con otros parámetros como, por ejemplo, la protección del medio ambiente, la sostenibilidad y el buen gobierno corporativo.

Ante esta realidad, el tejido productivo opera con nuevas fórmulas sin abandonar el sentido de la eficiencia y del beneficio pero, también, tratan de conseguir un nuevo posicionamiento en el mercado en el que, además de intentar mantener su hegemonía, persiguen ofrecer una imagen más responsable en sus productos, servicios y en su forma de trabajar que se extiende a clientes, empleados y proveedores.

El punto en el que se reconoce esta nueva estrategia empresarial parte de la inversión en la tecnología más avanzada como la vía más eficaz que tienen los gestores para maximizar los beneficios, impulsando, además, el impacto social positivo que pueden aportar.

En 2020, las empresas españolas invirtieron en las tecnologías más avanzadas del mercado 4.000 millones, un 7% menos que en el pico máximo de 2018 y el ecosistema de emprendimiento innovador se ha multiplicado por cinco desde 2015, hasta los 46.000 millones de euros, según revela un informe publicado por Dealroom.

En este análisis, el país alberga más de 10.500 startups y, entre los sectores pujantes, destacan las empresas emergentes de tecnología financiera, salud y banca, así como  que España es un territorio fructífero para generar corporaciones tecnológicas.

En este contexto, este pasado martes, coincidiendo con la celebración del South Summit 2021, inaugurado por el Rey Felipe VI, el Banco Sabadell informaba que las empresas asesoradas y financiadas por su unidad de negocio BStartup han generado 1.300 empleos y han levantado 185 millones de euros de inversión.

En el nuevo modelo, que los economistas denominan ciclo socioeconómico, se imponen las tecnologías más modernas como la Big Tech, la inteligencia artificial, la digitalización o, por ejemplo, la robotización como las fórmulas que mejorarán, no solo la riqueza de las empresas, sino la calidad de vida de la sociedad en general.

Un escenario en el que existen límites aún pendientes de resolver en temas tan importantes como la privacidad de las personas, la seguridad y la competencia, pero desde la consciencia de que los actores del cambio, principalmente las grandes y medianas empresas, están obligados a dar el gran salto tecnológico para cumplir los grandes desafíos que exige el nuevo mercado globalizado que requiere de una mayor sensibilidad para contaminar menos, apostar por la economía circular, ser más sostenibles y que sus producciones aporten un mayor valor añadido.

Se trata de un fenómeno que potencia la gestión del cambio y, también la eficiencia y la calidad. Sin embargo, abre una brecha tecnológica entre competidores muy difícil de cerrar que, en el caso de que alguien se quede atrás, erosiona de manera estructural cualquier tipo de ventaja que hasta ese momento pudiera existir generando no solo pérdidas sino también fuga de clientes y mermas en su volumen de negocio.

 

Calidad

En este poderoso marco, los clientes demandan las máximas cuotas de calidad que solo el uso de la tecnología más avanzada puede proporcionar. En definitiva, se trata de un nuevo modelo productivo que ya está funcionando para  garantizar los procesos industriales más eficientes con los que cumplir el objetivo fundamental basado en satisfacer las expectativas de los clientes, facilitar el trabajo de los empleados y mejorar los resultados para las empresas y el conjunto de la sociedad.