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El mañana es cosa de dos

M.R.Y. (SPC)
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Los sondeos demuestran que Brasil está cada vez más polarizado, con Lula y Bolsonaro como los grandes estandartes de cada bando

El mañana es cosa de dos - Foto: UESLEI MARCELINO

Bolsonaro o Lula. Lula o Bolsonaro. No hay más opción en las elecciones presidenciales que este domingo celebra Brasil, a pesar de que hay 12 candidaturas. Pero el duelo es cosa de dos. Ni siquiera hay opción a una tercera vía: el país está completamente polarizado y así lo demuestran los sondeos.

Con el exmandatario progresista como gran favorito en esta cita, Bolsonaro ha ido recortando distancias en las últimas semanas. Hasta el punto de que lo que parecía un triunfo incontestable para Lula ahora apunta a que tendrá que celebrarse una segunda vuelta el próximo 30 de octubre. Y es que según las últimas encuestas, el expresidente conseguiría un 46 por ciento de los votos, mientras que el actual mandatario cosecharía un 31. Una diferencia mucho menor de lo inicialmente previsto, ya que cuando arrancó la campaña electoral hace dos meses Lula superaba holgadamente el 50 por ciento necesario para evitar volver a las urnas.

Eso sí, en caso de que se celebrase una segunda vuelta, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) recuperaría el poder, imponiéndose con un 53 por ciento al candidato a la reelección. Aunque en este caso, serán determinantes esas cuatro semanas de campaña, en las que tratar de convencer al resto de formaciones, la mayoría de ellas partidarias de desbancar a la ultraderecha del Gobierno.

La tensión es palpable en un país que se juega su futuro. No en vano, han sido constantes los enfrentamientos entre seguidores de ambas partes, hasta el punto de que, incluso, se han registrado heridos de diversa consideración y hasta un fallecido en una pelea por motivos políticos. 

A diferencia de la anterior campaña, en la que Bolsonaro partía con la ventaja de que sus rivales estaban sumidos en una profunda crisis tras la destitución de Dilma Rousseff y la inhabilitación de Lula, en esta ocasión el mandatario tiene más complicado el camino y, por ello, se ha visto obligado a desplegar una inédita estrategia dirigida a las clases más bajas. Por eso, desde el Gobierno, ha destinado un nuevo programa de asistencia social enfocado a los más necesitados, lo que podría acercar al candidato a los sectores más afines a su contrincante, del que asegura que desde el poder favoreció la proliferación de la pobreza e impidió el desarrollo económico a largo plazo. Además, la corrupción en el partido de su rival -que llegó a estar encarcelado casi dos años por blanqueo de capitales- es el principal argumento sobre el que gira su apuesta por la reelección. 

Sin ser ajeno a este giro, y siempre con los trabajadores como su nicho electoral, Lula pretende recabar apoyos de los más fieles votantes del Sabedor de la complicada situación financiera por la que atraviesa Brasil -que, como buena parte del planeta, afronta una elevada tasa de inflación- y reivindicando la gestión económica de sus anteriores Gobiernos, el exdirigente promete que su compromiso más urgente será la «restauración de las condiciones de vida de la gran mayoría de la población, la que más sufre la crisis, el hambre, el alto coste de la vida». Además, se compromete a defender «la igualdad, la democracia, la soberanía y la paz», además de trabajar por «la justicia social». 

Concientes de que la verdadera campaña tendrá lugar este octubre, cuando se endurecerán los ataques entre los contendientes. Entonces llegará el momento de la verdad.

ARCHIVADO EN: Brasil, Extrema derecha