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Ávila, escenario piloto para lograr un turismo más competitivo

I.Camarero Jiménez
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Fundación Ávila y AEICE, clúster de hábitat eficiente, junto a otros socios desarrollan un programa que busca optimizar la gestión del patrimonio cultural teniendo en cuenta al visitante

Ávila, escenario piloto para lograr un turismo más competitivo

La capital abulense se ha convertido de algún modo en este 2022 en un laboratorio para mejorar los modelos de negocio turístico a través de la digitalización y virtualización de los recursos del Patrimonio Cultural. Lo ha hecho en el marco de un proyecto denominado 'Experiencia Patrimonio 4.0' en el que se ha consultado la percepción sobre todo de los visitantes que llegan a la ciudad de cara a implementar mejoras e identificar las carencias del sector. Una iniciativa que está en el momento de la recogida y análisis de datos al que seguirá otro para implementar medidas de cara a solucionar problemas y necesidades que se detecten y hacerlo, además, de una manera colaborativa.

Y es que se trata de un proyecto del que forma parte la Fundación Ávila con otros muchos actores, tales como el consorcio formado por AEICE, Clúster de Hábitat Eficiente de Castilla y León; la Fundación Ávila; GEOCYL Consultoría ambiental y territorial de Castilla y León; Mares Virtuales;  Viajes Leontur y la colaboración de la Fundación Santa María la Real. Una unión de fuerzas de la que este lunes quería dar cuenta la presidenta de la 'fundación', Dolores Ruiz Ayúcar y David Muriel, como director del citado Clúster.

Es una iniciativa que busca basarse en datos reales para ahondar en los cambios que se necesitan y hacerlo además en unión de fuerzas. Para ello cuentan con un presupuesto de 51.000 euros, de los que aproximadamente la mitad corresponden a una subvención de la Junta de Castilla y León. 

Han logrado esta ayuda gracias a que se enmarca en una línea de patrimonio, turismo y lengua para poder aportar valor desde la iniciativa privada y en este caso el clúster como agrupación de empresas innovadoras tenía cabida, explicaba Muriel.  El proyecto lleva seis meses en vigor y se darán a conocer los resultados finales a fin de año.

Códigos QR. De manera práctica lo que han hecho es colocar diferentes códigos QR para que el turista pueda dejar sus impresiones en diferentes puntos de la ciudad. Puntos por supuesto como los más conocidos del patrimonio, pero también otros que lo son menos, como el jardín de San Antonio, el sendero que va a los Cuatro Postes, el Museo de Ávila, la Diputación de Ávila, San José o la Catedral, entre otros. 

Se han recogido datos a través de encuestas y de entrevistas, también a «agentes socioeconómicos críticos», explicaba Laura Castilla, de la Fundación Ávila. Se recogen datos  para después canalizando la información acometer mejoras en aquellos aspectos que demanda el visitante.  

En palabras de Muriel es una cuestión de «responder al reto de aplicar la cuarta revolución industrial al sector del turismo en el ámbito del patrimonio cultural, haciendo uso de las tecnologías disruptivas y las metodologías ágiles para el desarrollo de nuevos productos y modelos de negocio».

En definitiva, se trata de «analizar el perfil del turista en espacios patrimoniales, estudiando los puntos de mejora de su experiencia, y desde ahí diseñar nuevas experiencias de turista cultural a través de la aplicación de las tecnologías a la gestión del patrimonio».

También, apuntan «busca el diseño de nuevas herramientas o aplicaciones tecnológicas en la gestión del turismo cultural así como la creación o mejora de nuevos modelos de negocio en el sector turístico y de patrimonio cultural».

De algún modo la conclusión de este proyecto es que el uso y aplicación de las tecnologías 4.0 en los espacios turísticos y patrimoniales «ayudarán a crear una imagen actual, moderna e innovadora, enriqueciendo además los procesos de gestión, de comunicación entre el creador y el usuario, de elaboración de información y de disfrute experiencial». Al poder llegar a diferentes capas de información entienden que se facilitará «organizar la oferta en función del consumidor a quien la dirigimos, facilitando el diálogo entre bien cultural o servicio turístico y el consumidor».