Doble click

Francisco I. Pérez de Pablo


Reloj, no cambies la hora

20/10/2020

El próximo domingo –último del mes– como viene siendo rutinario cambiaremos el horario de verano al del invierno. Nunca he encontrado los «grandes» resultados de tener dos horarios anuales (ahorro de energía se ha alegado, pero no hay conclusiones rotundas pues además ello depende de otros factores  –meteorológicos, nuevas energías, comportamientos de consumo–). Por el contrario existe un cierto perjuicio personal cuando a partir del día de todos los Santos la oscuridad de la noche llega a partir de la hora de la merienda. Soy partidario del horario de verano todo el año y considero que para las personas, la economía y para la mayoría de sectores de actividad tener luz natural, además de un privilegio, es un beneficio. El cielo azul y el sol de Ávila  –2.700 horas de insolación al año– sana muchas enfermedades.
La primera norma publicada en España –R.D. de 3 de abril de 1918– por el que se adelantaba la hora oficial lo era «como medio de conseguir el ahorro de carbón». Entre 1950 y 1973 –época ye-ye– el cambio de hora no se practicó y se vivió con normalidad. Llegamos a Europa y asumimos de nuevo el cambio de hora. Con la Directiva 2000/84 venimos adelantando en marzo y retrasando en octubre el horario (entre las razones europeas estaban los granjeros pues las vacas daban menos leche). Muchas han sido las voces  que han pedido que esta práctica se anule y ello llevó al Parlamento Comunitario (26/03/2019) a apoyar el poner fin al cambio de hora estacional en la UE mediante una Directiva –no publicada aún– que dará libertad a cada país para establecer el horario que considere a partir de marzo de 2021 (mantener el horario de verano o el de invierno). 
La pandemia actual, la crisis económica derivada –extensa– nos está haciendo buscar rincones de esperanzas y nuevas ilusiones. No creo que «oscurecer» más aún la vida diaria sea buena cosa. A ello, aunque sea poco, puede contribuir ver algún rayo de luz más cada día, incluso confinados desde las ventanas. Desconozco la posición de psicólogos y sociólogos al respecto, pero la dureza con que cada uno está viviendo esta «guerra» me parece que al menos con más horas de luz en el atardecer se limitarían lo daños y los efectos colaterales del virus mejorando el bienestar individual y el general. Lo mismo sucedería en términos económicos y es que más luz tras la jornada laboral permite realizar otras actividades –aún hoy limitadas– centradas en el ocio, parte sustancial en nuestro modelo económico. Seguro que algún «experto Covid» recomendará seguir cambiando el horario como siempre para tener a la gente confinada, triste y deprimida en casa, evitando seguir tomando medidas tan contradictorias como las adoptadas hasta ahora.
«Para proteger la salud pública conviene acabar con los cambios estacionales de tiempo». Esta frase consta en el acuerdo del Parlamento Europeo que ha partido de la premisa de que los niños y las personas mayores son particularmente vulnerables a los cambios. Con este punto de partida, teniendo la voz de Europa favorable a no cambiar de horarios y viviendo un tiempo extraordinario, el Gobierno de España, habituado a legislar por Real Decreto, debería arriesgar y acordar mantener el horario de verano y por tanto adelantar a este octubre la decisión del año 2021 sobre el cambio de hora. Como dice la letra de la canción «reloj no marques las horas, reloj detén tu camino…»