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Emilio García

Desde el mirador

Emilio García


Los pequeños pueblos abulenses

29/08/2021

Ahora que se celebra el centenario del nacimiento de Fernando Fernán Gómez, prolífico creador, me viene a la tecla alguna de las desigualdades y situaciones controvertidas que vivió en sus numerosos personajes. Todas sus calamidades -al margen del fondo de sus historias- transmitían la sensación real de que aquello tenía que pasar porque sí, porque formaba parte del destino y que nada ni nadie podía solucionarlo.
Pues algo parecido sucede con muchos pueblos de la provincia de Ávila. Reconozco que aquellos que apenas tienen un centenar de habitantes reciben ayudas para sostener el tejido vital y social de quienes viven en dicho lugar. Pero también compruebo como son intervenciones que no llegan para “actualizar” ciertas infraestructuras básicas necesarias para los residentes y para todos aquellos que disponen de una casa en la población.
Cada día compruebo en las páginas de Diario de Ávila cuáles son las actuaciones que se llevan a cabo en las poblaciones mayores y medianas. Se asfalta, se arreglan caminos, se remodelan parques infantiles, se conservan fuentes y manantiales, se limpian cauces fluviales y otros espacios, se impulsa la apertura de un bar o de una pequeña tienda…; en fin, se ponen al día con los recursos que les son propios y otros que llegan de las actuaciones institucionales provinciales y de la Comunidad. Sin duda, son iniciativas que mejoran el espacio local y vivencial de todos los que residen en dichas poblaciones.
Muchos nos alegramos porque se lleven a cabo todas estas actuaciones, pero al mismo tiempo nos apena ver cómo en aquellos que, aun acudiendo a las ayudas pertinentes, no pueden abordar otras obras de vital importancia porque sus presupuestos no se lo permiten. En estas pequeñas poblaciones, por ejemplo, no existe posibilidad alguna para resolver en un año los problemas de asfaltado; hay que ir año a año, estableciendo prioridades, nunca satisfactorias.
Creemos conveniente que las iniciativas provinciales -fundamentales, sin duda- contemplen actuaciones extraordinarias para dar cobertura a cuestiones básica que ayuden a mejorar la existencia de los ciudadanos que viven y trabajan en estos lugares.
Hay que resaltar que gracias a la intervención de la Diputación Provincial, muchos pueblos pueden vivir tranquilos durante el verano al ver cómo las cuadrillas limpian las cunetas y los entornos de los pueblos. Pero hay que ir más allá porque, por ejemplo, si funciona adecuadamente el sistema de reciclaje implantado hay que consolidar los puntos limpios que todavía no existen. También, y muy importante, se debe informar a la población puntualmente, a través de los ayuntamientos, de que debe concienciarse con dicho esfuerzo y colaborar en todo lo que le afecta personalmente (selección de basuras, mantener el pueblo limpio, evitar tirar escombros por cualquier lugar de los alrededores, etc.); la colaboración es necesaria, fundamental, para conservar los pueblos como debe ser.
Hay que evitar que los esfuerzos de los pueblos pequeños resulte cada año un “viaje a ninguna parte”, porque sus recursos no dan para más pero la vida es el presente. Hay que dar los pasos precisos para que las actuaciones en la mejora de sus espacios y de la vida de sus habitantes ayuden a conservar el mundo rural. Este tiempo de pandemia ha permitido comprobar cómo los pueblos han incrementado su población con el teletrabajo, pero también ha supuesto que quienes se encerraron en sus calles no encontraran, en muchos casos, un hábitat favorecedor para alargar sus estancias.
La Diputación Provincial debe apoyar mucho más a todos esos pueblos pequeños, en los que viven especialmente personas mayores. 94 pueblos con menos de cien habitantes -un tercio de la provincia- que quieren sobrevivir, que buscan preservar su existencia con el apoyo de todas aquellas personas que acuden a ellos con mucha frecuencia, los que han arreglado sus casas y mantienen un fuerte vínculo familiar.
Es imprescindible una reunión provincial para encontrar soluciones válidas en cada caso con actuaciones especiales que resuelvan estas carencias que todavía acucian a los pueblos pequeños. Es una imperiosa necesidad, es de justicia. Porque todos los abulenses tienen derechos adquiridos a lo largo de su vida. Y porque hay vida más allá de las grandes poblaciones. Hay que hablar pero, sobre todo, actuar.