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Las sensaciones de La Madrugada

J.M.M.
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Cuatro años después, la imagen antigua del Santísimo Cristo de las Batallas volvió a salir a las calles de Ávila para realizar un nuevo recorrido intramuros en el que se exhibió la esencia de la Pasión abulense

Las sensaciones de La Madrugada - Foto: David Castro

Madrugada del Jueves Santo. Noche serena en Ávila. Estrellada. Apacible. Cientos de personas aguardan en la plaza de Mosén Rubí. La Hermandad del Santísimo Cristo de las Batallas volverá de nuevo a las calles de Ávila para vivir la Procesión de la Madrugada, una de las estaciones penitenciales que mejor representa la esencia de la Semana Santa abulense, sobria, respetuosa, silente… Cargada de sensaciones. Han pasado cuatro años desde la última vez, en 2018. La pandemia del covid lo impidió los dos últimos años. En 2019 fue la lluvia la que no dejó a la talla antigua del Santísimo Cristo de las Batallas recorrer Ávila.

Pasan apenas unos minutos de las dos de la madrugada. Sonido de campanillas. La noche recobra el silencio. Los murmullos de la espera se tornan en un silencio sepulcral. Las antorchas se encienden. Sus llamas emergen con fuerza. Comienzan a humear. Los nazarenos poco a poco salen de la iglesia de Mosén Rubí y se adentran en la noche abulense. Sonido de campanillas. Emoción contenida. Abre la comitiva una cruz y dos faroles portados por tres penitentes. Poco después la madera de una cruz de madera se arrastra por el empedrado. Su pesada carga la porta un cofrade descalzo, que avanza lentamente para purgar sus pecados.

Dos y cuarto de la madrugada. Rompe en la noche el sonido de los tambores. Firmes, sobrios, retumbando en una plaza de Mosén Rubí donde apenas se siente el aliento de los espectadores. Avanza la segunda cruz de madera, chocando con el frío adoquín abulense. Madera, campanillas, tambores… Silencio.

Las sensaciones de La MadrugadaLas sensaciones de La Madrugada - Foto: David CastroLa hilera interminable de penitentes continúa saliendo del templo para adentrarse en su recorrido por la ciudad castellana. Una trompeta agita de nuevo ese imperturbable silencio de la noche de la Madrugada. Y una tercera cruz portada por un penitente rasga el suelo pétreo de la plaza de Mosén Rubí. 

Emoción. La imagen del Santísimo Cristo de las Batallas, esa que talló en barro en torno a 1450 el florentino Lucca de la Robbia y que fue transportada por los ejércitos a caballo de los Reyes Católicos, guiándoles, según la leyenda, a conseguir victorias tan importantes como la conquista de Granada, se dispone a abandonar su hogar de la iglesia del convento de Mosén Rubí, donde es custodiada por las religiosas dominicas. Han pasado cuatro años desde la última vez. 18 anderos cargan con su trono para guiarle en su camino por Ávila. Este año su recorrido es totalmente intramuros, continuando por la calle Bracamonte hacia el corazón de la ciudad.

Las varas de madera que portan los anderos para sujetar al paso en sus descansos impactan contra el suelo y marcan el ritmo. Continuo, acompasado, sin apenas descanso. La mirada del Santísimo Cristo de las Batallas se posa en los espectadores. Sufriente, agotada, pero también serena, transmitiendo fuerza para superar todos los contratiempos que se pongan por delante.

Campanillas, tambores, el golpeteo de la madera con el granito… El silencio. El olor del humo que desprenden las antorchas que se van consumiendo se adueña en esa madrugada de sensaciones. La puerta de la iglesia de Mosén Rubí se cierra. 

La procesión avanza: Mercado Chico, calle Caballeros, plaza de Pedro Dávila, calle Cardenal Pla y Deniel, plaza del Teniente Arévalo, plaza de José Tomé, calle Don Gerónimo, plaza de Adolfo Suárez, calle Cruz Vieja (superando obstáculos que se plantean en el recorrido), plaza de la Catedral, calle El Tostado, calle Lope Núñez, plaza de Mosén Rubí y regreso a su hogar. Son cerca de las cuatro de la madrugada. Han sido casi dos horas de emoción contenida, de reflexión, para algunos de oración… De un camino por una ciudad Patrimonio de la Humanidad que ha estado marcado por las sensaciones que deja la Procesión de la Madrugada.