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Las Gordillas, 40 años de abandono

José Manuel Maíz
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El incendio ocurrido el pasado domingo en el convento de Santa María de Jesús es el último episodio de un solar marcado por la dejadez desde que las monjas clarisas se marcharon en la década de 1970

Vista aérea del convento de Las Gordillas en 1962. - Foto: Colección J.M. Sanchidrián

El incendio provocado en la noche del pasado domingo en el convento de Santa María de Jesús (Las Gordillas) es el último episodio que añadir a una serie de tristes acontecimientos que han conducido a este inmueble y su extenso entorno al mayor de los abandonos. Y eso a pesar de que en el año 1991 fue declarado Bien de Interés Cultural por la Junta de Castilla y León. No obstante, desde que sus últimas moradoras, las monjas clarisas, se trasladasen en la década de 1970 a su nuevo emplazamiento, los distintos proyectos urbanísticos que se han planteado en este espacio, todos ellos de una gran envergadura para transformar esta céntrica manzana abulense en un espacio dinámico, por unos u otros motivos finalmente no han fructificado, y lo único que hoy se puede contemplar es una inmensa ruina, en la que paulatinamente se está deteriorando lo que un día fue un rico patrimonio.

Fundado mediante disposición testamentaria por María Dávila, fallecida en 1511 cuando era viuda del virrey de Sicilia, Fernando de Acuña, el monasterio abulense de monjas franciscanas clarisas de Santa María de Jesús (Las Gordillas) inició su andadura el 6 de junio de 1553, cuando la abadesa Brianda Enríquez tomó posesión del amplio solar cedido por el Ayuntamiento de Ávila frente al monasterio de bernardas de Santa Ana. Hasta entonces, las clarisas se encontraban provisionalmente en la casa alquilada a Diego del Águila, señor de Villaviciosa, junto a la puerta de San Vicente.

El nuevo convento se alzaba alrededor del claustro donde días atrás se ha producido un incendio, formado por nueve columnas de orden dórico por cada lado, en piedra berroqueña, al igual que las zapatas y arquitrabes. En el piso superior se hallaban las celdas de las monjas, con vistas al Valle Amblés.

Rodeados el convento, la iglesia y la hermosa huerta por una gran cerca, el paso del tiempo y numerosos avatares obligaron a las clarisas a vender parte del terreno para construir el Gobierno Militar, el instituto Isabel de Castilla y cientos de viviendas. La sensación de agobio en medio de los nuevos edificios llevó a las madres a construir un nuevo convento en la calle de la Luna, tras el monasterio de Santo Tomás, al que se trasladaron en la década de 1970 con el sepulcro en alabastro de la fundadora María Dávila.

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