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Un aniversario cargado de sabor

I.Camarero Jiménez
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El Molino de la Losa cumple 35 años y lo celebra con la segunda generación al frente, con David y Alberto Andrés, encantados de recibir a un público «fiel» para el que se han formado con el fin de proporcionarle una gran experiencia gastronómica

Un aniversario cargado de sabor - Foto: David Castro

El Molino de la Losa, un clásico de la hostelería abulense, celebra nada menos que su 35 aniversario y lo hace con los hermanos David y Alberto Andrés al frente de un negocio al que dio vida su padre,Venancio, allá por el año 1987. Por muchas vueltas que dé la vida y difícil que lo pongan situaciones como la pandemia ellos tienen claro que quieren seguir allí dando servicio a la «fiel» clientela que apuesta por sus espacios para darse un buen homenaje gastronómico y hacerlo, probablemente, con una de las mejores vistas de la ciudad. 

Es la segunda generación que toma las riendas de este conocido establecimiento y está claro que en su caso se puede decir que lo llevan en la sangre y lo conocen a la perfección. Charlamos con David de su negocio que, por cierto, renueva carta para el aniversario. Ahora bien sin olvidarse de los platos tradicionales que les han dado la fama y que su público demanda. Él se encarga del apartado de los vinos y su hermano lo hace de la carta en general. Una carta capaz de conjugar la finura y contundencia de unas judías de Navalonguilla, con la aparente sencillez de un chuletón y con una clara apuesta por el producto local en lo que se refiere por ejemplo a quesos y vinos (que tan buenos nos ofrece nuestra tierra) y que se complementan por supuesto con producto nacional e internacional, y a lo que ahora también suma otros platos de autor. Y es que afirma David que tanto él como su hermano además de haber dedicado más de dos décadas de vida al negocio también se han formado para mejorarlo. Él lo ha hecho como sumiller y Alberto en el apartado gastronómico y haciendo currículum en conocidos restaurantes de San Sebastián. La mano de Alberto se nota, y mucho, en los postres, todos caseros, pero también en algunas creaciones interesantes como las que tienen como base un bacalao salvaje que se acompaña de cebolla caramelizada en cerveza negra...

Formación y vivencias hacen el todo en el que se ha convertido El Molino de la Losa, un lugar en el que «nos hemos criado» porque «con 12 ó 13 años ya comíamos aquí», cuenta David. Siempre suele pasar en las familias de hosteleros que acabes haciendo vida en el bar o en el restaurante, al fin y al cabo es tiempo que le ganas a la familia y además cuentan con uno de los lugares privilegiados de Ávila, a pie de la Muralla y del río Adaja, que hoy gracias a las lluvias muestra un aspecto increíble.

Junto a ellos, una plantilla de las «de toda la vida, de confianza, buenos profesionales»... Un equipo fijo de seis personas que se amplía en fines de semana y especialmente con el buen tiempo, pues es mucho el espacio por atender, a cubierto y al aire libre. Un negocio al que han aprendido a amar pues «es sacrificado» pero tiene muchas cosas buenas que de algún modo han aflorado tras la pandemia. Asegura que «la hostelería une», se convirtió en lugar de reencuentros en cuanto la covid dio una tregua. «Abríamos con miedo, con cierto recelo, pero luego la gente respondía» y de algún modo, lo compensaba todo. Como lo compensa el tener clientela fiel desde hace décadas. Aquellos que fidelizó su padre y que ellos, David y Alberto,  han sabido mantener porque «ahora tenemos gente hasta de tercera generación: son los nietos de nuestros primeros clientes», pero no sólo ellos. «Tenemos mucho público de Madrid, como todas las ciudades pequeñas del entorno de la capital, pero también de otras ciudades de España y de otros lugares del mundo como de Sudamérica o los asiáticos, especialmente de China». 

35 años de vida no consiguen cumplirlos muchos negocios así que... ¿Cómo no celebrarlo?