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Gerardo L. Martín González

El cimorro

Gerardo L. Martín González


¡¡¡Agua!!!

25/01/2022

Leia el otro día en este periódico, que las reservas de agua para nuestra ciudad, estaban en el 56,4%, ahora, a principios de año. La pregunta que surge ¿es poco, mucho o normal? Tiramos de calculadora, buscamos unos datos por ahí, y echamos cuentas. Tenemos tres embalses de suministro de agua, el pequeño Becerril, el mas antiguo, Las Cogotas, que hay que compartir con el riego comprometido aguas abajo, y su colita Fuentes Claras, solo para Ávila; y Serones, con sus problemas de algas, dado el calentamiento de sus orillas, por su baja profundidad y su tierra; en total 7.873.796 m3, cuando están llenos al 100 %. Se podía añadir, pero no es cuantificable, las captaciones subterráneas de El Soto, y ya en último extremo, las aguas de la EDAR (para el que no lo sepa, Estación Depuradora de Aguas Residuales) de Fuentes Claras que, en caso de vida o muerte, uno tiene que beberse hasta la orina y algún virus, pues su depuración no pasa del 90%, y creo que lo tiene en su agenda el Ayuntamiento. Si la población de Ávila es de 60.000 habitantes, en números redondos, y siendo la media de consumo, según manuales, de 400 litros por habitante y día, teniendo en cuenta, pérdidas en la red, averías, bomberos, espectáculos, evaporación en embalses, y que nunca se llega a apurar hasta el fondo los embalses, pues eso ya es cieno, y otras cuantas cositas mas, nos sentados en el pupitre o mesa del cole,  con todas las medidas de seguridad (¿) por aquello de la COVID, y el profe nos hace la pregunta ¿Para cuantos días, caso de que no llueva ni una gota, y es muy posible, tendría la ciudad garantizado el suministro? No voy a hacer esta cuenta, cuando ya la han hecho ese conjunto de expertos del agua, de los que nadie duda de su capacidad y saberes. Pero me atengo a la historia pasada o reciente, depende de la edad de cada cual, para saber que Ávila está muy mal de agua, y en cuanto deja de llover, y no hay nieve en los altos, que es lo normal desde hace años, Ávila las pasa canutas.
Echemos la mirada atrás, para saber qué nos puede pasar, porque ya ha pasado. Primera alarma, orden del ayuntamiento que no se rieguen tiestos y macetas, y que cerremos bien los grifos y cisternas de inodoros a la mitad de llenado, nada de baños sino duchas. Segunda alarma, se deja de regar jardines, y nuestro poco verde se agosta; no al rellenado de piscinas, ni tampoco se rieguen calles, cosa que desde mi niñez ya no se hace, cuando los chavales gritaban: la manga riega, que aquí no llega, y si llegara, no me mojara, porque es un despilfarro de agua potable, que es cara, ya que la ciudad no tiene un sistema de red separativa, y cuando se hace o hacía con camiones cisterna y agua no potable, es mojar, no limpiar, que no es lo mismo. Tercera alarma, se cortará el agua por la noche, mientras dormimos, para que pueda haber alguna recuperación en los tanques de suministro. Cuarta alarma, y seguimos sin que caiga una gota, se harán cortes, pudiendo llegar, ya lo hemos visto los muy mayores, a tener solamente dos horas de agua al día, que a algunos barrios no llega nada ni tampoco a los pisos altos. Quinta alarma, rogamos a todos los santos que llueva, y se trae a hombros desde su santuario a cinco kilómetros, cruzando el Valle Amblés, hasta la catedral, a la Virgen de Sonsoles para hacer unas rogativas. Y mas allá de Dios, ya no hay nada. Bueno, a lo mejor la UME.
No hay agua, cada vez menos, y sin agua no se puede vivir. Si ya con sesenta mil habitantes es insuficiente lo que hay ¿Cómo se puede prosperar? ¿Cómo va a crecer la ciudad? De nada serviría la autovía A-40, Adanero-Ávila-Maqueda, donde los viajeros pasarían de largo sin parar. De nada serviría que nos quitasen el peaje en la A-50, salvo para salir corriendo hacia Madrid, donde sobra el agua, a lavarnos allí; ni serían necesarios trenes rápidos y baratos, salvo para venir a tomar un vino y salir pitando otra vez. Los servicios sanitarios de la hostelería, bares, restaurantes, estarían cerrados y sin servicio, salvo que se convirtieran en una guarreria; en los hoteles, no te podrías duchar o asearte cuando quisieras; y se empieza a dudar si todo está limpio, o con que agua cocinan ¿Qué turismo va a venir en estas condiciones? De pensar en la creación de industrias, que necesitan agua, sería imposible. Y lo del Prado en Ávila, olvidémoslo, y no hace falta que lo remache su director, lo último en ABC (16-1, pag.46) porque ¿para qué?
Sin agua no hay vida; ya lo sabían los antiguos fundadores de monasterios. Tenía que ser la primera necesidad a cubrir, antes que todas las demás, y que los políticos tengan unas miras de futuro de la verdadera necesidad de Ávila, gestionar e invertir, y buscar agua donde sea. No se puede ser cortoplacista, conformarse con parches, con recetas que den los técnicos para salir del paso. No podemos convertirnos en una Petra (Jordania), y los pocos turistas que viniesen, solo vean buitres y cardos sobre las murallas, entre unos famélicos y viejos habitantes. Hasta santa Teresa saldría corriendo a hacer la fundación de Madrid.