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"En Flomar soy feliz. Es donde más abulense me siento"

M.M.G.
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Pilar López Maíllo es, entre otras muchas cosas, la presidenta de la Asociación de Feriantes de Ávila y la propietaria de la Churrería Flomar, uno de los negocios más queridos por los abuleses y en el que ella se siente, sencillamente, «feliz»

"En Flomar soy feliz. Es donde más abulense me siento"

Cuando conoces a Pilar López Maíllo (Ávila, 1966), charlas con ella, y captas su arrojo y determinación, es inevitable pensar en qué distinto sería todo si el mundo estuviera lleno de ‘pilares’.

Apenas 1,49 de estatura. Rubia de ojos verdes. Sonrisa limpia marcada por un diastema que le imprime aún más personalidad. Pilar, a la que seguro que muchos de ustedes conocen por ser la ‘churrera oficial’ de la ciudad, y otros, por ser la presidenta de la Asociación de Feriantes de Ávila, contagia alegría. Y ganas de trabajar. Y de sumar. De todo ello habla sin parar en una conversación en la cafetería del Lienzo Norte, justo al lado de donde en sólo unos días (el 1 de octubre, si nada lo impide) quedará instalado en recinto ferial con motivo de las fiestas de La Santa. De hecho, su marido, socio en la vida y en el trabajo, pasa a saludarnos un instante antes de ponerse a medir la explanada en la que irán colocadas las atracciones.

Llegar hasta donde se encuentra hora, nos cuenta Pilar, no ha sido fácil. Has sido necesarios muchos esfuerzos y mucho trabajo por parte de ella y de toda su familia, empezando por su abuelo y su padre, para los que sólo tiene palabras llenas de orgullo, y terminando por sus hijas, otras dos luchadoras que han salido a su madre.

«Yo vengo de una familia muy humilde», comienza así Pilar nuestra entrevista. «Soy la nieta del limpiabotas de Pepillo». Joaquín López Izquierdo, se llamaba el que, también, fue en su día una institución en Ávila. Padre de 13 hijos, Joaquín hizo de todo por sacar a su extensa familia adelante. Y entre esas muchas cosas estaban vender churros, organizar tómbolas o vender garrotillas de caramelo por la feria. «Ahí empezó todo», se emociona Pilar al recordar los inicios de una forma de vida de la que presume siempre que puede.

¿Qué es lo primero que le viene a la cabeza sobre Ávila?

Las Murallas. Sobre todo de noche. Ávila es una gran ciudad.

¿Que es lo que más le gusta de vivir en Ávila?

La gente y la comida. Sobre todo las patatas revolconas.

¿Y lo que menos?

El frío. Me ha causado sabañones y artrosis profunda.

Un lugar para perderse…

Me gusta mucho la zona de Naturávila. ¡Y Sonsoles, por favor! Yo nací en el matadero, viví en la calle Valladolid primero y después en el barrio de Las Vacas. Me he criado allí. ¡Son muy feriantes!

Un recuerdo de la infancia…

Recuerdo cómo mi abuelo me limpiaba los zapatos y me daba después la perra chica. Porque los zapatos podían ser viejísimos, pero siempre estaban impolutos.

Un personaje abulense que le haya marcado.

Como mi padre, nadie.

Ávila tiene que mantener…

El respeto. Los abulenses somos respetuosos y educados.

¿Qué le parece la ciudad hoy día?

La veo como una ciudad un poco dormida a la que tenemos que despertar. Nos tenemos que involucrar y arriesgar un poco más.

¿Cómo ve Ávila en el futuro?

Veo la ciudad con pocos niños. Una ciudad de mayores.

¿Qué puede aportar a la provincia de Ávila?

Las ganas de luchar y de construir. Siempre hay que construir. Manteniendo mis valores y no dejándome arrinconar por el hecho de ser mujer.

Lea la entrevista completa en la edición impresa de Diario de Ávila.