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«Carlos V enterró lo que pudo ser el primer estado moderno»

D.C
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Joaquín González Herrero presentó el libro en el que reivindica la revolución que significó el primer texto preconstitucional de la historia, que comenzó a escribirse en Ávila en 1520

Joaquín González-Herrero, fiscal de la Audiencia Nacional aficionado a la Historia, presentó este martes en Ávila su libro La ley perpetua. Fundamentos de una utopía, un trabajo de investigación histórica en el ahonda en "el significado histórico de dimensión internacional que tuvo el primer proyecto de constitución de toda nuestra civilización, que inspiró nada más y nada menos que a la Constitución de Estados Unidos», un documento nacido dentro del movimiento comunero que quiso reducir los poderes absolutos del emperador Carlos V y que para los abulenses tiene el valor añadido de que tuvo su primer germen en la ciudad de Ávila.

Aquella enorme innovación legal, aseguró el ponente que protagonizaba la segunda cita del mes del ciclo 'El Episcopio presenta...', «fue una auténtica revolución social que de haber triunfado hubiese puesto a España en la vanguardia internacional», un avance histórico singular que viene a desdecir «la leyenda negra que pesa sobre tantos aspectos de España, tanto que significó que aquella España naciente, los reinos que integraban una Corona de Castilla que llegaba desde el cabo de Gata en el sur hasta el de Finisterre en el norte, fue capaz de crear el texto liberal más destacado de entonces».

La Corona de Castilla, siguió explicando Joaquín González, «era entonces la nación más importante, más rica, más poblada y más próspera de Europa, y es normal que allí se desarrollase en los siglos XIV y XV un movimiento intelectual que cristalizó de manera notable en la Escuela de Salamanca y que derivó en todo esto. Nada es casual. Pero resulta que vino  Carlos V, un príncipe borgoñón acompañado por una corte de flamencos, y nos impone una centralista, autoritaria y desde luego muy poco democrática de ejercer el poder, arruinando y enterrando lo que hubiese sido el primer estado moderno del mundo».

Para que aquel proyecto de limitación del poder real triunfase en Castilla, continuó el ponente, «faltó que se diesen varias condiciones, ya que su fracaso se debe a un problema amplio. En primer lugar la sociedad no estaba tan estructurada y tan vertebrada como las sociedades del siglo XVIII, y para comunicarse todo tenía que ser a uña de caballo; la forma de adoptar decisiones, de tomar conciencia política y de elegir a los representantes no era tan fácil, no había una asamblea que estuviese reunida constantemente como ocurrió luego en la revolución francesa, y aquel problema de comunicación condujo a una falta de liderazgo».

A ello «hay que unir el carácter improvisado del movimiento y la juventud de los cabecillas, tanto que Juan Bravo apenas llegaba a los 40 años y Padilla, el gran líder desde el punto de vista de la mistificación de su figura, tenía 31 años», sin olvidar que «tenían solamente un apoyo relativo de las clases económicas, que son, en definitiva, las que deciden si se gana o se pierde».

Entre la «conjunción de circunstancias» que truncaron el éxito de aquella «utopía» apuntó también González Herrero «una cierta desvertebración del cuerpo militar y una falta de liderazgo inteligente, a lo que se unieron errores estratégicos».

A modo de resumen de ese conjunto de problemas afirmó el ponente que «demasiado pronto se levantaron aquellas gentes a hacer frente al príncipe más importante de la cristiandad, al más fuerte».

Que ese episodio «de enorme relevancia internacional» no sea muy conocido en Ávila, manifestó el ponente, «no es extraño, ya que no se conoce casi en ningún sitio porque hay muy poco escrito sobre ello», contada aportación de datos en la que reivindicó la enorme aportación que hizo «un gran abulense que fue el historiador José Belmonte, que indagó y estableció claramente dónde se habían producido las primeras discusiones, precisamente en la Catedral de Ávila. Allí fue donde se reunieron los representantes de algunas ciudades y comenzaron en julio de 1520 el debate que acabaría, tras pasar por Martín Muñoz, en Tordesillas, donde elaboraron un verdadero texto preconstitucional».

Reivindicó Joaquín González que «para la historia de Ávila el hecho de que las primeras reuniones para realizar aquella Ley Perpetua fuesen aquí tiene una enorme importancia que habría que rescatar; todos somos conocedores de la obra excepcional de santa Teresa, de la belleza de una ciudad protegida por unas murallas que son Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, pero es que este episodio del movimiento comunero nació aquí, y tiene tanta importancia desde el punto de vista histórico como la obra maravillosa de santa Teresa o la dimensión y la belleza estética de la ciudad».