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Vicente García

El buitre de colores

Vicente García


El hipnótico baile de la garza blanca

20/01/2022

A veces me gusta dar un paseo por nuestro maltratado Adaja, aguas arriba de la ciudad, sobre todo en la zona que baña el Valle Amblés. El incendio reciente de las sierras cercanas ha perjudicado seriamente su fauna acuática y a las aves asociadas a ellas que tienen en la ribera de nuestro curso fluvial un buen lugar para alimentarse. La calidad del agua se ve empeorada por el vertido de los pueblos casi desde su nacimiento, pero hace poco he leído en este mismo periódico que está previsto la construcción de algunas depuradoras que me dan cierta esperanza de que algún día la pureza de este líquido vital se pueda recuperar. Eso sí, siempre que se vigilen y controlen también los químicos usados en los amplios monocultivos ribereños.

Las lluvias pasadas parecen haber dado cierto respiro a nuestro río, incluso se ven pequeñas bandadas de pececillos nadando en él. Por aquí los aficionados a la naturaleza y la ornitología pueden pasar horas apasionantes, observando cómo algunas aves chapotean en busca de alimento o simplemente nadan relajadamente como entretenimiento.

Incluso ahora en pleno invierno podemos contemplar a los llamativos ánades reales, muy repartidos pero frecuentes por todo el río. El macho presenta unos colores vistosos verdes y azulados que cuando el sol incide sobre ellos son todo un espectáculo. A veces se mueven entre las aguas del Amblés, vuelan hacia el vaso maloliente de Fuentes Claras o hasta el embalse de Las Cogotas, y regresan otra vez; otros algo más sedentarios, se quedan en su charco favorito siempre que no les molestemos, algo cada vez más complicado para ellos porque a veces irrumpimos en su medio más de lo que fuera aconsejable.

En el mismo día invernal, como me ha ocurrido a mí, pueden contemplarse también algunos cormoranes con las alas desplegadas al sol para secarse; también pasan un buen rato limpiándose las plumas para mantenerlas en condiciones de vuelo o inmersión.

Algunos limícolas puedes contemplar también si tienes suerte, como el andarríos grande que, aunque no es muy abundante, se deja ver de vez en cuando en las orillas fangosas, haciendo honor a su apelativo de "habitante del limo".

Sería muy extenso enumerar la cantidad de aves interesantes que podemos encontrar, contemplar y deleitarnos con su forma de actuar en la ribera de nuestro Adaja, pero las más espectaculares por su tamaño y sutiles movimientos, son las grandes zancudas como cigüeñas y garzas. Y precisamente hace sólo dos o tres días tuve un encuentro casual con una de estas bellezas aladas: una garza blanca, o garceta grande que es lo mismo, estaba caminando por medio del río efectuando una especie de baile y removiendo el agua con sus largas patas totalmente sumergidas en el agua. Como casi siempre llevo mi cámara encima el teleobjetivo me permitió sentarme a buena distancia para no molestarla y contemplar su ritual, algo común en las zancudas, pero que pocas veces había observado tan relajadamente, y pude plasmar en vídeo y fotografía sus sutiles movimientos.

La lentitud y cadencia de su pataleo y sus ojos brillantes escudriñando el agua en busca de algún pez con el que alimentarse resultaban hipnóticos. De vez en cuando lanzaba su pico a una velocidad increíble, como si fuera una ballesta, con muchos lances infructuosos, aunque a veces acertaba. El sol del atardecer, aunque invernal ofrecía unos tonos dorados que aumentaban la magia del momento.

Entonces me vino a la memoria algún movimiento de kung-fu y tai-chi que imita a estas zancudas cuando apoyan el peso del cuerpo en una pierna para liberar la otra, o ejercicios con las manos que semejan a los picos de grullas, garzas y cigüeñas y algunos movimientos con los brazos parecidos al baile que a veces parecen realizar con sus alas…

Ensimismado en mis pensamientos mientras contemplaba la danza de la garza blanca, un nuevo picotazo lanzado hacia el agua a una velocidad vertiginosa me devolvió a la realidad. Qué naturaleza más hermosa tenemos por aquí cerca, y qué poquito la cuidamos…

Por cierto, también encontré en muy pocos metros, en las orillas, y en medio del río, una silla, un colchón, botes de bebidas, plásticos y hasta un extintor de incendios, algo que indica que hay mucho desaprensivo y maleducado aún por ahí, y falta de cuidado institucional.