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Fernando Lussón

COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Gran coalición

11/12/2021

Fue el secretario general del PP, Teodoro García Egea, quién, al día siguiente de las elecciones generales del 10-N de 2019, en el programa Espejo Público de Antena 3, fue tajante al descartar un posible Gobierno de coalición con el PSOE. "Nosotros somos incompatibles con el programa de Pedro Sánchez", dijo. A esas alturas, quien sería investido presidente del Gobierno ya había echado las cuentas y estaba dispuesto a dejar de dormir tranquilo para firmar un pacto de legislatura con el líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias.  

Entra en el terreno de la política ficción especular sobre cuál habría sido la respuesta de Pedro Sánchez si desde el PP se hubiera tendido la mano en lugar de retirarla de inmediato. Es posible que el resultado fuera el mismo, que Sánchez se hubiera decantado por un gobierno de coalición progresista, pero el PP habría demostrado más sentido de Estado, si pretendía evitar que partidos de izquierda, nacionalistas e independentistas vascos y catalanes fueran determinantes en la gobernación de España. Un gobierno de 'casi gran coalición' estuvo a punto de lograrse tras las elecciones precedentes si Albert Rivera no hubiera utilizado el 'no es no' contra Sánchez, y ahora estaríamos hablando de otras cosas. Pero García Egea insistía: "La única alternativa a Sánchez es el PP" y cerraba todas las puertas, sin tan siquiera ofrecer al PSOE la posibilidad de quedar como el malo de la película al rechazar el acuerdo. Sin gobierno de coalición entre socialistas y conservadores y con la alternativa de unas nuevas elecciones –las terceras- las matemáticas parlamentarias solo ofrecían la alternativa de la alianza PSOE-UP y el apoyo externo de distintos partidos hasta lograr la mayoría absoluta.  

Las declaraciones de Pablo Casado en las que ofrecía un gobierno de gran coalición si gana las próximas elecciones generales ha resultado ser un nuevo error táctico del presidente del PP, como demuestra la inmediata rectificación de la oferta. No porque el partido concernido se haya molestado en responder, sino porque su reflexión ha sido aprovechada por su principal oponente en la derecha, Vox, para subrayar las veleidades 'progres' de la dirección popular y encontrar un nuevo filón argumentativo contra los populares.  

Y no será porque España no necesitase un gobierno de gran coalición que trajera algo de serenidad al debate político y acuerdos y soluciones sobre algunos de los problemas más acuciantes, además de templar posiciones sobre los más peliagudos. Es un desiderátum dado que la cultura política española no tiene el pacto entre sus prioridades. El ejemplo alemán, tantas veces aludido, sirve para todo. Tanto para demostrar la eficacia del consenso como para visualizar que el socio minoritario de la coalición puede convertirse en el ganador de unas elecciones, si el candidato es el adecuado.  

Que el PP haya dado marcha atrás a una propuesta interesante, que ha quedado en una ocurrencia con apenas 24 horas de vida, dice también mucho de la capacidad de liderazgo de Casado y de la falta de solidez de sus propuestas, por mucho que se justifiquen en la maldad de Pedro Sánchez. El PSOE también podría volver la oración por pasiva y negarse a pactar con un líder del PP que a pesar de una ruptura pasada con Vox, cada vez se encuentra más cerca de las posiciones de la ultraderecha.