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Editorial

Adaptar las leyes a la realidad de cada territorio

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Las justificadas quejas y denuncias de los ganaderos de ovino, y en menor medida también de vacuno, por los ataques de lobos que sufren sus rebaños constituyen un tema que, aunque manido y ancestral, no pierde importancia ni actualidad. Y más en estos tiempos, con un mundo rural envejecido, sin relevo generacional, menguante y con rentabilidades mínimas en varios tipos de negocios. Tal es la relevancia, y la polémica, de este asunto que en los últimos meses se ha debatido en varios parlamentos autonómicos y en el nacional. En la batalla legal que se libra entre las medidas de protección para este carnívoro salvaje impuestas por el Gobierno central y los deseos de varias regiones del norte de España de que se pueda cazar un número determinado de ejemplares para controlar su población y sus daños, este miércoles se conoció el último episodio. El Tribunal Constitucional anulaba la Ley de Caza de Castilla y León que sí permitía la muerte del depredador al norte del Duero. La Junta, por su parte, indicaba que seguirá defendiendo su postura y tratando de consensuarla con otras comunidades también por encima del citado río.

Esa es la realidad de despachos y tribunales, pero la más importante es la de campos, montes, naves y tenadas. Y esa refleja que los ataques de lobos en la provincia de Burgos se han incrementado este año, y más desde que acabó el periodo regulado de caza. En esos meses, los astutos y violentos lobos se alejan de los pueblos y majadas, y se refugian de escopetas y perros en lugares montañosos más tranquilos.

Los propietarios de los animales matados o heridos llevan décadas lamentando que pierden dinero, tiempo y paciencia, que se enfrentan a mucho papeleo y que hay reses desaparecidas. Además, deben echarse a sus espaldas otras pérdidas 'en diferido'. Es decir, ovejas que abortan por los golpes en la huida, por el estrés... Otras no se quedan preñadas, o dejan de dar leche, o adelgazan mucho. A todo ello, que no es poco, los ganaderos han de sumar la frustración, enfado, viajes... 

El lobo, como todo animal, precisa de protección y de hábitats suficientes para su desarrollo. Forma parte de la riqueza faunística de esta tierra y tiene su papel en el equilibrio natural de las especies. Pero desde los despachos de Madrid deben de ser conscientes de que su 'descontrol' está acarreando daños notables al frágil mundo rural, y se está transmitiendo la idea de que vale más la vida de este mamífero que la de sus víctimas. Porque lo peor de todo no es que se coma una oveja, es que mata una docena. 

Las leyes nacionales han de dejar resquicios para que se adapten a cada territorio, su singularidad, necesidades y realidades.