Desde mi torre mudéjar

Ricardo Guerra Sancho


El turismo se recupera muy lentamente

06/08/2020

Ha llegado el verano para quedarse, con días de extremado calor cercano a los 40º, que por otra parte es normal para estas fechas. Todos os años hay unos días fuertes de verano caluroso, no hemos batido máximas algunas, aunque siempre nos parecen más calurosos que los de años anteriores. Ya dice el refrán, que en Castilla hay nueve meses de invierno y tres de infierno… aunque evidentemente en esta ocasión el refranero es exagerado.
Otro dicho, que también es popular, dice que el auténtico rigor del verano se reduce aún más, “de Virgen a Virgen”, es decir, desde la Virgen del Carmen, 16 de julio, hasta la Virgen de la Asunción, el 15 de agosto. De cualquier forma, lo que tiene este clima de meseta es que las noches, salvo raras excepciones, son frescas y apetece taparse algo, por lo que se duerme bien y de forma reparadora de las inclemencias de los calores estivales.
Y los paseos nocturnos suelen ser deliciosos y más hacia nuestra ciudad vieja, Plaza de la Villa, la de San Pedro y el Castillo, que son zonas más frescas sin dura por la influencia y por el relente de nuestros ríos. O en las diversas terrazas de la ciudad, frecuentadas por numeroso público, con medidas de seguridad y distancias debidas, aunque hace unos días hubo una llamada de atención de las autoridades municipales a varios establecimientos para mantener las distancias y las normas establecidas.
También son muy frecuentados a la caída de la tarde los paseos fluviales que ofrecen una buena senda de paseo y el frescor de los ríos, ahora adornadas por las esculturas de Juan Jesús Villaverde, esas clásicas esculturas de hierros reciclados con a sensibilidad de un artista que por donde va deja huella, obras y gratos recuerdos.
Pero lo que es turismo, lo que entendemos como turismo de visitantes en busca del patrimonio, o las gentes que buscan nuestra historia, lo que ahora han dado en llamar “turismo cultural”, o el importante número de visitantes gastronómicos, que en Arévalo el Tostón de Arévalo, o cochinillo asado, es un estandarte culinario de primer orden que hace las delicias de las gentes que aquí hacen “parada y fonda” precisamente buscando este manjar de nuestra gastronomía que tiene fama internacional, bien ganada por el buen hacer de nuestros maestros asadores, y de esos hornos paneros que ponen su parte para el éxito fina.
No en vano es una marca de calidad y de garantía justamente conseguida y que es el fruto de muchas manos, desde las que cuidan las cerdas y sus crías, a las que preparan el tierno producto, las de esos maestros asadores que cuidan ese delicado proceso, y las de los cuidadosos profesionales de la hostelería… 
Después de las dos actuaciones de finales de julio, han vuelto las “Veladas musicales de la Villa”, todo un clásico en las noches veraniegas arevalenses en el magnífico escenario de esta plaza medieval y castellana. Una iniciativa bien consolidada en esta edición con unas especiales medidas de distanciamientos, que el público observa con pulcritud y nos perite continuar la tradición musical veraniega. Primero, los sonidos virtuosos y música de fusión de dulzainas con instrumentos de viento.
Después la velada el grupo Standards Quartet, y abriendo agosto nos ha visitado una extraordinaria figura de la música tradicional, Vanesa Muela, con instrumentos caseros, panderos, cucharas, sartén… muy original y muy bien recibido por un público expectante.
Las Veladas Musicales de la Villa, con tradición, este año en forma singular, sillas espaciadas, accesos controlados, y sin programas, como manda el protocolo.
Entre tanto, entre panderetadas y los sones de otros instrumentos pobres pero resultones, ritmos de seguidillas y fandangos castellanos, buscando enfoques fotográficos, advertí, como ya lo había hecho en la torre de El Salvador, que la de Santa María había perdido la mayor parte de las habitantes zancudas que parece que este año han madrugado para emigrar hacia el sur… quedan ya muy pocas, las más tardías.