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Jesús Arribas, gran investigador y divulgador de la historia

Maximiliano Fernández
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No sólo estudió y difundió la obra de autores abulenses, introdujo asimismo y reeditó textos de clásicos como Pérez Galdós, José Cadalso, Ayala, Cela, Delibes, Aldecoa, Martín Gaite o Matute

Jesús Arribas (i), uno de los miembros de número más destacados de la Institución Gran Duque de Alba.

La muerte del historiador, catedrático y editor Jesús Arribas Canales (Pradosegar, 1940 - Ávila, 20-10-2021), doctor en Filología, cuyo currículo no abordamos para no resultar reiterativos, supone una irreparable pérdida para la Institución Gran Duque de Alba, en la que ha sido uno de los miembros de número más destacados por sus rigurosos trabajos científicos, y también para el conjunto de la historia y la cultura abulenses, como uno de sus principales investigadores y divulgadores. Pocas personas se interesaron tanto por profundizar y dar a conocer la historia de Ávila y sus figuras más destacadas.

Dos de los nombres sobre los que más ha aportado han sido los del cronista Antonio Cianca y San Segundo, considerado primer obispo de Ávila, aunque él cuestionó siempre su presencia en la ciudad, pero no su gran repercusión religiosa y cultural. En la colección Fuentes Históricas Abulenses (1993, nº 15), reeditó la obra de Cianca, que conocía perfectamente por su tesis doctoral en la Facultad de Filología de la Universidad Complutense, presentada en 1991 bajo el título de Antonio de Cianca y su obra: Historia de la vida, invención, milagros y traslación de San Segundo, primer Obispo de Ávila. Años después, en 2002, se publicó en la Serie General (nº 69) su Historia, literatura y fiesta en torno a San Segundo (Ávila, 1519-1994), en la que contextualiza más ampliamente la obra del conocido cronista, analiza sus capítulos e incorpora un apéndice documental con actas e informaciones verdaderamente valiosas. También en 2002 y fruto de su interés por el varón apostólico presenta una edición crítica y facsimilar de la Comedia de San Segundo, de Lope de Vega.

Otro cronista abulense a cuyo estudio dedicó muchas horas fue Gonzalo de Ayora y su obra Ávila del Rey. Muchas historias dignas de ser sabidas que estaban ocultas (2011). De Pablo Verdugo de la Cueva reeditó Vida, milagros y fundaciones de la Madre Teresa de Jesús. Compuesto en quintillas (1615) (2014). Con Juliana Wilhelmsen y Mayda Anias introdujo y dio a la luz los Quaterniones de Emilio Rodríguez Almeida (2018), su obra póstuma. También documentó y publicó ensayos sobre el escritor José Zahonero, en concreto, los titulados Un abulense en el Ateneo: José Zahonero (1853-1931), en 2004; La Albura de José Zahonero (2006); El escritor abulense José Zahonero "Testavana": un apunte biográfíco (2011); José Zahonero: "El borriquito de Mingorría" (2011); José Zahonero: "El señor obispo. Testavana" (2013) … Prestó atención asimismo a las figuras del poeta y profesor de Langa Jacinto Herrero Esteban, en la obra El monte de la Loba. Recordando a Jacinto Herrero (2013); al escritor Manuel Ciges Aparicio y su narrativa de testimonio y denuncia (1985); a José Belmonte (Ávila de memoria. Conversaciones con José Belmonte, 2009). 

Y no sólo estudió y difundió la obra de autores abulenses, introdujo asimismo y reeditó textos de clásicos como Pérez Galdós, José Cadalso, Ayala, Cela, Delibes, Aldecoa, Martín Gaite, Matute... Mostró igualmente excelentes dotes para la creación y la narrativa en títulos como "El gobernador", "El tiempo de nadie", "Comando Ávila", La Biblia de Ávila", "El cuento de todos los días", "La batalla temerosa" y "El festín del Quijote". Y a ello habría que añadir los manuales académicos que redactó como profesor y los cientos de artículos publicados en revistas científicas indexadas de carácter nacional (Arbor, Crítica, Crónica, Educación Abierta, Escuela Española…), así como en El Cobaya, Diario de Ávila...

Sus dos últimas aportaciones ratifican su excelente criterio histórico y su amor a la tierra. De esa forma reprodujo en edición facsímil la primera época del periódico El Porvenir Avilés (1852-1853), en el que el naciente periodismo local, los políticos de la época y toda la sociedad de Ávila consiguieron de la mano de Antonio Zahonero de Robles que el ferrocarril del Norte discurriera por la capital y provincia, impulsando las comunicaciones, el turismo y el comercio en los siglos XIX y XX, aunque no tanto como se esperaba. Quizás por eso pedía en una "Carta a San Segundo", en 2017, "no un AVE, pero al menos un RAVE (razonable velocidad) que nos coloque la capital en tres cuartos de hora". En Vivíamos en un palacio, publicado el pasado año por la propia editorial Caldeandrín, nos cuenta no sólo su peripecia como seminarista en el Palacio del Infante D. Luis de Borbón, de Arenas de San Pedro, en "contemplación distanciada y gozosa de la infancia perdida", sino la forma de vida en aquel seminario menor de San José en el que nos educamos tantos abulenses, y otros recuerdos infantiles en páginas de indudable valor literario.

Y con todo, quizás el mejor reflejo de su amor por Ávila y por los libros, como bibliófilo hasta de profesión, sea su valiosísima librería anticuaria y editorial Caldeandrín, en el pasaje de la calle Reyes Católicos, 14, donde se pueden encontrar muy interesantes y preciosas obras de todas las épocas, incluida una colección de El Tostado en doce volúmenes, numerosas ediciones de Don Quijote de la Mancha y ejemplares antiguos, raros o únicos, en un catálogo de más de 600 páginas.

Ahora, Mayda Anias, su compañera y colaborada inseparable, tiene el difícil reto de continuar la gran obra de Jesús Arribas. Confiamos en que su aliento, su buen recuerdo y el apoyo de cuantos apreciamos y admiramos el trabajo y la personalidad del ilustre profesor, investigador y editor, la ayuden en tan meritoria tarea. Descansa en paz de tanta brega, amigo Jesús.