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Siete orejas y un rabo en un entretenido festejo en Higuera

Juan Andrés Cartón
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Los tres espadas y el mayoral de la ganadería salieron a hombros de la plaza

Siete orejas y un rabo en un entretenido festejo en Higuera

Comienza septiembre, un mes pródigo en festejos taurinos en nuestra provincia, en el que ya han salido a la luz carteles de algunas ferias y festejos como son el de Higuera de las dueñas, El Barco de Ávila, Sotillo de la Adrada, Navaluenga, Barraco, Burgohondo, Navalperal de Pinares y algún otro que no tardará en conocer la luz, y que iremos dando noticias de ellos según se vayan celebrando estos acontecimientos.

Hoy centramos la atención en el festejo celebrado el día 3 de septiembre en Higuera de las Dueñas, que estaba incluido en el programa de fiestas de la localidad en honor a su patrona Nuestra Señora de la Natividad. La empresa patroneada por Raúl Montero tuvo a bien componer un cartel atrayente formado por toros de la acreditada ganadería de Antonio San Román, con muy variada presentación, un buen comportamiento y con ese picante que suele salir este encaste. 

Se aplaudió de salida al primero, y en el arrastre se premió con la vuelta al ruedo al 3º y al 4º. Los espadas fueron el toledano Luis Gerpe, de rosa palo/oro, que logró vuelta y dos orejas y rabo; el malagueño Javier Orozco, de corinto/oro, que consiguió una oreja y una oreja, y el venezolano David Cadavid, de fucsia/oro, que se llevó dos orejas en el primero y una en el segundo. Todo ello en una tarde agradable donde se alcanzó casi el lleno en los tendidos.

Luis Gerpe abrió el festejo con el nº 37, Silguero, un toro bien presentado casi para plaza de primera que abría la cara, un poco áspero en los comienzos del saludo capotero, intentando el desarme del torero, echando la cara arriba, al que el matador consiguió sacarle algunas verónicas limpias y dejar un buen remate en los medios. Lanceó doblándose en los comienzos de faena de muleta junto a las tablas Luis Gerpe, y a base de raza el torero fue extrayéndole muletazos de mérito por el pitón derecho; cuando pasó la franela al izquierdo para el toreo al natural el toro protestó, poniéndoselo difícil pero consiguió sacarle una serie muy reunida y limpia. Remató la faena por el derecho en los terrenos de las cercanías; el acero cayó desprendido y atravesado y tuvo que utilizar el de cruceta. Dio una vuelta al ruedo.

En el cuarto, Quientequiera de nombre y con el nº 27 en los costillares, dejó detalles en el toreo a la verónica con el capote y un bonito remate con la media. Con la muleta Gerpe hizo un gran esfuerzo y trató de buscarle el son al de San Román, ya que el toro reponía con cierta rapidez, pero el torero toledano le cogió la distancia y el ritmo y pudo expresar parte de su toreo con destreza y recurso de buen oficio, templando las embestidas del toro en las postrimerías de la faena, donde se vio su potencial. Con el acero, estocada caída que fulminó al de San Román y que le dio las dos orejas y el rabo y la vuelta para un buen ejemplar de la ganadería.

En segundo lugar salió Acrispado nº 8 para Javier Orozco, el torero rondeño, que saludó de capote a otro buen ejemplar de San Román, con cara abierta y con humillación a los vuelos del capote del torero malagueño, que le metió pronto en la tela y tras el paso por el caballo el toro atemperó las embestidas pero con fuerza, pues no se le castigó mucho. Comenzó la faena con trincherazos por bajo junto a tablas, para condicionar las acometidas del toro que acudía con fuerza y ciñéndose por el pitón derecho; tras los primeros lances el malagueño consiguió el dominio de la situación y manejó al toro con temple, ligando las series por ambos pitones. Remató con manoletinas ceñidas y con el acero dejó una estocada desprendida algo atravesada, y eso le restó algún trofeo: una oreja para Orozco.

El quinto, Cantamañanas con el nº 25, fue un toro más bajito que su anterior, pero con cuajo suficiente. Orozco estuvo recatado en el toreo a la verónica, y para la muleta el toro tenía teclas que tocar pues desprendía esa pequeña chispa de la que está prendada esta ganadería y daba arreones de bravura, y para torearle era necesario la colocación y el cruzarse, pues era fundamental para engancharle en la muleta, algo que consiguió por momentos el rondeño y así lo entendió el tendido. Con el acero dejó un pinchazo y estocada y se le concedió otra oreja.

Salió el tercero, Peletero, que correspondió al recién alternativado, el venezolano David Cadavid, que con una corrida de toros como matador sorteó un lote muy enrazado, como son los toros de la ganadería de San Román. Era un toro con hechuras y mucha culata, que tuvo buen son en sus embestidas y nobleza ante el capote de David Cadavid, que lo recibió con dos largas cambiadas junto a las tablas, y luego estirándose en el toreo a la verónica con gusto, llevando al toro a los medios para abrochar con la media muy ceñida a la cintura. La faena de muleta la interpretó muy ligada sobre los dos pitones, dominando las distancias y llevando la muleta a media altura para ir bajando en el transcurso de la faena. El toro lo pedía por abajo y así lo entendió el venezolano, que en las postrimerías dejó su mejor toreo bajándole la mano con dominio. Con los aceros el venezolano, tras pinchazo y estocada, tuvo que usar el verduguillo, que no restaron nada para que el público le premiara con las dos orejas y la vuelta al ruedo al toro.

Con el que cerró el festejo, Granero nº 7, David Cadavid estuvo paciente ante la cara del toro en el saludo capotero, que le puso dificultades y en algún momento llegó a dudarle, lo que dejó algo tocado al torero, que ya no estuvo con la seguridad necesaria. Con la muleta el venezolano trató de encontrarle las distancias y la altura, pero quedándose fuera de sitio y no llegando a cruzarse, que era lo que el toro pedía para su toreo, y eso le restó brillantez a su faena, pues el público comprendió que estaba cogiendo el ritmo. Dejó detalles con el manejo de la muleta y voluntad de querer agradar. El acero cayó un poco defectuoso y el público pidió la oreja que el usía de turno concedió.

Terminó el festejo con los tres espadas y el mayoral de la ganadería en hombros por la puerta grande del coso de Higuera de las Dueñas.