scorecardresearch
Vicente García

El buitre de colores

Vicente García


Ávila y Lanzarote: Desde las entrañas de la Tierra

11/11/2021

Diversas circunstancias me llevaron hace un mes a ese lugar que a nadie deja indiferente. Durante un par de semanas he podido darme cuenta de cómo el tiempo se detenía, porque allí el ritmo de la vida es algo más lento gracias a su benignidad climática durante todo el año.

Y qué casualidad, mi hijo y a la vez guía, me muestra una calle en Arrecife llamada Ávila. Pero claro no iba a quedar el paisanaje sólo ahí, porque unos días después me encuentro a un pequeño grupo de abulenses de gira por la isla, y para más casualidad unos de ellos vecinos. Y es que "los de Ávila" estamos por doquier. Nos vimos de nuevo en otro pueblo en un conocido mercado donde tampoco era fácil cruzarse por la cantidad de gente que acude a él.

El impacto inicial al llegar a la isla resulta algo fuerte; te ves transportado a un paisaje casi marciano donde los árboles apenas existen, en el que la lluvia es anecdótica y no hay cursos fluviales ni arroyos de ningún tipo que yo sepa, al contrario que ocurre con otras islas como La Gomera o La Palma donde bastantes torrenteras permiten zonas de vegetación tropical y bosques de laurisilva.

La Palma ha podido evolucionar biológicamente mucho más deprisa gracias a la humedad y la lluvia generada por los vientos alisios que descargan en el gigantesco muro de piedras y basaltos de El Roque de Los Muchachos. En Lanzarote la transformación ha sido mucho más lenta por su climatología, y allí podemos hacernos una idea de cómo pudo ser la Tierra en pasadas eras geológicas, sobre todo si visitamos enclaves tan impresionantes como el parque nacional de Timanfaya, cuyo volcán en 1730 y una erupción interminable de seis años arrasó casi la mitad de la isla, engulló 11 municipios e hizo huir hacia otras tierras del archipiélago a una buena parte de su población.

Hoy día observar este inmenso mar de lava sobrecoge y es uno de los lugares más conocidos sin olvidar por supuesto sus playas, muchas de ellas con arena fina y dorada.

Al introducirnos en otro de sus espacios emblemáticos, la cueva de los Verdes, podemos hacernos una idea del tamaño y las dimensiones de los tubos lávicos de un volcán, esos de los que tanto se habla ahora con la erupción palmera y que lejos de ser unos pequeños conductos suelen tener decenas de metros de diámetro. Una vez dentro se estremece el cuerpo pensando en la isla vecina... Hoy día es uno de los atractivos turísticos más visitados en Lanzarote.

Los Jameos del agua fruto del interés protector y dinámico del arquitecto César Manrique es otro oasis en medio del paisaje volcánico, que aprovecha también uno de estos canales colapsado. En el fondo de su laguna procedente del agua del mar existe un cangrejo endémico albino y ciego, único en el mundo, que hemos podido contemplar.

Van transcurriendo los días y descubriendo, gracias a nuestro guía particular, nuevos y abrumadores paisajes que nos difuminan la impresión inicial de estar ante un paisaje inerte. Desde hermosas playas de arena dorada como la de Famara, hasta vistas inimaginables como la contemplada en el Mirador del Río en la costa norte y desde donde se contempla una brutal panorámica de la Isla de la Graciosa. Ahí también César Manrique supo fusionar arte y naturaleza sin apenas modificar lo que ya existía. Algo de lo que deberían aprender algunos proyectos institucionales y faraónicos en nuestra comunidad con engendros de miradores inadmisibles, verdaderos pegotes sobre la naturaleza, y poco respetuosos con el medio.

Para los amantes de los cactus es visita obligada el jardín diseñado también por Manrique donde antes existía un vertedero ilegal y en el que ahora se pueden contemplar más de 10.000 ejemplares de estas plantas suculentas procedentes de todas las partes del mundo y donde podemos pasar horas allí e incluso saborear algunos platos a base de cactus, porque la gastronomía lanzaroteña también es destacable especialmente si sabes dónde ir, como nos ocurrió en Los Cascajos, Junto al pueblo de Haría, ante una parrillada de carnes impresionante a un precio asombroso.

Mucho ha quedado por recorrer y contemplar, así que espero volver de nuevo. Eso sí, seguro que nos encontramos con algún abulense conocido, como casi siempre nos pasa. :-)