"Enfrentarse a la vida con humor no significa ser frívolo"

E.Carretero
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La arenense Sara Escudero comenzó su carrera artística como monologuista, faceta que nunca ha abandonado, y poco a poco se ha ido haciendo hueco en la televisión si bien asegura que es en los pequeños teatros donde más disfruta de su profesión

"Enfrentarse a la vida con humor no significa ser frívolo"

Confiesa Sara Escudero (Arenas de San Pedro, 1981) que la vis cómica le viene desde pequeña y que de hecho siendo niña siempre se encargaba de hacer reír a los mayores con sus historias en las reuniones familiares. «En casa siempre me estaba disfrazando y escribía historias», rememora su niñez. Sin embargo, y a pesar de ese carácter divertido y algo teatral, cuando llegó la edad de elegir camino profesional no se atrevió a hacer caso a sus deseos de ser actriz. Y es que no es extraño que con ambos progenitores médicos y con un hermano que decidió estudiar ingeniería química ella al final decidiera aparcar esas ganas de subirse a un escenario y seguir los pasos de sus padres en la medicina. Sin embargo, y seguramente por eso que dicen de que la cabra (con todo el respeto para Sara) siempre tira al monte cuando estaba en tercero de Medicina esta popular arenense decidió colgar la bata para intentar hacer realidad aquel sueño de estudiar teatro que desde pequeña había anhelado. A tomar decisión, recuerda, contribuyó el repentino fallecimiento de una persona muy cercana a su familia, lo que le hizo replantearse lo que quería en la vida. «Cuando estudiaba Medicina me sentía un poco como una estafadora porque estaba estudiando algo que no me hacía feliz»,  confiesa antes de reconocer que a sus padres les «costó asimilar» que fuera a dejar los estudios, en los que además obtenía muy buenas notas, pero también que «no les sorprendió». Así fue como abandonó Salamanca y se trasladó a Madrid, donde se matriculó en una escuela de teatro de Torrelodones. En ese tiempo también empezó a trabajar de camarera en una discoteca de Villalba para sacarse un dinerillo sin saber que ese trabajo sería su trampolín profesional.

¿Qué es lo  primero que te viene a la cabeza sobre Ávila?
Si te refieres a cuando escuchas decirlo a alguien o en algún medio: la vista de las murallas desde el Arco de San Vicente, y si es más conceptual, casa.  
Y ¿lo que más le gusta de Ávila?
Que sigue manteniendo la esencia de cercanía, además de, obvio, lo sumamente bonita que es.
¿Y lo que menos?
Tanto Ávila como Arenas, mi pueblo, pues que a veces no permitan, por ser ‘pequeñas’, realizar cierto tipo de vidas laborales estando allí como residencia.
Un lugar para perderse.
Cualquier rincón de Gredos,  pero la zona de Hoyocasero especialmente.
Un recuerdo de la infancia.
Uff... son muchos pero los englobaría en la sensación de libertad que recuerdo yendo a la escuela, paseando por el pueblo, jugando...
Un personaje abulense que le haya marcado.
Mi madre, que fue casi toda su carrera la médica de Pedro Bernardo, y  también, por su ahínco y lucha, José María Jiménez ‘El Chava’,  lo sigo teniendo muy presente.
El mayor cambio que necesita Ávila es...
A nivel urgente compromiso medioambiental. Somos una provincia que apenas recicla, por ejemplo, y a  nivel emocional dejar de compararnos con otras provincias.
Y tiene que mantener...
La esencia de unión y de arrope que nos caracteriza.
¿Qué le parece Ávila hoy en día?
Ciudad que crece a fuego lento, que sigue siendo cercana y volcada en los suyos y que dará un buen guiso.
¿Cómo ve el futuro?
Si no reciclamos y miramos en global pues poco verde (risas).
¿Qué puede aportar usted a la ciudad?
Cada uno debemos dar todo, sin usar expresiones vitales como «que lo hagan otros» o «total, porque yo no me sume...» porque todas y todos sumamos.