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Francisco Javier Sancho Fermín

Aunque es de noche

Francisco Javier Sancho Fermín


Construir la paz

18/02/2022

Durante las últimas semanas no ha dejado de sobresaltarnos la situación de Ucrania. La amenaza de una posible guerra, que puede adquirir dimensiones mundiales, no es una cuestión para ser tomada a la ligera. A veces, los relatos dan la sensación de que estamos frente a un tablero de juego de niños, donde cada uno se las ingenia para montar sus ejércitos y desplegar todos sus recursos para atemorizar al contrario. 
Aunque en el aire queda balbuciente el temor de que alguno de los jugadores se anticipe a ir más allá del simple juego, y que ya no haya marcha atrás. Si la guerra se reduce a un tablero de movimiento de fichas o de estrategias intimidatorias, es porque se ha perdido la perspectiva de que, en realidad, son personas las que sufren, las que mueren, las que tiene que cargar con las consecuencias de unos intereses políticos, ideológicos o económicos construidos en categorías de poder y prepotencia. La guerra, sea del tipo que sea, saca a la luz nuestra miseria, incapaz de ver con ojos humanos a los otros seres humanos.
Con el caso de la situación de Ucrania, tal como he escuchado comentar en diversos círculos, corremos el riesgo, sin embargo, -como nos ha venido pasando a lo largo de esta historia reciente-, que pensemos que esa guerra cae lejos, que no nos va a afectar, o que no tenemos nada que ver con ello.
Y, sin embargo, las consecuencias tendrían que afectarnos de un modo u otro. No pienso ahora en las repercusiones económicas o de otro estilo que una guerra pueda tener, sino en lo que en el fondo se esconde tras toda acción deshumanizadora. Al menos, debería llevarnos a todos a un profundo examen sobre nuestras actitudes, nuestro posicionamiento frente a los otros, el valor que, en definitiva, le conferimos a la vida humana.
 Cuando uno camina o circula por las calles, fácilmente percibe el grado de irritabilidad de mucha gente, la poca paciencia y tolerancia, la fácil pérdida de control, el estrés y la angustia, la poca educación. Actitudes que ponen de manifiesto que, en lo profundo de nosotros mismos, hay carencia de paz, hay una guerra no reconocida, hay una insatisfacción profunda con uno mismo y con la vida. 
Deberíamos de cuestionarnos personalmente si la paz y las libertades que reclamamos a los otros, las tratamos de forjar en nuestro interior, en nuestros pequeños ámbitos de vida, con la familia, los compañeros de trabajo, los vecinos, los amigos… Si somos capaces de ser tolerantes con pensamientos o visiones diferentes de la vida, si no caemos en la fácil tentación de "matar" al otro con nuestro pensamiento, con nuestra indiferencia o intolerancia. 
La política, o, mejor dicho, muchos políticos están pervirtiendo la vida y las relaciones, convirtiendo a la ligera a los otros en enemigos. Somos grandes demócratas porque trabajamos por las libertades, pero no consentimos que nadie piense diferente. Y, nos contradecimos al actuar, diciendo que somos capaces de tolerar a los intolerantes, cuando son los más peligrosos sembradores de guerra. 
Mientras no seamos capaces de forjar la paz en el propio corazón, será una hazaña imposible conseguir ese ideal de paz mundial. Las guerras se forjan en los rencores, en las envidias, en la codicia, en las discriminaciones o imposiciones absolutistas, sean del tipo que sean… Algo que solo puede ser combatido, en ultima instancia, en la confrontación con uno mismo. Es muy fácil matar o acusar al otro, cuando en realidad – en la inmensa mayoría de las situaciones-, el problema lo llevamos dentro cada uno de nosotros. Es más cómodo, y una manera de autojustificarnos siempre, convertir al otro en el enemigo, porque así me libero de luchar contra mis propios fantasmas e incongruencias. Es más fácil encontrar enemigos fuera, poque así me libero de tener que confrontarme conmigo mismo, y tener que aceptar mis limitaciones, heridas y fragilidades. 
Si de veras somos pacifistas, si queremos construir la paz, empecemos por hacerlo en nuestra propia casa interior. En caso contrario andaremos vagando, exigiendo a los demás lo que somos incapaces de afrontar y construir. 

ARCHIVADO EN: Ucrania, Estrés