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"Soy incapaz de crear en estado de aburrimiento"

E.Carretero
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milo Sánchez nació y creció entre maderas y viendo como su padre, ebanista de profesión, moldeaba este material a su antojo. Desde niño quiso dar un paso más creando obras que pudieran transmitir la emoción que él siente en el proceso creativo

"Soy incapaz de crear en estado de aburrimiento" - Foto: Isabel García

Además de la voz de su madre, probablemente de los primeros sonidos que siendo un recién nacido, y como si de una nana se tratara, escuchó Emilio Sánchez García (Gil-García, 1948) fue el cortar acompasado de la sierra con la que su padre, carpintero de profesión, trabajaba la madera. Y seguro también que uno de los primeros olores, esos que aún siguen recordándole a infancia, el de las virutas que a modo de mullida alfombra cubrían el suelo del taller de ebanistería de Tomás Sánchez, su progenitor. Los tocones, los sobrantes de los tableros usados para hacer muebles y también las virutas se convirtieron de hecho en los primeros juegos infantiles de este artista que aprendió los secretos de la madera desde muy joven y que vio en los troncos de los árboles no solo un material para construir objetos de utilidad sino también en una herramienta para expresar sentimientos y transmitir emociones. 

Aún recuerda Emilio, al echar la vista atrás en los años de su más tierna infancia, la emoción con la que su padre incorporó a sus herramientas un motor de gasolina. Y es que a pesar de que los Sánchez García abandonaron el pueblo cuando él tenía 7 años, el tiempo que pasó en esta localidad de la comarca del Aravalle marcó de tal modo a este escultor que no solo nunca olvidó sus raíces sino que ha hecho protagonista a Gil-García de uno de sus últimos proyectos artísticos. De hecho, la exposición Raíces, que muestra al aire libre y en distintos lugares de este pequeño municipio esculturas realizadas en madera y otros materiales de la zona, es el homenaje que Emilio Sánchez le hace a sus orígenes y, en definitiva, a su infancia; aquella en la que descubrió que la madera, y cualquier otro material procedente de la naturaleza, es capaz de expresar emociones y sentimientos. 

Las esculturas de caballos alados, búhos, sirenas a los pies de Gredos, hadas  o dragones se instalan en cualquier rincón de Gil-García gracias a esta exposición al aire libre que reúne cerca de una treintena de obras que Emilio Sánchez mostró por primera vez el pasado verano y que este año vuelve a convertirse en un reclamo para visitar este tranquilo y bello paraje del Aravalle y, de paso, para descubrir, o redescubrir, la original, interesante y emocionante obra de este artista.

¿Qué es lo primero que se le viene a la cabeza sobre Ávila?

La majestuosidad de sus murallas, su catedral imponente y los inviernos nevados.

¿Qué es lo que más le gusta de Ávila?

No te puedo decir solo una cosa que me guste de Ávila, porque Ávila es un pequeño mundo dentro del mundo. Lo que más me gusta es su gente, tachada de fría pero afable, honrada y acogedora. 

También te puedo decir que si quieres su arquitectura y sus monumentos me parecen espectaculares.

¿Y lo que menos?

La manera de ser que tenemos a la hora de dar respuestas  ante los problemas q se presentan para poder   solucionar y mejorar los servicios y transportes. 

Un lugar para perderse.

Si te quieres perder entre tus pensamientos la nave central de la catedral, si te quieres perder en la alegría, un sábado por la tarde en el Grande y si te quieres perder con el sentido del gusto, que sea entre pinchos.

   

Un recuerdo de su infancia.

Los juegos en la calle Cuesta de Gracia y los baños en el Soto

Un personaje abulense que le haya marcado.

Tengo varias respuestas para esta pregunta: don Antonio Arenas,  que fue mi maestro en el arte de la escultura y también, y como buen abulense, me han marcado y servido de inspiración Santa Teresa y San Juan.

El mayor cambio que necesita Ávila es...

Opino que se debería mejorar la gestión del tejido empresarial para la creación de trabajo y así evitar la emigración de abulenses a las grandes ciudades.

Y Ávila tiene que mantener...

Su tranquilidad, sus costumbres, el flujo de turismo, la Escuela de Policía y ya no solo mantener sino fomentar y mejorar sus empresas.

¿Qué le parece la ciudad hoy?

Tengo la sensación de que poco a poco es una ciudad que está apagándose y me da mucha pena porque tiene un gran potencial.

¿Cómo ve Ávila en el futuro?

Me gustaría que no perdiera su esencia, me gustaría una ciudad bien comunicada tanto por carretera como por ferrocarril y veo en ese Ávila del futuro un desarrollo artístico protagonizado por un museo al aire libre en el espacio en el que estuvo ubicada la fábrica de harinas en el puente Adaja, un espacio del que todos podamos disfrutar y presumir.

¿Qué puede aportar a Ávila y su provincia?

Culturalmente hablando mi máxima se resume en tres palabras: vive, siente y transmite. Puedo aportar experiencia, inspiración, fuerza de voluntad y pasión. Puedo aportar carisma y originalidad, pero sobre todo gratitud.