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"Por mucho que hablen mal de la juventud, es maravillosa"

E.C.B
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Rubén Jiménez siempre tuvo muy claro que sería profesor y se decantó por las Matemáticas. Lleva más de 20 años dando clase y sigue con la misma pasión que al principio acudiendo cada día al Instituto José Luis López Aranguren de Ávila capital

"Por mucho que hablen mal de la juventud, es maravillosa" - Foto: David Castro

A Rubén Jiménez (Ávila, 1974) siempre le gustó la educación. De hecho, sus amigos siempre le dicen que estaba claro que sería profesor, y no se equivocaban. Tras realizar sus estudios básicos en el colegio Arturo Duperier, inaugurado con su promoción tras pasar por la residencia Arturo Duperier y el edificio de Magisterio en el Campo Habanero, y en el Instituto Isabel de Castilla, no sin dudas, se decantó finalmente por las Matemáticas, aunque reconoce que también podría haber optado por Informática o Económicas.

Hizo la carrera en Salamanca, «muy complicada», asegura,  porque «no tiene nada que ver con las Matemáticas que estudias en Bachillerato. Es otra forma de pensar distinta, unas Matemáticas mucho más abstractas de lo que nosotros damos en los institutos, y además hay que tener la cabeza muy bien amueblada porque hay compañeros que sacan la carrera sin dificultad mientras tú tienes que dedicarle mucho tiempo... había que estar al 100%». Aún con todo, logró sacarla en los años previstos y acto seguido tuvo que incorporarse al servicio militar donde ya hizo sus primeros pinitos como profesor, ayudando a compañeros a sacarse el Graduado Escolar.

Y es que, como apunta, «ya estudiando Matemáticas tuve muy claro que quería ser profesor y durante la mili, en 1998 me pude presentar a unas oposiciones que hubo en Ávila, sin esperanza de aprobar, pero fue en septiembre al acto de adjudicación de plazas que se hacía en el IES Isabel de Castilla y me dieron plaza de interino en Candeleda».

Así, al acabar la mili, al día siguiente ya estaba en Candeleda para dar clase. De hecho, como curiosidad, decir que terminó el servicio militar un mes antes porque su capitán, que era candeledano, le permitió incorporarse a su nuevo puesto de trabajo tres semanas antes. Y a partir de ahí, «todo seguido», como dice Rubén Jiménez.

Primero fue Candeleda, donde permaneció tres años y de donde guarda unos magníficos recuerdos porque «es un pueblo precioso, con buen clima, y al estar tan lejos de todo, los docentes y trabajadores de otros sectores se tenían que quedar allí a vivir y había un ambiente espectacular».

El último año aprobó la oposición e hizo las prácticas en Candeleda, pero luego quiso hacer el Doctorado en Educación Matemáticas y por ese motivo tuvo que trasladarse a Navaluenga, para poder viajar diariamente a Salamanca. Tras esos dos años del curso de Doctorado ya se vino a Ávila capital. «Estando el último año en Navaluenga salió una orden de apertura de un nuevo instituto, el IES José Luis López Aranguren, y hubo una persona que quiso montar un equipo y me propuso como jefe de estudios». Así, con su inauguración, comenzó una historia que llega hasta la actualidad en un centro del que llegó a ser director durante ocho años.   

Asegura Rubén Jiménez que «cuando te gusta tanto tu profesión, es envidiable. Trabajar con adolescentes es increíble porque te rejuvenece y por mucho que hablen mal de la juventud, es maravillosa, tiene ganas de aprender en su gran mayoría y sin ellos saberlo nos aportan más que nosotros a ellos».

Además, en su caso, como profesor de Matemáticas, considera que tiene una ventaja sobre el resto de docentes, que son «un colectivo en el que hay un asociacionismo que no existe en otras asignaturas» y cada semana tienen seminarios, congresos y reuniones para mejorar la enseñanza de esta materia.  En esa linea, el IES López Aranguren está trabajando este año en un proyecto de Matemáticas con el método 'Singapur', que reduce mucho los ejercicios memorísticos, las operaciones y el cálculo, y aumenta la resolución de problemas trabajando en tres fases, la manipulativa, la pictórica y finalmente la abstracta.

asociación miguel de guzmán. Rubén Jiménez es actualmente el coordinador en Ávila de la Asociación Castellana y Leonesa de Educación Matemática Miguel de Guzmán, que recibe el nombre del mejor matemático español del siglo XX, muy relacionado con esta Comunidad, y que tiene como objetivo fundamental trabajar para la mejora de la educación matemática.

Esa asociación, que a su vez forma parte de la Federación de Sociedades de Profesores de Matemáticas a nivel nacional, es la encargada de organizar todos los años las Olimpiadas Matemáticas de la ESO. Pero además este año han puesto en marcha un proyecto de estimulación del talento matemático precoz para niños de 12 y 13 años. «Son alumnos que tienen talento con las matemáticas y acuden a talleres que no tienen nada que ver con el currículo que dan por las mañana en el instituto, porque les ayudan a pensar de otra manera», explica Jiménez, quien añade que «en otras provincias donde está más consolidado el programa, luego se les hace un seguimiento y muchos de ellos realizan carreras Stem».

Educar en pandemia. Como al resto de docentes, a Rubén Jiménez también le ha tocado 'lidiar' con la pandemia en las aulas y reconoce que una de las claves ha sido «trabajar mucho el plano psicológico y ser muy empáticos con los alumnos».

«Laboralmente para nosotros el confinamiento fue complicadísimo, porque en Ávila capital a casi todos nos llega a casa una fibra de 300 Mb, pero cuando te enfrentas a alumnos de Muñico, Cebreros… te das cuenta de que allí tienen grandes dificultades para tener una conexión online», comenta este profesor de Matemáticas del IES José Luis López Aranguren, quien considera «fundamental que se dote de una buena fibra óptica a todos los pueblos para que la gente pueda trabajar».

La vuelta, el año pasado, fue «con mucho escepticismo», asegura. «Nuestro centro es el más pequeño de Ávila, con 500 alumnos y pensábamos que no aguantábamos, pero el año pasado no tuvimos ninguna clase confinada, alumnos sueltos sí, y fuimos salvando la situación con mucha empatía, entendiendo la situación del año anterior en la que muchos no pudieron dar clase», apunta, y «este año, en las últimas semanas, está todo muy desbocado. Ha habido enseñanza mixta, presencial y online para los que estaban confinados, con tablets. Nos hemos apañado».