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José Ignacio Dávila

Pensando

José Ignacio Dávila


Las cosas como son

07/07/2022

En la historia de nuestra convivencia, la Constitución es la norma fundamental: nos ofrece  la forma política del Estado español la Monarquía Parlamentaria, y los valores superiores del de nuestro ordenamiento jurídico: la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político, valores fundamentales que hacen posible la convivencia dentro del Estado constitucional. Nuestra soberanía nacional, que reside en el pueblo español, hace posible que seamos dueños de nuestra historia, entre las naciones de nuestra historia política común, y dentro de la cultura occidental europea, siendo nuestro espacio natural de convivencia. La verdad de nuestra historia como Nación, ha conseguido ir sumando la verdad de nuestras crónicas de casa, las de nuestro Estado de las Autonomías, para confluir en la suma de la verdad de todos los acontecimientos de nuestra historia real. Las cosas y la realidad son lo que son, y como se es, sin necesidad de reescribirla a gusto del poder político de turno en sus verdades históricas, en nuestra realidad constitucional tal y como debe ser, sin que cuando las cosas del poder decidan, se vuelvan a contar las cosas, sin sentirnos nunca nosotros, sino los otros; las cosas como son.  
Nuestra historia real social, y constitucional (la que se deja escrita en los libros de historia sin censurar, la de verdad de la buena…), recoge las crónicas que nos han venido dejando, generaciones reales, que nos han precedido, reales y no imaginadas , de verdad, desde el inicio de nuestra historia, la de aquí, como en Castilla y León, en Extremadura,…en la formación de la Gran Nación española: nuestra dimensión histórica sin igual en nuestro mundo mundial,  sin memorias históricas oficiales y nuestras crónicas de la superación política, para el bien del común y del orden constitucional, hoy, y desde la Constitución de 1812, en las cosas de la convivencia que son las que son, sin necesidad de censuras que impidan estudiar en libertad, leer todas las lecciones de nuestra historia real, en toda su dimensión histórica y con todas sus páginas sin arrancarse ninguna. 
Hoy podemos seguir haciendo posible la convivencia, continuar con el encuentro posible y real, sin necesidad de exclusiones políticas por parte y obra de ninguna forma política autoritaria, ni del pensamiento único, y seguir arreando con la Constitución, que es gerundio, para evitar la vuelta de las imposiciones totalitarias de las crónicas oficiales de otros. 
El consenso constitucional nos ofrece el modelo de la convivencia posible: a) en el respeto de la dignidad de la persona; b) en la realidad de las libertades políticas como fruto del compromiso por la vida en paz; c) sumen su aportación, que hace falta; d) nos demuestra que es posible el encuentro político, conseguir que la historia social y real sean fuente de la verdad y la luz que nos centre en el camino para no meter la pata en los baches del enfrentamiento; e) suma las crónicas que han dejado las generaciones precedentes en cada casa y familia para no olvidar la verdad en manos de la censura, y sin necesidad de rescate por los poetas del pueblo. 
Nuestras generaciones, hasta la nuestra, se van sumando en la verdad de las pasadas (lean autores de la del 27, como Federico García Lorca; del 36, lean la letra «Para la libertad» de Miguel Hernández) y somos la generación que está leyendo este Diario, y seguirán las historias reales con las generaciones que vendrán, y que no tienen por qué ver censurada nuestra historia real por el mando del censor de la historia. 
La cultura es uno de los frutos de la buena educación y ésta es un derecho. El Estado de Derecho una garantía de los derechos fundamentales, de nuestra historia real, interna y externa: del progreso político, social y cultural de la nación Española. La revisión oficial de la historia real va en contra del principio de igualdad en la educación, de la información real que hace posible el principio democrático de la convivencia en una sociedad que ve garantizado el respeto del derecho a la disidencia, el respeto de las minorías y de las diferencias, y tener una vida en paz dentro del reconocimiento constitucional del pluralismo político. La historia real no merece ser "orientada" en una sociedad sin fronteras, que vuelve siempre a beber de sus fuentes de conocimiento reales, en casa, de familia, barrio y pueblo, de Comunidades en que la educación y la cultura van de la mano.