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Fernando Aller

DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


Cobaya sin tele

18/02/2022

Uno no acaba de acostumbrarse a ver Castilla y León abriendo los telediarios. Cuando esto ha ocurrido históricamente se ha debido a la noticia de alguna desgracia, como ocurría con los accidentes mortales de la minería. Hemos vivido en la insignificancia hasta que Alfonso Fernández Mañueco decidió convocar elecciones con el paso cambiado, saliendo del camino que nos habían marcado desde que la Autonomía llegó por la puerta de los segundones, competencias y prerrogativas de menor intensidad y escala que aquellas otorgadas a los que reclamaban privilegios, con violencia y vehemencia. Algo bueno había de tener el interruptus de esta legislatura.
El resto de España ya sabe que aunque el PP ha recobrado la mayoría que perdió en 2019 en favor del PSOE, el resultado no le permite gobernar sin el permiso de otras fuerzas. Somos variopintos. Los analistas apuntan a un obligado pacto PP y Vox. Cabe interpretar como un brindis al sol la oferta de Pedro Sánchez de permitir a Mañueco formar Gobierno en minoría si el PP rompe sus pactos con la ultraderecha en otras comunidades y cientos de ayuntamientos. Pero más allá de lo que resulte de estos amagos, la realidad es que la convocatoria se ha demostrado un monumental error. La temeridad de Mañueco y no haber podido despegarse de la estrategia marcada por Pablo Casado, a la que ya se aludió en esta columna, son circunstancias que explicarían el frustrado resultado respecto a las optimistas previsiones de las encuestas iniciales. No suele ocurrir, pero resulta evidente que la pronosticada mayoría absoluta del PP fue víctima de una fuerte hemorragia de votos en las dos semanas de campaña electoral. Los mensajes no solo no entusiasmaron, sino que provocaron hartazgo. Los corderos, los cerdos, las vacas y la remolacha de Casado han sido la más clara demostración de que los estrategas electorales de Génova no tienen ni idea de lo que es esta tierra. El sainete agroganadero causaba mucha risa, eso sí. No pasó desapercibido el menosprecio al resto de actividades y profesionales y menos aún el haber sido banco de pruebas para intereses partidistas ajenos. Castilla y León fue tratada como una cobaya y la rata se sintió ofendida por no ser mostrada en la tele. Desgarrador mordisco.