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Ángel Silvelo gana el Premio del Gobierno de Cantabria

J.M.M.
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Con su obra 'Los dioses perdidos' se ha impuesto en la categoría de novela corta, que está dotada con 12.000 euros

Ángel Silvelo gana el Premio del Gobierno de Cantabria

El escritor abulense Ángel Silvelo Gabriel con su obra 'Los dioses perdidos' ha ganado el Premio Literario del Gobierno de Cantabria 2022 en la categoría de novela corta 'José María de Pereda'. A su vez, la Vicepresidencia y Consejería de Universidades, Igualdad, Cultura y Deporte ha fallado el resto de galardones que han correspondido, en la categoría de poesía 'Gerardo Diego', a Mar Sancho Sanz, con la obra 'Maneras de imaginarnos'; y en la categoría de cuentos 'Manuel Llano' a Rosario Díaz Monroy con 'Animales solitarios'.

Dotados con 12.000 euros en novela corta y con 5.000 euros en poesía y cuentos, respectivamente, el vicepresidente cántabro ha felicitado a los ganadores de las diferentes categorías, así como al resto de autores que han participado en la convocatoria de este año, que ha contado con 61 obras (29 en novela corta, 8 en poesía y 24 en cuentos).

En 'Los dioses perdidos', Ángel Silvelo ofrece una novela de la memoria y de la escritura, que mezcla la prosa de ficción con la ensayística para contar en una doble acción la reconstrucción del pasado familiar del narrador y el relato de episodios de la vida de Fernando Pessoa, incluyendo poemas y otros textos del irrepetible escritor portugués.

Además, la obra ganadora de la categoría de novela corta presenta una estructura muy bien ensamblada en sus dos ejes narrativos, remitiendo al lector a libros y lecturas, y a la experiencia de la literatura.

Sinopsis de la novela. 'Los dioses perdidos' es un sueño escondido bajo un mapa de sensaciones. 

Fernando Pessoa dibujó su vida con los trazos de la silueta de los héroes anónimos, igual que aquellos argonautas que fueron en busca del vellocino de oro. Sin embargo, él no lo hizo embarcándose en un navío sino a través de un sueño escondido bajo un mapa de sensaciones al que dotó del silencio de la noche, del anonimato de un fantasma que huye de la sombra de sí mismo, y de la necesidad de ser otro. Muchos han sido los que se han acercado al mítico arcón donde guardó más de veinticinco mil documentos que, tras su muerte, han sido rescatados del olvido. Un olvido que, como todo aquello que ni se ve ni se toca, pertenece al mundo de los sueños. En Los dioses perdidos se concibe la vida de Pessoa como «la geometría del abismo», pues igual que Ángel Crespo no dudó en definir el Libro del desasosiego (el diario apócrifo del portugués) como un mapa de manchas, Ángel Silvelo nos plantea en esta novela la vida del portugués como un conjunto de formas, de vivir, y sentir, alejadas de la realidad, pero muy cercanas a la posibilidad de crear nuevos mundos a través de otros. Esos otros, que se rebelan ante nosotros igual que lo hace el reflejo que nos proporciona el espejo que se precipita sobre nuestro cuerpo y, que en el caso de Pessoa, éste interpeló mediante sus múltiples heterónimos. Un teatro de voces a los que él proporcionó una voz y una personalidad propias, creando, como solo lo hacen los genios, un nuevo estilo literario: el de la heteronimia. Pessoa, dijo: «Vivir es ser otro. Ni sentir es posible si hoy se siente como ayer se sintió: sentir hoy lo mismo que ayer no es sentir: es recordar hoy lo que se sintió ayer, ser hoy el cadáver vivo de lo que ayer fue la vida perdida». Y en esa eterna búsqueda del presente exento de futuro, abordó todo aquello que su mente tuvo a bien vislumbrar o explorar.

La particularidad de esta novela no se encuentra solo en la posibilidad de revisar una buena parte de la biografía del poeta portugués, sino también en poder hacerlo desde la voz de un nieto y su abuelo a través de una historia que, como toda leyenda, contiene el desgarro de las situaciones imposibles, pero también la épica que se sobrepone a los reveses de una vida marcada por el fracaso. «Hice de mí aquello que no supe,/ no hice lo que podía hacer de mí./ Vestí un dominó equivocado./ Pronto me conocieron como aquel que no era:/ no lo desmentí y me perdí».

En un mundo tecnificado que, cada día más, nos dirige nuestras vidas, Los dioses perdidos nos permite regresar al pasado; un pasado donde las personas todavía escriben cartas y sus historias de amor descansan sobre la soberbia de los sentimientos más profundos y la vitalidad de la búsqueda de una dignidad perdida en el curso de los tiempos. Historias en blanco y negro que, si se quiere, retoman la luz cuando llegan a Lisboa, una ciudad que en la novela se convierte en el cauce final donde los sueños se enfrentan con la realidad para crear un mundo nuevo e inesperado. Un mundo en el que los dioses, los mares, el hombre y la tierra, conforman una secuencia con la que darle cuerpo a un sueño: el de los dioses perdidos…, y no encontrados.