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Fernando Aller

DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


Pánico

22/07/2022

La crisis energética sobrevenida a consecuencia de la guerra en Ucrania y la ola de incendios derivada del cambio climático ha expuesto en toda su crudeza las contradicciones que abriga nuestra sociedad y la falta de previsión y respuesta de los gobiernos. Falta de previsión porque no es lógico, nadie pensaba que pudiera serlo, que la simple amenaza de Putin de cortar el suministro de gas provocara el estado de pánico que recorre Europa. Alguien nos ocultaba la verdad, porque creíamos que las sanciones económicas de Estados Unidos y de la Unión Europea harían tambalear la economía rusa y su capacidad bélica. Ha bastado un simple gesto de Putin para comprobar que los débiles éramos nosotros, que la capacidad de matar y destruir de Rusia no se ha resentido. Por el contrario, nosotros ya estamos temblando por el frío que los políticos nos auguran para un invierno sin gas después de un abrasador verano.
Los acontecimientos últimos también han revelado que los gobiernos de Europa alardeaban de una fortaleza en la lucha contra el cambio climático que se ha demostrado débil. Una apuesta de farol. Resulta que la sustitución de las fuentes de energía contaminantes por renovables son compromisos de quienes no tienen capacidad para comprometer. Europa registra una dependencia dramática del gas que no tiene y la misma dependencia existe sobre la producción de placas fotovoltaicas. China acumula una cuota de producción de paneles solares del 80% del mercado mundial y se estima que pronto llegará al 95%. La Agencia Internacional de la Energía advierte que este monopolio del país asiático supone un riesgo de aprovisionamiento grave. Es decir, que nuestra cacareada transición energética será o no real supeditada al humor de los chinos.
Ya se sabe que los discursos son gratis y que la realidad tiene un precio. Alemania anuncia la reapertura de sus centrales de carbón. Una medida coyuntural, se supone que de recorrido temporal corto. En España fuimos más rápidos. Cerramos minas y destruimos térmicas a toque de silbato alemán. Unos pardillos.