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Jesús Guil Redondo

Más menos

Jesús Guil Redondo


Más Europa, y menos mandatarios, IV

04/01/2022

En el pasado me de junio, terminábamos el artículo sobre este tema diciendo que si Europa no encarna la justicia fiscal, los nacionalismos acabaran triunfando. Y en España sabemos bien lo que eso supone. Estos nacionalismos han tenido y siguen teniendo sus claros ejemplos y basan sus argumentos en ideas fáciles, demagógicas y populistas. Se trata de identificar a los culpables y así para los "trumpistas" (los seguidores de Trump), son los mejicanos, China y los aprovechados del resto del mundo que roban el fruto de su duro trabajo a la América blanca. Para los "brexitas" (los defensores del Brexit), son los polacos, la Unión Europea y todos los que atacan la grandeza británica. Y ambos grupos "trumpistas" y "brexitas" están añadiendo una nueva dosis de "dumping" fiscal y social a favor de los más ricos y los que tienen mayor movilidad social, lo que solo aumentara las desigualdades sociales y la frustración de los más desfavorecidos. Pues la libre circulación de capitales, bienes y servicios, sin una regulación colectiva, sin una política fiscal o social común, favorecerá sobre todo los más ricos y con mayor movilidad social y perjudicara a los más desfavorecidos y los más frágiles.
 Para los británicos del Brexit, la apuesta es sencilla: la actual globalización permite el libre comercio de bienes, servicios y capitales, manteniendo el control sobre el flujo de personas y todo ello sin contribuir a un presupuesto común. Eso sí, siguen diciendo que los gravísimos problemas que padecen en este momento no es consecuencia del Brexit. Cada uno se auto engaña como quiera. Los nacionalismos basan su mantra en cuestionar el movimiento de personas.
No podemos definir un proyecto político y un modelo de desarrollo simplemente confiando en el libre comercio, la competencia de todos contra todos y la disciplina del mercado. Pues este actual régimen de libre circulación de capitales favorece la evasión de multimillonarios y multinacionales de todo el mundo lo que provoca que las débiles administraciones tributarias de los países pobres y menos pobres puedan poner en marcha una fiscalidad justa y legitima.
 La forma de evitar todo esto es mediante un federalismo social, el libre comercio debe estar condicionado a la adopción de objetivos sociales vinculantes, que permitan a los agentes económicos más ricos y con mayor movilidad social contribuir a un modelo de desarrollo sostenible y equitativo.
Este federalismo debe de cuestionar el movimiento de capitales y la impunidad fiscal de los más ricos. Si queremos hacer un federalismo europeo, la zona euro necesita un gobierno económico con un presupuesto común, impuestos comunes, capacidad de endeudamiento e inversión que favorezca una estrategia de crecimiento y un modelo de desarrollo sostenible y equitativo. Y necesita urgentemente dotarse de los medios para emitir deuda común con un mismo tipo de interés. Para mutualizar el tipo de interés no mutualizar la deuda. No se trata de obligar a ciertos países a reembolsar la deuda de otros. La Unión Europea, ahora más que nunca, tiene que establecer una unión política y fiscal abierta a todos sus miembros pero sin que ninguno pueda bloquearla.