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Cocina medieval que es también muy actual

D.C
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El Museo de Ávila invita a jóvenes de entre 6 y 12 años a descubrir la gastronomía de las culturas cristiana, judía y musulmana que desde el medievo, tras fusionarse en muchos aspectos, ha llegado hasta nuestros días

El esperado y siempre agradecido programa de actividades formativas para escolares que cada año celebra en Navidad el Museo de Ávila, dependiente de la Junta de Castilla y León, tiene lugar esta semana de la mano de un taller titulado 'Olores y sabores en la cocina medieval', una invitación a conocer mejor una interesante parte de nuestro pasado que tiene más relación de que solemos pensar con el presente que, como es también costumbre, se realiza en el Palacio de Deanes a través de la teoría y la práctica para que la actividad sea más completa y motivadora.

Este taller, explicó Rosario Santamaría, comienza explicando a los 'alumnos' a grandes rasgos cómo era la cocina medieval en nuestra tierra, una época «de grandes hambrunas a causa de guerras, epidemias y malas cosechas» en la que solamente comían bien los poderosos, mientras que el pueblo llano pasaba muchas dificultades para poder llenar a diario su estómago.

En aquella época, siguió la explicación introductoria, «convivían en Ávila tres grandes culturas religiosas, la cristiana, la musulmana y la judía, definidas no solamente por sus rituales sino también por sus alimentos, unas comidas en principio diferentes pero que con el paso del tiempo fueron mezclándose para conformar la que es nuestra riquísima gastronomía actual».

De la gastronomía árabe destacaban especialmente sus postres muy azucarados, como el turrón; de la sefardí tuvo especial relevancia su adafina, lo que luego sería el contundente y delicioso cocido –comenzó siendo un plato preparado en un caldero la noche de los viernes para comerlo en la fiesta semanal del sabbat–; y la cristiana se caracterizaba por mucho tocino y asados, una cocina un poco menos refinada que la anterior.

conservación. De aquella época medieval, supieron los alumnos del taller, nos han llegado también hasta hoy alimentos como las albóndigas, las empanadillas, las empanadas y los quesos olorosos, un tiempo sin frigoríficos ni otros sistema de conservación de alimentos que obligaron a agudizar el ingenio y a practicar, para mantener los alimentos comestibles a pesar del paso del tiempo, sistemas como la curación (en el caso del cerdo), la salazón (para el pescado) o el escabechado (práctica sefardí).

Tras esa lección histórica centrada en la gastronomía, ofrecida de forma amena y divertida para su más fácil asimilación, los jóvenes pasaron a la parte práctica y olieron alimentos, hierbas aromáticas y especias –añadidos éstos que unas veces servían para conservar las comidas y otras para disimular los malos olores que podían coger–, para acabar el taller pasando a la 'cocina' y dedicándose a trabajar una masa madre para preparar en el horno allí instalado para la ocasión empanadillas y pan con higos que pudieron llevarse a casa.