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José Guillermo Buenadicha Sánchez

De la rabia y de la idea

José Guillermo Buenadicha Sánchez


Las otras procesiones

13/05/2022

Quizás recuerden que hace unas semanas les aburrí con mis desvaríos sobre las tradiciones. Uno de ustedes incluso me recomendó, con gran amabilidad, un libro, «La invención de la tradición», que he empezado a saborear. Servía de excusa a mi reflexión la Semana Santa y sus inevitables procesiones. Y tras la Pascua de Resurrección, en las siete semanas hasta Pentecostés asistimos a otras muchas ligadas a las romerías y fiestas de los distintos barrios abulenses. Las calles como protagonistas, plenas de ciudadanos actores o espectadores. Procesiones fervorosas o indiferentes, multitudinarias o recatadas, silentes o bulliciosas, ruidosas, abusadoramente pirotécnicas a veces. Peripatéticas formas de filosofía popular, reflexiones sobre la trascendencia y la existencia.
Pero como indica el libro, se inventan nuevas tradiciones. Hace 30 años, un jovencísimo club de atletismo local, Ecosport, organizaba la primera «Media Maratón Ciudad de Ávila». Eran buenos tiempos para el atletismo, crecía la afición, pero ligada a la juventud y con predominio masculino. Desde entonces la moda de las carreras populares ha eclosionado: la gente participa al margen de la edad, el sexo o incluso la condición física. Trota, corre, hace jogging, footing, running o mil anglicismos más; se mueve.
Pasado mañana recorrerá nuestras calles una nueva procesión, una nueva tradición que a buen seguro adquirirá en unos siglos otro significado y exégesis. No tiene nada que envidiar a las que hemos visto en la semana de Pasión: frente a los capirotes y las túnicas, ropa sintética plena de fosforitos colores. Las sandalias reemplazadas por playeras, como escuché a una señora llamarlas hace unos días, activándose un proustiano viaje a mi adolescencia. La mirada antes de la salida—del templo o de los Cuatro Postes— reconcentrada en lo que está por venir, el pulso acelerado, el sudor perlando las sienes. Meses, a veces años, de preparación y entrenamiento para poder acabar el recorrido. Una exposición e incluso expiación pública frente a la comunidad, que anima desde las aceras. Tanto valen el sonido de los pasos sincopados de cientos de corredores doblando la tapia de Santo Tomás para enfrentarse a la temida cuesta de la calle de la Luna como la «levantá» de un trono al toque de campana, los pitidos de los relojes con GPS o la música que se escapa de algunos auriculares —carreras con música, herejías hay en todos lados— como los sonidos de las cornetas y tambores, el olor a Reflex frente al de la cera derretida.
Disfruten el domingo, queridos tres lectores, de la serpiente multicolor que inundará nuestras calles —con los consabidos enfados por los cortes de tráfico— en una exhibición de fe que ofreceremos más de mil cofrades, gracias al esfuerzo de unos grandes organizadores y varios cientos de voluntarios. Alguien ganará, yo no, desde luego —bastante tendré este año con acabar—, pero algo sí que es seguro: por mucho que corra, se quedará muy lejos del récord del segmento final en la Avenida de Madrid frente al Lienzo Norte. Porque ahí es imposible superar a la Virgen de las Vacas al son del «Gato Montés», atleta do las haya. Claro que la llevan entre cuatro en volandas, ¡así cualquiera!