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Álvaro Mateos

El Valtravieso

Álvaro Mateos


Divide et impera

24/10/2022

Me preocupa enormemente el aumento de división y enfrentamiento que cada vez se da más en nuestra sociedad. A lo largo de los años, nos hemos definido como hijos de la Transición y herederos del espíritu de la Constitución de 1978, valores que últimamente parecen edificarse en barro, ya que nuestros gobernantes se empeñan en tirar de espejo retrovisor. Es poner un informativo a mediodía y observar cómo algunos siguen empeñados en fomentar la división: rojos frente a azules; comunidades autónomas versus Estado; clases medias contra todo lo demás; sanidad pública ante la privada; colegios públicos frente a privados y concertados; castellanohablantes frente a catalanoparlantes, ecologistas contra el resto; católicos frente a nada de nada y resto de religiones,… ultrafeministas frente al sentido común de la igualdad y la convivencia y un largo etcétera, todo con un inmenso denominador común del «divide y vencerás».  
Ya he contado en alguna ocasión cómo siendo periodista en Ávila, ante la sequía que mantenía completamente vacío el embalse del Burguillo, escuchaba a los alcaldes de la zona protestar por el envío de agua del Alberche a los regadíos de Castilla-La Mancha. Meses más tarde, ya instalado en Toledo, comprobé cómo los dirigentes de la Junta han hecho bandera de la lucha contra el trasvase Tajo Segura, pese a que es su mismo partido quien gobierna y el que semana tras semana permite que se abra el grifo. Pero no, no se equivoquen: lejos de resolver el problema, de alcanzar grandes pactos de Estado como lo pudo ser el Plan Hidrológico Nacional, «nos conviene que haya tensión», que ya empleó cierto presidente del Gobierno. 
Y lamentablemente esto es así con muchos otros aspectos: cuando se hace más necesario que nunca un pacto de rentas, dada la situación económica del país, es más fácil enfrentar a los sindicatos con los empresarios, antes que sentarse con ambos. Otro tanto, con las medidas de reducción energética: mejor dejar fuera de cualquier margen de ahorro a la clase media, ya en peligro de extinción, y arremeter contra los grandes patrimonios. 
Lo mismo sucede con la sanidad pública, de la que todos pretenden sacar bandera y, cuando llega la hora de la verdad, si no se destinan los recursos necesarios, todos (rojos, azules y mediopensionistas) se ven obligados a que sea la privada quien eche una mano, en listas de espera, pruebas de laboratorio y quirófanos no urgentes. 
Pero lo dicho: mejor enfrentar, antes que resolver problemas acuciantes. En medio de la que se avecina como la peor crisis económica y energética (porque aún no ha llegado del todo), nos metemos de lleno en debates para ser los más «avanzados» en la llamada Ley Trans, que bien merecería amplios consensos y debates serenos para hacer frente a la realidad. 
Y llega el apartado de la Memoria democrática, el «comodín de Franco», y ocurre lo que siembran con todo, con los peores compañeros de viaje, una enorme división que hace volar por los aires la famosa frase grabada sobre la tumba del presidente Suárez: «La concordia fue posible». Los impulsores de estas leyes revisionistas parecen empeñados en el pretérito, cuando lo que deberían es mantener el entendimiento y la convivencia. Algún día aprenderemos la lección, de momento, seguimos enredados en pelearnos con el vecino e ignorando la historia con el peligro de que, si la olvidamos, como dejó escrito otro abulense, estaremos condenados a repetirla.