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José Ramón García Hernández

Una vez más

José Ramón García Hernández


Un abulense en el Polo Norte

09/10/2022

Me asegura el director del Diario de Ávila que no soy el primer abulense que va a visitar el área del Polo Norte, pero no consigue explicarse, como si no hubiéramos pasado frío suficiente en nuestra infancia, que podamos repetir semejante aventura. El otro parece ser un científico de San Miguel de Serrezuela y ahora servidor de ustedes, en la vieja formulación clásica, que Dios mediante, irá a las Islas Svalbard, en una misión propuesta por el gobierno noruego la semana que entra. 
Lo importante de lo que cuento siempre con metáfora, y tenía varios títulos para este artículo como la Sociedad de los Hombres Buenos, es que tendrá que esperar unas semanas, y es que les tengo que confesar que en una de esas conversaciones que te marcan de joven, con una de esas personas que de verdad te marcan de joven, como era el Padre Jesús Barrena me dijo «a veces quieres comerte el mundo, pero a medida que vas creciendo incluso pierdes apetito, y otras veces intentas que el mundo no te coma a ti».
Y como ya no soy el mismo joven que paseaba por Zurraquín y el Mercado Chico para ir a visitar al Cristo de las Batallas, pues estoy experimentando mucho de lo que me anticipó el inteligentísimo formador de personas que era Jesús Barrena. Y entonces descubres que la vida no descansa nunca y que no puedes simplemente quedarte esperando a que sucedan las cosas. Y a veces, ves con normalidad que los límites en los que vivías se expanden, y te llevan todavía más al Norte.
Y esa es la verdadera metáfora que estoy experimentando cuando vitalmente puedes ponerte delante de un poste de direcciones y kilómetros en los que parecen que el letrero hacia el futuro tiene casi los mismos kilómetros que el letrero hacia el pasado, y te entra la tentación de desandar el camino para encontrarte con muchos recuerdos, o de nuevo aceptas el reto de encarar el futuro.  En una época de nuestra vida donde nos llevan de la mano, mucho más que decidir a dónde vamos; aunque en todos los libros de autoayuda engañosa parezca al contrario, y que con la experiencia, las decepciones, y las gratitudes, podríamos elegir más que aceptar. 
Yo me encuentro casi al revés, me divierte y me completa mucho más decir que sí a lo que me proponen con entusiasmo y energía, antes que decir, que «ir pa ná…» que creo es lo peor que a mí y a algunos que respiran por las mismas branquias que las mías les podría pasar. Por eso alguna decisión que he visto estas semanas tomadas con valentía por algunos marineros abulenses, me parecen siempre dignas de mención y de admiración. Por eso, simplemente por la valentía y por saber que cualquier día, aunque no lo tengas pensado, empiezas «otro viaje» del que nada sospechamos.
A mi, las personalidades noruegas me han prevenido que no me separe del grupo de autoridades que conformamos el viaje, que los osos polares son auténticos depredadores y allí campan a sus anchas. Vamos a pasar un poco de frío y me dicen que lleve traje, pero las botas para el hielo y la nieve. Me van a montar en un barco en el que me han prometido que no se marea nadie, pero cuando prometen que algo que es verosímil que no va a pasar me resisto a pensar que no pase. Llevaré mi boina abulense que no cubre las orejas para prestar atención de verdad a todo lo que ocurra y no me dejaré seducir por la promesa de ver auroras boreales en la noche polar, porque a estas alturas ya sé que, por las noches, todos los sentidos parecen ver más de discernir. 
En definitiva, esta semana vuelvo a emprender un viaje real y metafórico que hará que no seamos mayoría absoluta los abulenses que hemos vislumbrado el Polo Norte. Lo que nos salva a los dos, es que no ha sido por ocio, sino por oficio, con lo que nadie nos podrá tachar de modernos quijotes abulenses que simplemente abandonan la cordura de su dulce sopa por una tentación de ampliar los límites de la vida que todos vivimos, y que se parece tanto en nuestros desafíos comunes aunque se vista de forma diferente.