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Álvaro Mateos

El Valtravieso

Álvaro Mateos


La Pascua y la vida cristiana

18/04/2022

Esta pasada Semana Santa saltó la polémica cuando una cadena de comida rápida se sirvió del «Tomad y comed» pronunciado por Jesús en la última cena, y repetido cada vez que se celebra la Eucaristía, para publicitar las hamburguesas que no llevan carne y llegar así al público sevillano. Las reacciones iniciales en medios sociales resultaron furibundas, comentando que siempre se ataca al Cristianismo y que con otras religiones no se atreverían. 
Tras pensarlo, me encontré con una reflexión de mi profesor Isidro Catela, quien concluía de una forma positiva que «no saben vivir sin Dios». Planteando la vida de esta manera te llevas muchos menos disgustos; ofreces una visión tolerante, poniendo la otra mejilla y compruebas que hay mucha sed de Dios en el mundo. Y esto es así, lo diga quien lo diga: Occidente no se entiende sin la cruz y la derrota del sepulcro. San Pablo coloca a Cristo en el centro de los esquemas griego y romano y toda nuestra cultura y tradición hunde sus raíces en el Cristianismo. 
Este planteamiento, en medio de la Pascua que abre la Resurrección, invita a descubrir un mundo en el que quedan muchos complejos por parte de quienes quieren atacar a lo religioso solo por el ánimo de ofender. El Evangelio de Vida y redención abarca mucho más que mensajes trasnochados al estilo de que cualquier religión es el opio del pueblo. Cuando los no creyentes se acercan al mundo religioso libres de prejuicios y con ánimo constructivo, pueden resultar de una gran ayuda, e incluso abrirnos los ojos ante una Iglesia que demasiadas veces se cierra en sí misma y se centra más en la forma que en el fondo. 
Jesucristo, que nos llama a superar divisiones y enfrentamientos, a denunciar abusos y establecer el perdón como esquema de vida, nos resume en las Bienaventuranzas cómo afrontar cualquier situación y así lo lleva proclamando Francisco desde el primer minuto de su pontificado. Este fin de semana, Manuel Mandianes escribía en El Mundo que la diferencia entre un cristiano y alguien que no lo es no está en ver cosas diferentes en los mismos hechos, sino en el significado que le podemos dar al mismo acontecimiento, en la intención adherente, en el sistema acoplado a cada suceso.
Solo por eso merece la pena ser cristiano, afrontando la vida de cara, pero no con cara de vinagre y olor a naftalina de templo viejo, sino el que va mostrando a los demás el reflejo de la Vida en estado puro. Porque ataques a nuestra religión y forma de vida seguirán, también porque la propia Iglesia ha sido muy cerrada y permisiva con ciertos comportamientos, acomplejada y acomodada ante quien la trataba bien. Esta es la hora de lo auténtico, de la Vida y la verdad: ¡Feliz Pascua de Resurrección!