Una edición complicada pero muy gratificante

A.S.G.
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El Campus Ávila 2020, que organizan de manera conjunta el Club Baloncesto Pizarro y el Óbila CB llega a su conclusión. «Sacarlo adelante ha sido un logro»

Una edición complicada pero muy gratificante

El Campus Ávila 2020 cerró una nueva edición, diferente a todas, complicada, extraña pero con un gran sabor de boca. «Si uno pone empeño por muchas dificultades que surjan se puede conseguir» comentaba Fernando Jiménez, director técnico de una actividad que sigue apostando por el baloncesto, por el Óbila y especialmente por Ávila para su celebración. Seguirá haciéndolo en 2021 con la esperanza de que la ‘nueva normalidad’ deje paso a una realidad mucho más amable para la organización de este tipo de actividades. «Sabemos que muchos campus de estas características se han cancelado, pero con mucho esfuerzo la hemos podido sacar adelante» comentaba Fernando Jiménez en una edición que no sólo ha visto reducida drásticamente su participación –de los 159, récord de todas las ediciones, en 2019 a los 50 de este año– sino en las propias actividades. «La normativa nos ha obligado a acondicionar las actividades» explicaban en una semana de mascarillas, distancias, toma de temperatura, geles hidroalcohólicos pero no por ello menos juegos, actividades y mucho baloncesto.
«Decir Óbila y ClubBaloncesto Pizarro en este campus es decir lo mismo» apuntaba Mauri Velayos, responsable desde el club verderón en un campus que sigue estrechando lazos de amistad y colaboración con el club madrileño. «Ha sido un año muy diferente a otros pero sacarlo ha sido todo un logro» explicaba Mauri por su parte. «Estamos contentos de haberlo podido poner en marcha.Hay que tratar de seguir haciendo cosas» apuntaba en una actividad que en su apertura se presentaba como un premio para los chavales, «que han estado confinados estos meses, que han visto cómo sus competiciones quedaban paralizadas» se decía entonces. Una semana después todos los chicos y chicas se marchaban satisfechos por la experiencia.
Una despedida que se hacía desde la que ha sido su casa, la nueva Residencia Juvenil Arturo Duperier y a la que se hacía entrega de una placa, en la persona de Mario Pérez Antolín, su director, en agradecimiento a la labor de todos sus trabajadores.