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Editorial

El envejecimiento pone en peligro el sistema de pensiones

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La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) incide, en su informe anual sobre las pensiones presentado ayer en París, en los peligros del envejecimiento si los estados no adoptan las medidas que permitan un sistema sostenible. En concreto, el organismo internacional alerta de que el incremento en la esperanza de vida supone ya importantes retos para los países desarrollados con 'soluciones políticas dolorosas', que básicamente pasan por recortar las rentas de los pensionistas, trabajar más años antes de la jubilación o cotizar más al sistema durante la vida laboral. Todas las opciones son difíciles e injustas, pero hay que afrontar el desafío y tomar decisiones que garanticen el futuro y la sostenibilidad de este modelo público.

Aunque el reto del envejecimiento es universal, especialmente en los países occidentales, la OCDE da un varapalo a la política emprendida por el actual Gobierno español sobre las pensiones. La reforma recién aprobada por el Congreso, que deroga la que lideró Mariano Rajoy en el año 2013, carece de mecanismos y soluciones que permitan albergar esperanzas sobre un cambio de tendencia en la línea que lleva a la 'quiebra' en los próximos años. La OCDE insiste en los riesgos que penden sobre la sostenibilidad financiera del sistema español de pensiones, de sobra conocidos por nuestros gobernantes, y avisa de que en España las condiciones para la jubilación son muy 'laxas' si se compara con el resto de potencias económicas mundiales. Los agentes sociales no quieren ni oir hablar de ello y los responsables políticos no se atreven a poner el cascabel al gato mientras se tengan que enfrentar luego a las urnas. Sin embargo, los datos son elocuentes: mientras que en 2027, un trabajador se puede retirar a los 65 años con una pensión completa si ha cotizado 38,5 años, en Francia hacen falta 43 años cotizados y en Alemania son necesarios 45 años. 

En la mayoría de países se tiene en cuenta toda la vida laboral y existen mecanismos de revalorización de las pensiones o factores de sostenibilidad… los argumentos son muchos y todos ellos evidentes, aunque no se quieran reconocer o no convenga darlos por buenos, ya que ello supondría tener que adoptar medidas impopulares, en algunos casos, que a corto plazo pueden poner en la picota a quienes se atrevan a afrontar este grave problema. El envejecimiento que tiene tanto de esperanza y de éxito para una sociedad que amplía la vida a sus mayores cuenta con inconvenientes a los que no conviene cerrar los ojos. La mortalidad producida por la covid-19, especialmente entre las personas mayores, apenas tendrá incidencia para el sistema de pensiones, por lo que solo queda apelar a la valentía y responsabilidad de una clase política que es elegida por los ciudadanos para que ofrezcan soluciones a los problemas reales.