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Carlos Amigo: «La Iglesia no está preocupada por el aplauso»

Isabel Camarero
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El arzobispo emérito de Sevilla fue el protagonista del Sermón de las siete palabras que acogió el templo de San Ignacio de Loyola, una extensa reflexión cargada de esperanza

Sermón de las Siete Palabras. - Foto: David Castro

Mucha expectación hubo el Viernes Santo en torno al ‘Sermón de las Siete Palabras’ que acogió la pequeña iglesia abulense de San Ignacio de Loyola. En esta ocasión de reflexionar sobre las últimas palabras de Cristo en la cruz se encargó el arzobispo emérito de Sevilla, Carlos Amigo.  Fueron muchos los momentos que dejó Amigo para la reflexión en el recorrido por esas últimas palabras de Cristo empezando por las de sobra conocidas «Padre perdónales porque no saben lo que hacen» y siguiendo por «Hoy estarás conmigo en el paraíso»; «Mujer, aquí tienes a tu hijo», «Dios mío, ¿por qué me has abandonado?», «Tengo sed», «Todo está cumplido» y «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu».

Reflexionó evidentemente sobre el Cristianismo, sobre la Iglesia en sí misma, la iglesia «como madre» decía casi al final de la intervención. Una iglesia que acoge a todos en su seno: «No hay marginación ni enfermedad donde la iglesia no quiera estar» manifestó aunque fue mucho más llamativa la frase para leer entre líneas: «La iglesia no está preocupada por el aplauso, y sí por la fidelidad al mensaje de Cristo». Recordaba la labor eclesial especialmente con los pobres y al mismo tiempo reconocía que «en ningún modo queremos presumir a costa de los pobres».

No dudó en hablar de justicia, de perdón o de caridad. Aseguró que la justicia y la caridad «son complementarias» y en un guiño al nuevo Papa Francisco afirmó versando las palabras de éste «Se puede y se debe perdonar, pero no renunciar a la justicia porque las víctimas tienen sus derechos». Lo hacía al recordar el: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen». «El perdón no humilla, enaltece» o «la justicia no es venganza sino el reconocimiento de un derecho».

Enmarcado en la ciudad amurallada por supuesto hubo guiños a Ávila a la forma especial de vivir el Cristianismo aquí porque «es una forma de vivir»;Santa Teresa también se hizo hueco en el discurso, no era para menos estando en su tierra. Extenso en su sermón comenzó diciendo: «Siete palabras que son fuente de un solo manantial, que son voz». Son palabras que «no sólo hacen pensar pues son palabras de esperanza» y palabras que «son luz porque vienen de quien es la fuente y el origen de la luz, luz que si faltara caminaríamos en tinieblas». En definitiva un mensaje esperanzador y que recordaba a Cristo como el hombre que comparte y «leal a Dios hasta el fin».

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