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Álvaro Mateos

El Valtravieso

Álvaro Mateos


Bullying, insultos e intimidación en los medios

07/02/2022

Hace unos días, publicaba en estas páginas un artículo sobre el daño que algunas campañas en torno a la carne y el supuesto maltrato a los animales podían hacer respecto al volumen de producción, tratándose Castilla y León y, Ávila, en concreto, de territorios donde el sector primario tiene una importancia clave.
Fue entonces cuando utilicé la palabra «monigote», de unas declaraciones de Mª del Camino Limia, presidenta de la Asociación de Ganadería Mundial Sostenible, y algún lector malinterpretó, pensando que se trataba de un insulto al excelentísimo señor ministro de Consumo. Aunque no eran mis expresiones, es cierto que la utilicé en un titular y quise acudir al Diccionario de la Real Academia Española a comprobar la importancia del agravio, topándome con que la señora ganadera tildaba a Garzón de persona ignorante y ruda, de ninguna representación, sin carácter, que se deja manejar por otros, y ateniéndonos al sufijo despectivo ote, podría recordar al lego de una religión, como si nos refiriésemos a un monago.
Es cierto que el insulto se ha convertido en una estrategia de ataque que a quien lo profiere le hace perder la razón, puesto que queda retratado y sin argumentos; si así fuera, en mi caso, cuando dediqué una columna entera a describir la falsedad del video del ministro comunista (es diputado por IU), que era tildado como «monigote» por la ganadera al no demostrar sus aseveraciones, pido setenta veces siete perdón.
Por cierto, recuerdo haber empleado conscientemente una expresión que en el fondo era un insulto con el que estaba de acuerdo de su antecesor en el cargo, Julio Anguita, cuando definió a ETA como «jauría de hijos de perra», pero creo que la definición era bastante gráfica.  
Este mismo perdón me gustaría escuchar a derechas e izquierdas a quienes lideran la opinión y estos tres últimos días han cebado sus odios en contra del diputado Alberto Casero, quien por error en su voto permitió que saliera adelante la contrarreforma laboral de Sánchez y Díaz, gracias también a la actitud negligente de la presidenta del Congreso, incumpliendo el reglamento. El diputado no fue hábil, no. … pero no por eso merece la descarga der odio que ha vivido.
Y es que estamos hablando de auténtico bullying, de una intimidación tal, que deja a las personas indefensas, a soportar ataques por tierra, mar y aire en redes sociales, insultos por su físico y tendencia sexual, y aquí no ha salido nadie a defender.
Otro tanto sucedió en Twitter con una periodista de Antena 3TV, Elena Salamanca, cuando comparó a Pablo Iglesias, «que ha perdido todas las elecciones a las que se ha presentado y se fabrica sus propios 'medios de comunicación'... ... dando lecciones de periodismo y de tendenciosidad -en el diario GARA- a un señor como Vicente Vallés». No pueden imaginarse la que le cayó: comentarios de todo tipo, siendo mujer y periodista, insultos que no sería capaz de reproducir y a la que mando mi solidaridad desde aquí.  
Lástima de asociaciones de prensa que no salen a arropar por igual a unos y otros, sindicatos con intereses que solo arropan determinadas tendencias, lenguaraces que según de dónde venga el insulto dicen o callan. Este es nuestro país, estos son nuestros medios, y esta nuestra deontología. En mi caso, insisto en pedir perdón si pudiera haber ofendido y mando un abrazo, que siempre se produce cuando se cierra el periódico, a mi vecino de columna de la página 2.