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«Llevo 51 años en Disco 70 y se me han pasado volando"

I.Camarero Jiménez
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M. del Rosario López, Charo, estaba opositando hace más de medio siglo cuando la oportunidad de trabajar en Disco 70, uno de los referentes del comercio de Ávila y que estaba a punto de abrir sus puertas, se le puso por delante. Supo aprovecharlo

«Llevo 51 años en Disco 70 y se me han pasado volando" - Foto: Isabel García

María del Rosario López Holgado (Cabezas de Alambre) se topó en 1970 con la que sería su gran oportunidad, su modo de vida y su pasión. Estaba opositando con la intención de entrar en el Insalud, estudió mecanografía y taquigrafía, aprendió costura (porque su madre es modista y sencillamente le apetecía aprender a coser)... Por un primo suyo se enteró de que estaban a punto de abrir una tienda pionera en la calle Ferreol Hernández, ya saben paralela a la calle Estrada. Disco 70 fue el nombre elegido (ya que se inauguró un 23 de septiembre de 1970) para emprender por el propietario, José Luis de Juan, y ella sencillamente encajaba para trabajar allí. 

Su madre puso en el grito en el cielo, pero su padre le animó: «Si quieres probar, no hay problema» y ella tiró para adelante. Y  bien que hizo porque hoy Disco 70 es una de las firmas más longevas de la ciudad. 51 años tiene ya en su haber y allí ha estado siempreMaría del Rosario, Charo. Hoy queda una única sede de un negocio que dio para mucho, que creció, que evolucionó con las tendencias de la época y que llegó a tener en su mejor época hasta 30 empleados. Fueron los primeros en vender vinilos, LPs, EPs, cassettes, hasta teléfonos, videojuegos, grabadoras.. Todo un referente.

Los inicios por supuesto fueron difíciles, además reconoce que «nadie en mi familia hasta entonces había sido dependiente en tienda». Comenzó haciendo de todo: por supuesto vender, pero también contabilidad.  Han pasado más de 50 años y parece que hablamos del paleolítico, reconoce porque recuerda que «para vender una simple calculadora echaba más de media hora enseñando el manejo al comprador». Sin duda eran otros tiempos, otros en los que ella, ni con mucho, dominaba el inglés pero se las apañaba para enterarse de lo que ponía en las instrucciones de los aparatos que vendía, sobre todo los electrónicos, para después poder explicárselo a un cliente que tiene en alta estima y al que está tremendamente agradecida. 

¿Qué es lo primero que se le viene a la cabeza sobre Ávila?

Murallas, arte, belleza, luz, serenidad.

¿Qué es lo que más le gusta de Ávila?

Su gente, la paz y tranquilidad que se respira.

¿Y lo que menos?

El conformismo que tenemos en Ávila, la ciudad es una joya que habría que promocionar y aprovechar más.

Un lugar para perderse.

Casi toda La Moraña: Cabezas de Alambre, Arévalo...

Un recuerdo de su infancia.

Mis padres, mi hermano, los amigos, la libertad para jugar en la calle... sobre todo, felicidad.

Un personaje abulense que le haya marcado.

Santa Teresa, como mujer excepcional y adelantada a su tiempo. Adolfo Suárez, que conocí por ser cliente de la tienda y al que tenía gran aprecio.

El mayor cambio que necesita Ávila es...

Más trabajo, es triste que la mayoría de los jóvenes tengan que irse.

El centro de la ciudad debería cuidarse más: aunque sea muy importante no puede quedar sólo para el turismo, tienen que garantizarse todas las comodidades para los que lo habitan a diario.

Y Ávila tiene que mantener...

El maravilloso entorno que tenemos, la alegría y la formalidad de su gente.

¿Cómo ve Ávila y su provincia en el futuro?

Si todos trabajamos con ilusión, el futuro puede ser bueno. Pero hay que cuidar las empresas que tenemos y ayudar a establecer nuevas, que la gente tenga opciones reales de poderse quedar aquí.

¿Qué puede aportar a Ávila y su provincia?

La ilusión con la que llevo trabajando desde hace cincuenta años, apostando siempre por Ávila y reinvirtiendo en ella, creando puestos de trabajo y fijando población.